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+Carlo María Martini y los Jóvenes 

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Reflexiones del Cardenal Carlo María Martini en Jerusalén en octubre de 2004 con una delegación del Instituto Paolo VI de Brescia.

Durante los años que estuve en Milán, impulsé al menos a dos mil jóvenes, algunos incluso individualmente, en el llamado “Grupo Samuele” para opciones de vida. Son jóvenes a los que seguí durante todo el año, con la ayuda de mis colaboradores, pero que me escribieron personalmente.

He visto que en estos jóvenes hay una gran generosidad, pero mucho miedo a decidirse, mucho miedo a elegir por la vida, mientras que por el contrario hay que arriesgarse. Estos jóvenes, de entre diecisiete y veinticinco años, me decían: “Si yo supiera que Dios quiere que elija la vida consagrada, por ejemplo, lo haría inmediatamente, pero quiero estar seguro, no cometería un error”. Y yo dije: “Pero si no te arriesgas no vives. Arriesgarse es vivir”.

Naturalmente, es necesario prepararse con las debidas reglas de discernimiento de espíritus, pero luego hacer elecciones valientes. El recuerdo de estos lugares, los sufrimientos de estos lugares nos ayudan a tomar decisiones valientes. Muchos jóvenes voluntarios están presentes aquí y vienen de todo el mundo, hacen meses de servicio aquí. Son voluntarios que vienen aquí por un año, dos años.

Los jóvenes tienen esta capacidad de valentía, pero necesitan tomar decisiones a largo plazo. Hoy es muy fácil hacer las cosas como un experimento (“intento seis meses, intento un año”), pero en la vida hay que decidirse, sino ya ni se casarían. Hay que elegir, tener coraje. Vivir es arriesgar, arriesgar es vivir. Los jóvenes deben prepararse, aprender aunque sea un poco de la oración para conocer la voluntad de Dios, pero luego lanzarse. El voluntariado debe convertirse en una opción de estilo de vida, de lo contrario se convierte en una coartada.

Hace unos días cumplí sesenta años de vida religiosa y decía que esa perseverancia hoy es improbable porque todo en la sociedad invita a hacer las cosas hasta el final (“mientras me vaya bien, mientras me guste, mientras como estamos bien juntos”). La perseverancia es un don de Dios, debemos pedirla. La perseverancia es la realización de lo humano porque lo humano es perseverante y sólo allí se revela en su plenitud.

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