|Viernes, Octubre 22, 2021
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Llegó la hora de los laicos y laicas 

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El venezolano Rafael Luciani es uno de los tres teólogos latinoamericanos, integrante del equipo que asesorará a Roma en el Sínodo de la Sinodalidad a iniciarse en octubre de 2021 hasta 2023. Lamenta que “a los laicos se nos ha visto como ejecutores de planes pastorales, pero muy poco se nos toma en cuenta para la gobernanza de la vida eclesial o para participar en los procesos de discernimiento y elaboración de las decisiones en la Iglesia”.

Cómo recibe este nombramiento como integrante del comité de teólogos del Sínodo sobre sinodalidad?

“Me parece que estamos viviendo un momento eclesial que será determinante para completar lo más importante de la actual fase de recepción del Concilio en relación con la eclesiología del pontificado.

Por ello, considero que este próximo Sínodo será fundamental para avanzar más o no en las reformas que actualmente necesita la Iglesia. También lo será la próxima reforma de la curia.

En este contexto, valoro mi participación en la comisión teológica como un servicio que asumo como parte de mi vocación cristiana porque quiero contribuir, como laico y venezolano, a que la Iglesia profundice el proceso de reformas que ha abierto el Papa Francisco para superar el modelo clerical que no logra salir aún de las mentalidades y las estructuras de la Iglesia”.

¿Qué considera que hay que reformar para salir del clericalismo?

“No saldremos del clericalismo mientras no se reformen instituciones como el seminario y la parroquia. Sin embargo, esto sólo será posible si se logra reformar el ministerio ordenado, porque el clericalismo es un problema de la mala comprensión y ejercicio del poder eclesial, y eso se forma en el seminario y se fortalece en las parroquias.

El Papa ha hablado mucho de esto. Se ha referido al “complejo del elegido” o a “la patología del poder eclesial” vinculado a una mala comprensión de la ordenación sacerdotal.

Es indispensable que repensemos a la Iglesia, y todas sus instituciones, a la luz de una gran confluencia de ministerios, carismas, dones y servicios unidos por la corresponsabilidad bautismal, y no sólo en torno al ministerio ordenado.

Sólo una Iglesia que asuma al laicado como sujeto, y especialmente a las mujeres, podrá avanzar en reformas auténticas y rescatar su credibilidad. Al final, estamos llamados a responder a los signos de los tiempos de hoy que claman y demandan cambios profundos en el modelo institucional actual”.

¿Cuál será su mayor aporte a este comité de trabajo?

“En mi compartir con comunidades de vida cristiana me doy cuenta de la realidad de una Iglesia que le cuesta, cada vez más, conectar con los nuevos signos de los tiempos que se avizoran luego de la pandemia. Vivimos un cambio de época y una transición del modelo institucional clerical reinante. Pero esto aún no se asimila porque estamos viviendo cambios muy rápidos y profundos.

Por ejemplo, he encontrado una presencia ambiental del cristianismo en comunidades de vida cristiana leyendo y orando con la Palabra juntos. Ahí te das cuenta que existe una sinodalidad ambiental en el modo como se vive la fe.

Pero cuando entras en la parroquia o en un movimiento eclesial, encuentras otro mundo, otro lenguaje, uno que ha perdido conexión y transcendencia con la cotidianidad y con la mayoría del laicado en la Iglesia, especialmente de los jóvenes.

El proceso sinodal que se inicia este año y que desembocará en la Asamblea del 2023, será un acontecimiento que permitirá pensar el lugar y la forma de la Iglesia en estos nuevos tiempos. Pero los cambios no pueden venir de arriba. Hay que involucrar a todos y todas en la Iglesia porque esa es la base de la teología del bautismo.

Por eso, la gran novedad de este Sínodo está en el modo cómo se realizará, siguiendo un modo de proceder que parte de la base y va construyendo recogiendo el sentir de los fieles partiendo de las comunidades y siguiendo con las parroquias, las diócesis, las conferencias episcopales, los continentes y finalmente Roma. En ese orden. Es la primera vez que se hace esto en un Sínodo.

Tras la reciente aprobación ‘ad experimentum’ de la renovación y reestructuración del Celam, con un fuerte énfasis sinodal, ¿usted, laico, cómo ve este paso al frente de los hermanos obispos?

“Yo participé en el proceso de reestructuración del Celam desde la primera reunión que se convocó. Luego se fueron integrando otras personas, incluso otros laicos y laicas, y pude apreciar cómo a lo largo del camino que se fue haciendo se iban incorporando nuevas ideas, propuestas y personas que enriquecieron lo que se quería hacer.

No se partió de un documento pre-elaborado o hecho por agentes externos, sino que se fue construyendo a lo largo de las muchas reuniones, primero presenciales y luego virtuales.

Ahí pude apreciar y valorar los cambios que se fueron incorporando a partir de discusiones, discernimientos y decisiones que se iban tomando en conjunto. Las autoridades participaron de todo el proceso y sus propios puntos de vista iniciales fueron cambiando en la interacción con todos y todas a lo largo del proceso.

Yo pude contribuir, de modo específico, coordinando y redactando la sección sobre la sinodalidad en el documento final. Puedo decir que no hubo censura ni filtros, y que todo lo que escribí quedó como lo entregué”.

Nathalie Becquard ha afirmado que la sinodalidad en teoría es fácil, no en la práctica, ¿qué será necesario para que la sinodalidad en efecto aterrice?

“Llevo tiempo trabajando con Nathalie. Es una persona maravillosa con quien tengo una amistad maravillosa. Ella tiene mucha claridad en el tema y sabe la importancia que tiene el buscar y consolidar best practices si queremos hacer reformas eficaces.

Nathalie es otro ejemplo de un aprendizaje por la vía de la práctica. Ella ha abierto la puerta, junto a las otras mujeres sub-secretarias que trabajan en el Vaticano, a que el ejercicio de la jurisdicción no esté ligado al poder del orden, como lo establece, hasta ahora, la práctica regular y regulada por el Código de Derecho Canónico.

Por una parte, cuando hablamos de sinodalidad nos enfrentamos a un problema teórico porque una gran mayoría en la Iglesia no sabe lo que es, aunque haya escuchado hablar de participación, corresponsabilidad, laicado, accountability o ministerios.

Hay mucho temor ante lo que pueda implicar en relación a posibles reformas en la Iglesia. Pero también está otra dimensión, la práctica o experiencial, por la que todas esas palabras anteriormente dichas adquieren un nuevo significado ya que dan paso a procesos de conversión entre los sujetos y las estructuras en la Iglesia.

Por ejemplo, no es lo mismo que un documento eclesial lo escriban o asesoren dos o tres hombres, a que lo haga un equipo de hombres y mujeres. La experiencia y la interacción varían al tener que sentarnos, escucharnos, discernir y buscar consensos entre puntos de vista no siempre complementarios y experiencias de vida totalmente diversas.

Esta sería una práctica de la sinodalidad que nos ayudaría a comprender nociones como participación y corresponsabilidad, e incluso a cambiar puntos de vista iniciales por otros que surgirán de esa misma interacción entre hombres y mujeres que trabajen juntos en todos los niveles de la institución eclesial.

Angel Morrilo  –  Prensa Celam

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