Enero 25, 2026

 El pecado  ‘original’  de la religión

  El pecado  ‘original’  de la religión

 ¿Por qué el  ‘Credo’  que  recitamos en la celebración de la Eucaristía es pura teoría trinitario/cristológica? ¿Por qué no decimos “creo en la austeridad, creo que es mejor dar que recibir, creo en el camino empinado…”?

¿Por qué, a lo largo de la historia, se ha dado tanta importancia a la ortodoxia y se han consentido pecados históricos tan insultantes como la esclavitud, la explotación de los trabajadores, la destrucción del planeta, el ostentoso poder económico  y  político de los eclesiásticos…?

No insistiremos en esto: hay mil ejemplos en nuestra concepción religiosa que revela que éste no es un pecado patrimonial de aquellos legistas sino un pecado  ‘original’  de la religiones.

Jesús destruye la esencia de  “aquella religión”.  Los doctores que se saben toda la teoría y no tienen buen corazón.   Los sacerdotes que controlan el poder por medio del templo.   Los santos que lo cumplen todo al pie de la letra y no se conmueven ante las necesidades “ajenas”… ¡Qué retrato de buena parte de nuestra propia religión actual!

Recibe uno la impresión de que Jesús lucha a brazo partido precisamente contra  “la religión”,  es decir,  contra  esas  manifestaciones  llamadas religiosas que se dan en todas las religiones, se han dado y se siguen dando hoy en la iglesia,  y que son,  específicamente,  “pecados originales de la religión en sí misma”.   Más aún: esos pecados originales de la religión son los que mataron a Jesús y los que esterilizan a la Iglesia.

El centro es amar.   Demasiadas veces ponemos el centro de lo religioso en entender,  aceptar,  creer verdades.   No es así.  El centro  no  es el cerebro, sino el corazón. El centro no es la teoría sino el comportamiento. El secreto no es la erudición sino la con-pasión. Dios no es un enigma de naturalezas y personas, de procesiones y trascendencias. Dios es Abbá, es decir, Dios es amor.   Y el amor no es entender,  es sentir,  conmoverse, acercarse, dar la mano, ser positivo, aceptar…

No hace falta que nadie suba a las estrellas o viaje a los confines del mar. No hace falta que se escriban bibliotecas enteras sobre la divinidad y la humanidad. El evangelio es Buena Noticia sobre todo porque es sabiduría de los sencillos, evidente para los hombres de buena voluntad. Ni Jesús es complicado, ni la cristología es un crucigrama, ni la divinidad es para especialistas.

“Jesús, lleno del Espíritu, exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado todo esto a los sabios y a los poderosos y lo has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así lo has querido”

Entonces, proponemos un Credo no dogmático. Viene a ser como las bienaventuranzas escritas en forma de “le creo a Jesús”:

Creo que son felices los que comparten,
los que viven con poco,
los que no viven esclavos de sus deseos.

Creo que son felices los que saben sufrir,
encuentran en Ti y en sus hermanos el consuelo
y saben dar consuelo a los que sufren.

Creo que son felices los que saben perdonar,
los que se dejan perdonar por sus hermanos,
los que viven con gozo tu perdón.

Creo que son felices los de corazón limpio,
los que ven lo mejor de los demás,
los que viven en sinceridad y en verdad.

Creo que son felices los que siembran la paz,
los que tratan a todos como a tus hijos,
los que siembran el respeto y la concordia.

Creo que son felices los que trabajan
por un mundo más justo y más santo,
y que son más felices
si tienen que sufrir por conseguirlo.

Creo que son felices los que no guardan en su granero
el trigo de esta vida que termina,
sino que lo siembran, sin medida,
para que dé fruto de Vida que no acaba.

Y creo todo esto porque creo
en Jesús de Nazaret, el Hijo,
el hombre lleno del Espíritu,
Jesucristo, el Señor.

+ José Enrique de Galarreta S.J.

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