|Viernes, Diciembre 3, 2021
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La Araucanía en duelo 

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En Memoria del joven Mapuche, Camilo Catrillanca, asesinado por la espalda a manos de un Carabinero en  La Araucanía (ndr).

La región sigue padeciendo una seguidilla de conflictos  a pesar que las autoridades de gobierno afirmaron haber tomado  las medidas para superar los conflictos.  La muerte de un joven Comunero mapuche desencadenó  recientemente  unas manifestaciones que revelan el auge del malestar indígena. ¿A quién aprovecha esta muerte? ¿Fue sicario? ¿Fue desborde de un estúpido conflicto? ¿Apaciguará o exacerbarán los ánimos? ¿Qué paz se puede lograr en la Araucanía?

La  elaboración de un  “Acuerdo Nacional por el desarrollo y la Paz en la Araucanía” que se compone de 491 proyectos del Ministerio de desarrollo social  fue publicada fin de septiembre pasado, enseguida  fue desautorizado por muchos sectores por ser elaborado sin la suficiente participación  y  los últimos acontecimientos no  le auguran gran éxito a este plan para la Araucanía.

Inicialmente se puede discernir  dos desaciertos en las políticas en curso. La primera es la duda que existe respecto a la nueva reacción policial llamada por muchos como la “militarización”  de la Araucanía. El comando “jungla” dio muy mala impresión con olores a represión. La inversión en nuevas tecnologías podía hacer creer en un mejor control de los actos delictuales en la zona pero los últimos conflictos  se inscriben en la lista de más muertes, más desinformación, más provocaciones y menos paz en la zona.

La otra movida política se realizó en margen de los proyectos anunciados. El Gobierno buscó  buscar  apoyo de grupos religiosos específicos para incidir en la “pacificación” de la Araucanía. Quiere utilizar el apoyo de predicadores para  disfrazar de pacifica una política de otra calaña. El lema de gobierno al respecto es muy confuso, dice: “Sin dialogo no hay acuerdos, sin acuerdos no hay paz y sin paz no hay desarrollo”.

¿Qué es el dialogo sino el hablar y escuchar de todos?  Pero no puede haber dialogo sin autentica participación, el dialogo se queda en palabras y más palabras. Además la política de los acuerdos será siempre  ocasional y parcial. La política de “participación” es, ella, más  consistente y  tiene futuro. Lo más equivocado del predicamento del presidente  es de hacer de la Paz un medio para un  fin que dice ser  el  “desarrollo” cuando justamente de ese “desarrollo” que  se debe dialogar.  Para  algunos la paz no se puede lograr sino  por el control autoritario de todo desorden. Para otros,  al otro extremo  que  es la anarquía, la sola manera de dejar la sociedad en paz es  liberarla de los todos los poderes institucionales que la aplastan.  El problema es que  cuando alguien habla de Paz, habla a menudo de la Paz a su manera, habla de su propia “su Paz” y no de la Paz como Bien común de todos.

Pasa lo mismo con las ideas de la “non violencia·”. Se declara rechazar la violencia “de cualquier lado” que provenga. Sin embargo, debemos reconocer que se  acusa fácilmente a los otros  de violencia y   bien pocas veces  se reconoce las culpabilidades compartidas de esta violencia. Menos se refiere al “ahimsa” de Gandhi  que es esta fuerza personal capaz de disolver  los conflictos humanos.

Estamos  más lejos todavía del “Shalom” hebreo de la Biblia que es mucho más que soñar a la prosperidad o a una felicidad regalada. La Paz de los antiguos de la Biblia es una vida bien lograda, es la felicidad de un pueblo bien relacionado con su Dios, la Paz es  lo que se espera del poder de Dios…Dice el salmista (85 ) : “ Voy a escuchar de qué habla Dios” … Sí, Yahvé  habla de Paz para su pueblo y para sus amigos,  con tal que a su torpeza no retornen  …Amor y Verdad se dan cita , Justicia y Paz se abrazan; la Verdad brotará de la tierra, y de los cielos se asomará la Justicia.

¿Que será la Paz que anhelamos los cristianos? Una paz litúrgica que el sacerdote desea a los feligreses en la misa y que nos deseamos dándonos ritualmente la mano? ¿Será la paz como el apaciguamiento de las penas y de las rabias? ¿Será la misma paz como cuando decimos “déjeme en paz”?. ¿A caso, reservamos  la Paz para los hombres de buena voluntad? ¿Será en definitiva la paz de las tumbas, una esperanza para el más allá?

Nuestro mundo es excesivamente violento. Nos emocionan las numerosas guerras y conflictos que ocurren por todas partes del mundo. Nos emocionan las victimas de violencias domésticas, los femicidios, las violaciones,  los homicidios, los asaltos, también las víctimas de los accidentes carreteros, las guerras, las represiones… Es bueno que la televisión nos acerque a todo este mundo miserable para hacer el canje de toda la propaganda que nos distrae con la ilusión de un mundo de fantasía.

El teólogo Jurgen Moltmann describe nuestra situación diciendo que estamos  “encerrados en los círculos diabólicos de nuestra destrucción “, identifica los círculos viciosos de la pobreza y de la explotación, el círculo de la violencia y de la opresión, el círculo de la alienación racial y cultural y el círculo diabólico de la destrucción de la naturaleza. Frente a esto, el mensaje del evangelio se actualiza magistralmente,  Cristo se levanta como nuestro libertador en medio de todas tantas desilusiones.

Jesús nos tiene palabras sorprendentes  acerca de la Paz, dijo por ejemplo : “ No creen que he venido aquí a dar paz a la tierra…”(Luca 12,54) o  esto “¿Piensen que estos galileos eran más pecadores  porque han padecido estas cosas?…( Lucas 13, 1ss)  y también dijo a sus discípulos : “ Les dejo mi paz, mi paz les dejo, no les doy como la da el mundo …(Juan 14,27)

Buscar la Paz para sí mismo o para los suyos  es una gran ilusión. La Paz verdadera es una esperanza activa y compartida para todos los hombres, para la tierra entera.  La venida de Cristo a la tierra es una insurrección divina  para desarmar  los círculos viciosos de  la pobreza, de las opresiones, las violencias, las marginaciones, los derroches y las destrucciones de la naturaleza.  Jesús  no vino establecer una Paz milagrosa en la tierra  tampoco prometernos una Paz eterna más allá, vino a enseñarnos el camino arduo de la Paz, un camino con implicaciones personales pero implicaciones también políticas y sociales, “Felices los que trabajan (sic) por la Paz porque de ellos es el Reino de los cielos”(Mat.5,10). Jesús dio su vida para que nos manifestemos  hijos de Dios en la misma obra de pacificación del mundo.

Habitualmente consideramos la Paz como una ausencia de violencias, de amenazas,  la pensamos como  un alto en las agresiones y opresiones, unos “ceses de fuego”,  unos armisticios repetitivos,  esto es  la paz como puede darla el mundo, lo dijo Jesús. Pero la Paz como deben entenderla sus discípulos es una humanidad reconciliada por la Justicia y la Verdad, la Paz es un pueblo de Dios que desarticula los juegos  macabros de los particularismos y de las rivalidades.

¿Cuál es el papel de la Iglesia o de las iglesias en esta perspectiva de la Paz cristiana?

La perspectiva que nos da la crisis de la Iglesia católica al respecto es significativa. Trabajar para la paz en la Iglesia  es  desarticular los excesos del autoritarismo, los vicios del clericalismo y  esa fijación institucional en tradiciones obsoletos. Este círculo vicioso del catolicismo  ha lanzado la población europea en el  círculo  demoníaco del ateísmo y del  agnosticismo. Se perdieron ya generaciones enteras de cristianos en Europa y en el futuro próximo en América Latina, muchos cristianos perderán perderá su fe y su esperanza de la misma manera si no se denuncia las corrupciones y no se corrige estos yerros.

Otro gran desafío de nuestro mundo hiper tecnificado es la urgencia de  superar las estúpidas divisiones y  los particularismos. No es la ciencia ni la tecnología que pueden dar un futuro de Paz a la humanidad. Sola la esperanza cristiana puede orientar  el futuro de la Humanidad e incentivar  a todos los hombres a trabajar por la Paz definitiva que no es otra que el Reino de Dios.   

Paul Buchet

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”.

 

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