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Recuerdo de Myriam 

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La Redacción de revista ‘Reflexión y Liberación’, expresa las condolencias a la familia de la valerosa y ejemplar Compañera Myriam, cuyo testimonio de vida es la de miles de mujeres chilenas que nunca se rindieron y Viven en medio de su Pueblo.
El día jueves 22 de abril de 2021, falleció Myriam Aguirre, en el Sanatorio de San José de Maipo, Chile. Se había contagiado de COVID-19, y fue hospitalizada, siendo luego trasladada, al mencionado recinto hospitalario.
Myriam, tenía 89 años, su oficio era peluquera, según uno de sus hijos, el 95% de su vida laboral, trabajó como peluquera, y empezó a trabajar, cuando tenía poco más de 20 años.
Vivió buena parte de su vida en La Río (Población Juan Antonio Ríos), en la punta de diamante de Salomón Sack con Ley 1838. Trabajó muchos años, en peluquerías ubicadas, frente a la plaza de las palmeras (S. Sack con Avda. Domingo Santa María).
Fue madre de 5 hijos: 4 hombres y una mujer; los cuales logró sacar adelante. Pudo conocer nietos y bisnietos, incluso una bisnieta adolescente. Ella no aparecerá en medios de comunicación de masas, ni siquiera en los alternativos, pues sólo fue una más, de aquellas mujeres trabajadoras, que sacaron adelante a su familia.
Cuando fue el golpe cívico-militar, el 11 de septiembre de 1973, su casa pasó a ser, una casa de seguridad, dónde se concentraron jóvenes revolucionarios, a la espera de instrucciones y de la llegada de las armas. Bueno……todavía siguen esperando la llegada de las armas. Pero durante varios días, Myriam acogió a esos jóvenes llenos de ideales,  compartió su alimento y abrigo con ellos.
A los pocos días, su casa fue allanada por militares, por un aviso “solidario” de algún vecino, y cómo había sido “limpiada”, no encontraron nada, excepto unos afiches que se habían quedado de “Cristianos por el Socialismo”, y cómo aparecían unos sacerdotes comprometidos con las causas del pueblo, los militares golpistas no les dieron mayor importancia.
Myriam, toda su vida cortó el pelo a muchas mujeres, tiñó sus cabellos y realizó peinados en sus cabelleras. Sus manos siempre se movían, buscando dejar más bellas, a las mujeres de su barrio.
Ya las manos de Myriam, no se seguirán moviendo, pero dejaron su huella, no solo en muchas cabelleras femeninas, sino que también llenaron de vida solidaria, su casa, su hermosa familia y su barrio.
¡Hasta siempre, Myriam!

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