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La Iglesia: ¿Fundada por Jesús? / +Hans Küng 

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Según los evangelios, el hombre de Nazaret prácticamente nunca utilizo la palabra ‘Iglesia’.

No hay citas de Jesús dirigiendo públicamente a la comunidad de los elegidos una llamada programática a la fundación de una Iglesia. Los estudiosos de la Biblia coinciden en este punto: Jesús no proclamó una Iglesia ni así mismo, proclamó el reino de Dios. Guiado por la convicción de hallarse en una época próxima a su fin, Jesús deseaba anunciar la inminente llegada del reino de Dios, del gobierno de Dios, con vistas a la salvación del hombre. No llamaba simplemente a la observancia externa de los mandamientos de Dios, sino a su cumplimiento en la consideración de vida a nuestros semejantes. Resumiendo, Jesús apelaba al amor generoso, que incluía también a nuestros adversarios, ciertamente a nuestros enemigos. El amor a Dios y el amor a nuestros semejantes se ensalzan equiparándolos al amor a uno a mismo (‘amaras… como a ti mismo’), como aparece ya en la Biblia hebraica.

Así pues, Jesús, enérgico predicador de la palabra y al mismo tiempo sanador carismático del cuerpo y la mente, propugnaba un gran movimiento escatológico colectivo, y para él los doce con Pedro eran señal de la restauración del número total de las tribus de Israel. Para disgusto de los devotos y los ortodoxos, también invitaba a su reinado a los practicantes de otras creencias (los samaritanos), a los comprometidos políticamente (los recaudadores de impuestos), a aquellos que habían faltado a la moral (los adúlteros), y a los explotados sexualmente (las prostitutas). Para él, los preceptos específicos de la ley, sobre todo los referente a la comida, la limpieza y el sábado, eran secundarios con respecto al amor al prójimo; el sábado y los mandamientos son tanto para hombres como para mujeres.

Jesús era un profeta provocador que se mostraba crítico con el Templo y que en efecto se comprometió en una postura militante contra el comercio, tan prominente allí. Aunque no era un revolucionario político, sus palabras y sus acciones pronto le llevaron a un conflicto de fatales consecuencias con las autoridades políticas y religiosas. Ciertamente, a la vista de muchos ese hombre de 30 años, sin oficio ni título concreto trascendía el papel de mero rabino o profeta, de modo tal que le consideraban el Mesías.

Sin embargo, con sus sorprendentes y breves actividades –como máximo tres años o tal vez solo unos meses- no pretendía fundar una comunidad separada y distinta de Israel con su propio credo y su propio culto, ni fomentar una organización con una constitución y una jerarquía, y mucho menos un gran edificio religiosos. No, según todas las evidencias, Jesús no fundó una Iglesia en vida. Pero ahora debemos añadir inmediatamente que sí se formó una iglesia, en el sentido de comunidad religiosa distinta de Israel, inmediatamente después de la muerte de Jesús. Esto sucedió bajo el impacto de la experiencia de la resurrección y del Espíritu.

(‘La Iglesia Católica’ – Hans Küng / Mondadori -2000).

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