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Un acontecimiento eclesial inédito 

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Dentro de una semana elegiremos a las principales autoridades de nuestro país, mientras sigue desarrollándose el proceso de elaboración de la nueva Constitución. Es un momento muy importante en nuestra historia democrática en la que todos estamos llamados a participar como ciudadanos responsables del bien común de nuestro pueblo de Chile.

Pero el 21 de noviembre no sólo habrá elecciones en nuestro país, sino que ese mismo día es la inauguración de uno de los acontecimientos más importantes que ha vivido la Iglesia Católica en nuestro continente latinoamericano: es el inicio de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. En esta columna quiero contar a los amables lectores de qué se trata este acontecimiento tan importante para la comunidad católica de todo el continente latinoamericano.

En las últimas décadas, la Iglesia Católica ha vivido una de las mayores y más dolorosas crisis de toda su historia a partir de las situaciones de abusos sexuales que se fueron conociendo en el mundo entero, y que mostraron una serie de conductas abusivas (de poder, de conciencia y económicas) que fueron encubiertas por parte de diversas autoridades de la Iglesia. Ha sido una crisis honda y dolorosa, en primer lugar, para las víctimas de abusos, así como para la totalidad de los creyentes, afectando su vida de fe y su relación con la comunidad eclesial y su jerarquía. Es una crisis global que urge a una seria conversión y renovación en la vida, en la misión y en las estructuras de la Iglesia.

Hasta ahora, las orientaciones y decisiones de la Iglesia a nivel continental se tomaban en las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, donde se reunían obispos delegados de todos los países. La última de estas Conferencias se realizó en Aparecida (Brasil), en el 2007. Ante la compleja situación que atraviesa la vida de la Iglesia, y ante las nuevas situaciones socioeconómicas, culturales y políticas de los pueblos latinoamericanos, el Papa Francisco convocó, ya no a una reunión de obispos latinoamericanos, sino a una Asamblea Eclesial continental; es decir una reunión de todo el pueblo de Dios, en la que participarán con derecho a voz y voto delegaciones de los distintos países, constituidas por laicos y laicas, religiosas y religiosos, diáconos, sacerdotes, obispos y el Papa Francisco. Hay unas mil personas con derecho a voz y voto en una Asamblea que en su mayoría son laicos (40%), religiosas (20%), sacerdotes y diáconos (20%) y obispos (20%).

Será una Asamblea en que se manifieste la diversidad de estados de vida, género, edades, regiones y culturas, para escuchar y reflexionar, dialogar y discernir los llamados del Señor para la renovación de la vida, las estructuras y la misión de Iglesia a la luz del Evangelio en nuestro continente latinoamericano. Hasta ahora no había ocurrido algo así en la Iglesia Católica, donde las orientaciones y decisiones las tomaban sólo los obispos; de esta manera, la realización de la Asamblea Eclesial continental ya es un paso de renovación.

Ha sido muy significativo que la Asamblea ha sido precedida de un “proceso de escucha” del pueblo de Dios y de la realidad latinoamericana, el cual se realizó a lo largo de este año, en el que se recibieron más de cuarenta y seis mil aportes grupales (por cierto, entre ellos los aportes grupales de nuestra Iglesia en Punta Arenas), más de ocho mil aportes personales, y los aportes de 143 foros temáticos realizados telemáticamente, en los que participaron varios miles de personas.

De este extenso y participativo proceso de escucha provienen los temas que abordará la Asamblea, como son la centralidad del Señor Jesús y su Evangelio, la misión de una Iglesia evangelizadora “en salida”, la situación de las familias, los problemas de la crisis de los abusos y el clericalismo -uno de los grandes obstáculos para ser una Iglesia que camina en el seguimiento del Señor Jesús-, el lugar de la mujer en la Iglesia y en la sociedad, el protagonismo de los jóvenes en la sociedad y en la Iglesia, el cuidado de la Casa Común, el fortalecimiento de la democracia y la promoción y defensa de los derechos humanos, entre otros temas.

Este acontecimiento eclesial inédito, que marca un hito en la vida de la Iglesia Católica se realizará en Ciudad de México, en el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, del 21 al 28 de noviembre. Por los protocolos de la pandemia, se hará combinando la presencia en el lugar de cien delegados, y la presencia telemática del resto de delegados, entre ellos uno de nuestra Iglesia de Punta Arenas.

Sin duda, los católicos del continente estamos llenos de esperanza en el Espíritu del Señor Jesús, que va mostrando los pasos para la renovación de la Iglesia al servicio de los hombres y mujeres de los pueblos latinoamericanos.

P. Marcos Buvinic  /  Punta Arenas

La Prensa Austral  –  Reflexión y Liberación

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