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Las mujeres protagonistas de las elecciones en Chile 

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Las elecciones del 15 y 16 de mayo del 2021, envían un mensaje fuerte y claro, que otra política es posible, una política que, al fin, también es de nosotras las mujeres.

Transcurrió casi un siglo, desde que en 1949, se aprobó el derecho a voto para las mujeres en las elecciones presidenciales y parlamentarias, hasta el día de hoy, en el que nos convertimos en el primer país del mundo con una Asamblea Constituyente paritaria. Lo anterior, no es sino, consecuencia de las vindicaciones del movimiento feminista que se ha rearticulado y apropiado de las calles, en este cuarta ola feminista –mediante el movimiento Ni una menos, Las Tesis, la Coordinadora 8M y diversas colectivas– presionando a las elites políticas de todos los colores para que los cambios ocurriesen.

Hoy la historia y el modelo político chileno dieron un giro hacia las mujeres. Por primera vez, somos las protagonistas de un proceso eleccionario y, más trascendental aún, representamos el 53% (81 mujeres y 74 hombres) de constituyentes que escribirán la nueva Carta Magna. Aquella “Constitución Feminista” que fue exigida por todas en las calles y en cada manifestación, tras despertar de ese largo letargo democrático de transición en el que nos habíamos sumergido. Que reconfortante es sentir que nuestras voces serán representadas a través de constituyentes, gobernadoras, alcaldesas y concejalas.

La paridad de género en la Asamblea Constituyente obligó a los partidos y a la clase política a llevar candidatas competitivas, las que por cierto siempre existieron. Sin embargo, no podían romper con el techo de cristal que les impedía acceder a escaños, por ser mujeres en partidos políticos masculinizados, marcados por fuertes sesgos de género que perpetúan el modelo patriarcal. El resultado de esta paridad, ha sido más mujeres candidatas y más mujeres electas, no solo en la constituyente sino que también se extendió como efecto dominó hacia los otros cargos de representación, no en la misma magnitud pero avanzando a paso seguro.

El escenario se ve auspicioso, es de esperar que aporte significativamente en la elaboración de una Carta Fundamental que garantice el ejercicio pleno de derechos de ciudadanía para las mujeres, primordialmente respecto de demandas centrales como la violencia de género; aborto libre, seguro y gratuito y la crisis de los cuidados. Así, como también, contribuir en la transformación radical de la figura predominante y “naturalizada” de mujer madre-dueña de casa. Elemento estructural y articulador de la sociedad chilena, que ha sido criticado e interpelado por el movimiento feminista, dado que se nos ha negado históricamente el poder político, a propósito de aquellos estereotipos de género.

Por ello, importantes victorias aparecen en el horizonte feminista de estas elecciones, una que era lejana, y ahora se concreta de la mano de Irací Hassler, comunista y feminista, al ganar la alcaldía del Municipio de Santiago; Karina Oliva, feminista de Comunes, que disputará en segunda vuelta el Gobierno Regional Metropolitano, sorpresa para muchos, alegría para tantas; Macarena Ripamonti ganó la alcaldía de Viña del Mar a Virginia Reginato,  militante de derecha y en el poder desde el año 2004 y Emilia Ríos, militante de Revolución Democrática quien se adjudicó el Municipio de Ñuñoa, entre otras. Todas ellas, nos recuerdan que la lucha de Marta Vergara, Elena Caffarena, Olga Poblete, Amanda Labarca, Violeta Parra, Julieta Kirkwood, Gladys Marín y tantas otras mujeres feministas chilenas, que nos precedieron, fueron fundamentales para alcanzar este triunfo histórico.

Finalizar diciendo, para aquellos que enfatizan que la paridad de género benefició a los homblres, invisibilizando una vez más lo sustantivo de la medida y los históricos resultados que obtuvieron las mujeres con los escaños alcanzados y los buenos resultados en otros cargos de elección popular. Solo aclarar que sin la cuota de género, los partidos políticos y las respectivas listas no hubiesen presentado candidatas competitivas, que tuviesen una oportunidad real de obtener un escaño. Por lo tanto, lo único que queda demostrado es que la asignación paritaria de escaños funcionó, porque la intención y el efecto buscado era el aumento de la representación de las mujeres, considerando siempre los límites que la misma acción afirmativa establece, por lo tanto que ningún sexo se vea sobre-representado, a eso apunta la equidad de género.

Somos históricas. Nunca más sin nosotras.

Ana María Gutiérrez  –  La Voz de los que Sobran

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