El legado histórico del Presidente Allende
A 53 del fatídico golpe militar en contra del Presidente Salvador Allende, se le recuerda en el mundo como un destacado estadista fiel a sus principios y leal hasta el fin con las justas causas del pueblo. Y, que cumplió su palabra de que bajo su gobierno todas las creencias religiosas tendrían plena libertad para su misión esencial cual es la evangelización a la luz de las enseñanzas de Jesús. En cambio, el dictador Pinochet y su banda criminal están señalados en el mundo como unos traidores genocidas y responsables de las gravísimas violaciones a los derechos humanos ocurridas dentro y fuera de Chile en esos oscuros 17 años. También, cargarán para siempre con el peso criminal por las torturas y asesinato de los sacerdotes-misioneros: Juan Alsina, Miguel Woodward, Gerardo Poblete sdb, Antonio Llidó, Omar Venturelli y André Jarlan. (Nota de la Redacción).
El 11 de septiembre de 1973 llovía tenuemente sobre Santiago de Chile. El agua, ajena a las incidencias que se estaban viviendo dramáticamente, caía sobre los árboles como queriendo anticipar el mensaje profético del Presidente Salvador Allende: ‘Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor…’.
La personalidad política y humana de Allende ha conseguido una dimensión universal. No ha sido necesario rescatar la historia, el paso del tiempo ha engrandecido la persona y el legado histórico del Presidente, su memoria vive en el corazón de todos los ciudadanos del mundo que aceptan y confían a los valores superiores de la libertad, la dignidad humana y la justicia social.
La tumba del Presidente Allende será siempre un lugar de encuentro para todas las personas que hacen de su vida un compromiso con las convicciones éticas más profundas del ser humano. Las visitas se suceden sin descanso y, haga frío o calor, siempre habrá una flor abierta que nos recuerde su ejemplo de vida y su comportamiento ético como patrimonio para las nuevas generaciones.
Y, los que utilizando la fuerza bruta que desgarraron el corazón de la patria llenándola de sangre, dolor e iniquidad, no podrán descansar rodeados de la comprensión ni siquiera de aquellos que se beneficiaron de su irrupción violenta en la escena política democrática. Sólo los que anidan en su espíritu el odio, la intolerancia, el terror y la insolidaridad pueden sentir deseos de visitar la tumba de un dictador genocida.
Las ideas que tenazmente impulsó desde su liderazgo político no se proyectaron exclusivamente sobre el pueblo chileno, su compromiso con la solidaridad entre los ciudadanos del mundo se ha propagado y diseminado entre las conciencias de los que tienen como pauta de comportamiento el diálogo, la defensa y promoción de los derechos humanos, de los que la justicia social es un componente inseparable.
Salvador Allende permaneció siempre fuertemente vinculado y arraigado a su pueblo. Cuando las fuerzas desatadas de la reacción bombardeaban los medios de comunicación, el Presidente Constitucional tuvo la gallardía y la lucidez suficiente para enviar un mensaje imperecedero a los trabajadores, y al mismo tiempo, a la conciencia universal. Colocado en un tránsito histórico nos decía: ‘Pagaré con mi vida la lealtad al pueblo’ y anunciaba su certeza en que ‘la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser sesgada definitivamente. Tienen la fuerza y podrán avasallarnos, pero no se detiene los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos’.
José Martín Pallín – La Coruña
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