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Jugada maestra del Papa Francisco 

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Recientemente se ha conocido la noticia de que el Papa Francisco nombró arzobispo de Nápoles al obispo Domenico Battaglia, de 57 años, trasladándolo de la Diócesis de Cerreto Sannita-Telese-Sant’Agata de’ Goti. Esta importante designación tomó por sorpresa a la mayoría de la Curia vaticana y puede tener un enorme impacto cuando se llame a un nuevo Cónclave.

El perfil de Monseñor Domenico Battaglia responde  bien a los criterios a partir de los cuales el Papa Francisco elige a sus obispos: ‘sacerdote de la calle’ que lo demostró siendo,ex presidente de la Federación nacional de comunidades terapéuticas o, como miembro del Centro Calabrese de Solidaridad y colaborador de Don Luigi Ciotti y Don Virginio Colmegna, famosos por haber escrito y promovido en las Comunidades cristianas italianas que ‘los pobres siempre tienen la razón’.

Monseñor Battaglia; Pastor con olor a oveja

Cuando fue ordenado obispo hace cuatro años en la Catedral de Catanzaro, el anillo de obispo que lleva  proviene de la fusión del anillo de su difunto padre. El báculo, todo en madera, de un olivo trabajado por jóvenes de un refugio social. Y, la cruz pectoral, también en madera, hecha a mano en la comunidad de Satriano. Llevar la pobreza al altar, convertirla en signo litúrgico, colocándola, de manera visible, en el centro de todo el episcopado. En los cuatro años de misión en Cerreto Sannita, Don Domenico, ahora designado para dirigir la arquidiócesis de Nápoles, ya es un sacerdote  convertido en “obispo de la calle”, tal como lo anunciaba en el Seminario Diocesano local.

Después de siete años de pontificado, Francisco, trabaja en  la renovación en las filas de los obispos, y en el propio Colegio cardenalicio que está ampliado al mundo y, Monseñor Battaglia, está engrosando las filas de muchos ‘pastores con olor a oveja’, como lo son; Lorefice en Palermo, Zuppi en Bolonia, Lojudice en Siena, que han construido su testimonio en un compromiso pastoral de primera línea a favor de los de abajo y del vasto mundo de la marginación y de la pobreza que cada vez más rodea a las metrópolis urbanas.

En la perspectiva misional de los sacerdotes de la calle, una realidad como la de Nápoles sólo puede representar una especie de ‘gran plaza amiga de los últimos’, capaz de dar un impulso decisivo a una reconversión pastoral que afecte a toda la Iglesia italiana, y en particular a la del sur que hace esfuerzos concretos por ser ‘una iglesia pobre para los pobres’.

Don Domenico Battaglia no se sintió ‘promovido’, no asumió el cargo en su episcopado como en el palacio del poder. De hecho, a menudo lo abandonaba, iba en busca de sus diocesanos creyentes y no creyentes y gastaba su vida en las calles. Como obispo, siguió haciendo lo que siempre había hecho como párroco en la muy popular Iglesia del Carmine, en el centro de Catanzaro que se ha convertido en un punto de encuentro para los pobres y desposeídos, o al frente del ‘Centro solidario de Calabria’, una estructura solidaria vinculada a las comunidades terapéuticas.

Proyectar al Cónclave el legado pastoral-social de JM Bergoglio

El Papa Francisco tiene una mirada aguda, profética y un obispo como Don Domenico,  con esa praxis pastoral-social,  llega a Nápoles, a la hora de sustituir al cardenal Sepe. Sin embargo, es innegable que en el mismo momento de la sucesión comienza un capítulo completamente diferente para Nápoles y su nuevo Pastor. No se trata solo del salto de una diócesis pequeña a una grande. A excepción de Sepe, que venía de la alta dirección de la Curia vaticana.  Se trata de volver a las raíces, a lo esencial, a lo que Jesús vivió y contagió.

Hay un doble frente que llama la atención del nuevo Pastor: el de la denuncia, fuerte, implacable, de los males que ‘produce’ la ciudad; la violencia, organizada o no, las diversas formas de corrupción y una actitud poco centrada en el bien común. Y, la otra, la pandemia, con sus enormes repercusiones no sólo sanitarias, sino sociales, económicas y de sobrevivencia.

Con la perspectiva de un largo episcopado, Monseñor Battaglia tiene todas las credenciales para servir mejor a su Iglesia y a su nueva Diócesis.  Lo primero es construir nuevas bases que hagan posible la esperanza, la confianza recíproca.  Abrir con más facilidad -no solo los templos- sino los corazones a lo esencial para que todas y todos redescubran la belleza del Evangelio.

Entonces, sabiendo muy bien que para un ‘obispo de la calle’ no puede haber desafío más emocionante, sino también más exigente que et missione en Nápoles. Aquí, incluso la esperanza a veces se paga cara. Pero mientras tanto, hoy, con la Navidad ad portas, el nombramiento del nuevo obispo trae algo diferente. Es una buena noticia y a todos nos hace mirar lejos…

Jaime Escobar Martínez

Director de revista ‘Reflexión y Liberación’

Santiago  –  Madrid  –  Roma

Cerreto Sannita accoglie il suo nuovo vescovo - Pontelandolfo News

 

 

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