Febrero 9, 2026

¿Puede ser derrotado el cristianismo?

 ¿Puede ser derrotado el cristianismo?

Esta pregunta no es una pregunta de poca fe sino todo lo contrario. Es un cuestionamiento íntimo de muchos fieles que permite profundizar su relación con Cristo.

Repetir creencias aprendidas no convence plenamente, no somos neófitos de la Edad Media a quien el clero puede adoctrinar para sacándolos de su ignorancia. Por esto, no recuraremos a la inteligencia artificial pero haremos una reflexión desde las bancas de la Iglesia actual. En un primer lugar, dejaremos nuestras convicciones “en recaudo” para dejar surgir las informaciones , los interrogantes y las interpretaciones foráneas que nos permitirán posteriormente emprender un camino de fe que refrescará nuestras creencias tradicionales recibidas . Nos atrevemos a buscar respuestas a las interrogantes que la predicación y la catequesis no acostumbran hacer como: si , Dios, las iglesias, la Iglesia católica pueden fracasar, si los fracasos, los retrocesos, las equivocaciones … pueden ocurrir, si son irreversibles, inevitables, necesarios, beneficiosos…

Empezando por cuestionar la misma “religión” en general, podemos considerar que “Dios” ha sido un descubrimiento progresivo de la Humanidad en la Historia. Varias religiones monoteístas surgieron y el cristianismo es actualmente la religión mayoritaria, después, se puede citar el Islam que es su rival conquistador (las mosqueas se multiplican en Asia, en África también en Occidente). En la populosa India, el hinduismo ofrece su colorida religiosidad con un abanico de dioses y de ejercicios espirituales (Yoga…) Aunque no sea propiamente teísta, el Budismo se presenta como una búsqueda de iluminación religiosa personal (se difunde desde el Oriente y muchos budas aparecen en muchas casas inspirando la paz). No se puede olvidar las religiosidades ancestrales de los pueblos originarios, los sincretismos y los esoterismos que pululan por todas partes. Todas las religiones y espiritualidades tienen sus líderes, instituciones y prácticas particulares. Nuestra fe cristiana y nuestro catolicismo se inscribe en este panorama…

Aun cuando una gran mayoría de la población mundial declara creer en un ser superior, se viene aumentando los “ sin dios” o sin espiritualidades: los ateos, agnósticos…Entre estos, existen muchos seudo-religiosos que en su vida práctica, Dios” ha muerto” y ellos viven “en otra”. Forman parte del fenómeno llamado “secularización”. Las nuevas generaciones muchas veces no son negacionistas pero dejan lo religioso en una contingencia (probabilidad) sin importancia y para quienes quieren. En el mundo moderno, la inteligencia y las ciencias se reservan las explicaciones de todo. Las naciones y los estados se manejan prescindiendo de los votos de los religiosos. La economía y las finanzas son monedas de una sola cara, igual que las armas, estas ciencias y tecnologías esclavizan a todos suscitando numerosos los conflictos. La cultura se comercializó diversificándose. El Progreso, el éxito y la “buena vida” satisfacen los privilegiados y abandonan los marginados a sus ilusiones. Las guerras, hambrunas, epidemias y contaminaciones son como lo piensan muchos, los costos y las “externalidades “inevitables. “Así, pasa la gloria del mundo”.

Ya es una evidencia: el Cristianismo, estadísticamente, está en merma frente al auge de otras creencias y descreencias? ¿Será la maldad del mundo como lo piensan los fatalistas que se refugien en sus diversas agrupaciones evangélicas o ,igual, en sus movimientos y parroquias de su poderosa institución internacional, nosotros los católicas,? Más conscientes son los que asumen las responsabilidades funestas del pasado y reconocen las ineficiencias actuales frente a las situaciones malignas por cambiar. La colusión en la maldad, (el pecado de Adán) ha sido interpretada de manera distintas entre los cristianos. Un dialogo en la materia es uno de los desafíos importantes para el ecumenismo. La consideración de un estado de pecado general y persistente (evangélico) es distinto a la inocencia pueril recuperada por el bautismo(católico). Tenemos una misma referencia al hito de la salvación que fue Cristo por su muerte y resurrección, pero tenemos distintas visiones respecto a la responsabilidad humana frente al mal. Los principios morales pueden ser semejantes pero las posturas morales son divergentes. Si no se dialoga al respecto es difícil de hablar de cambios (conversión) para la sociedad. Hay que confiar en que los intercambios entre las distintas comunidades cristianas puedan compaginar las maneras de creer y así lograr mejor resultados que con las discusiones teológicas.

La evangelización necesita colaboración y complementarización tanto en los discursos religiosos como en las practicas eclesiales. El cristianismo tiene que levantar la necesidad de un cambio radical para la humanidad. El cristianismo no es derrotado, es la misma obra de Dios actuando en el mundo. Basta de leer algunas parábolas como la de la pequeña semilla que será un gran árbol, la del trigo y la maleza hasta la cosecha, pero también la de la “definitiva”(el juicio final).

La globalización plantea una renovación del desafío cristiano del “Reino de Dios”. Es una pauta que ninguna realización humana particular podrá lograr por su envergadura histórica y su fuerza sobrehumana. La desunión de los cristianos impide radicalmente este anuncio de “Salvación “. Si los misterios del Reino de Dios contemplan la meta final de la historia, el caminar histórico inaugurado en la tierra por Cristo debe también preocupar las iglesias. Las tareas son numerosas: fomentar un espíritu de pobreza que detienen el consumismo desenfrenado, desarmar las violencias desde la escuela, la familia hasta los poderosos del mundo, reclamar la honestidad en los medios de comunicaciones, proponer un servicio universal de salud, un cariño divino por la madre tierra… Las implicaciones de los cristianos en estas tareas darán futuro a las próximas generaciones. Ellas son evangelización. Dios ama los hombres, su amor es “global”, Jesucristo se hizo hombre, murió y resucitó para dar su ofrecimiento de la salvación a todos de ayer, hoy y futuro.

Queda por hablar de una especial sordera de los hombres a este mensaje cristiano. Existe una resistencia a este anuncio de benevolencia universal de Dios. El desarrollo fracasado del Liberalismo, igual que el desplome del colectivismo, la riqueza igual que la miseria hundieron el ser humano en un individualismo muy nocivo. Es el contrapié de la globalización y del universalismo. ¿Cómo va llegar a creer en Dios quien no puede mirar más allá de su ombligo? En la educación, el niño es educado para creerse el centro del mundo. Cada uno tiene que merecer, rivalizar y ganar…Y se perdió la capacidad de relacionarse, recibir, participar, colaborar, servir.

El individualismo invadió también el cristianismo como un virus. Sin detenerse a enjuiciar la “sola fe” del protestantismo, revisemos nuestras prácticas y creencias católicas. Se presenta la sacramentalización como una espiritualización sin necesidad de una movilización evangelizadora. Se encierra los cristianos en un individualismo a penas contenido por el personalismo. Se privilegia la santificación individual en la práctica de los sacramentos. En la confesión, por ejemplo, se olvida los pecados sociales, la comunión se mantiene como un acto litúrgico, una práctica dominical. ¿Qué decir de las funciones clericales? ¿Qué decir de las numerosas devociones a los santos, del elitismo de algunos movimientos? La misma moral, las doctrinas sociales de la Iglesia y las predicas adoptan un stricto personalismo (consciencia, libertad, responsabilidad, derechos humanos…) La “caridad” organizada promueve más “generosos” que actores para la justicia social. El individualismo es actualmente el mayor adversario del cristianismo.

No se pretende desautorizar la fe personal sino enfatizar la participación en el Pueblo de Dios y en el compromiso en la venida del Reino de Dios. “Padre nuestro … venga a nosotros tu Reino”.

Paul Buchet – Chile

Editor