¡Gracias por tu ejemplar testimonio cristiano!
+Juan; Gastastes tu vida al servicio de la justicia, la democracia, los pobres y el bien común.
Buen amigo, hermano y fiel discípulo sin dobleces ya descansas en la Casa del Padre, dejaste este mundo rodeado del cariño de tu hermosa Familia y el respeto afectuoso y agradecido de tantas personas y comunidades que conocieron de tu compromiso con los derechos humanos y la democracia para Chile. Por tan valioso testimonio de vida nuestro buen Dios te recibe y abraza por siempre.
Son tantos los buenos recuerdos de nuestro trabajo y praxis comunicacional desde la redacción de la revista ‘Reflexión y Liberación’ que fundamos junto a don Rafa Gumucio, Pepe Aldunate, Fabiola Letelier, Mónica Echeverría, Matilde Chonchol, Julio Silva Solar y tu entrañable amigo de toda la vida P. José Comblin…Lo tenías siempre presente, lo mismo que a don Manuel Larraín –obispo de Talca y fundador del CELAM- de feliz memoria para los campesinos de Chile y América Latina.
Hoy, me viene a la memoria como estudiastes rigurosamente por meses el ‘caso Pinochet’ cuando el dictador estuvo retenido en la ‘London Clinic’ en 1998, hasta allá llegamos junto a Sola Sierra, Fabiola Letelier y ayudaste tanto desde la jurisprudencia a Joan Gárces y Enrique Santiago, entre otros reconocidos abogados de derechos humanos a nivel internacional. De ese talante ejemplar era tu compromiso en serio con la noble causa de los derechos humanos.
Como nadie difundiste la enorme obra teológica de José Comblin, desde las páginas de nuestra revista ‘Reflexión y Liberación’, Separatas de alto nivel y varios libros que tanto han ayudado a la formación y discernimiento de Comunidades Cristianas de Latinoamérica. Leer y estudiar era una de tus pasiones, conocí tu biblioteca en casa con los valiosos escritos de casi todos los teólogos de la liberación e interesantes comentarios de expertos en los documentos del Concilio Vaticano II que seguiste de cerca y con tanta fundada esperanza…
Tu compromiso con la teología de la liberación y la doctrina social de la Iglesia, nos llevó a estar en la Conferencia Episcopal de Santo Domingo en 1992. Allí desplegaste todos tus conocimientos teológicos que iniciaste en el Colegio Pío Latinoamericano en Roma. Y quedó para siempre un acalorado y fructífero debate que tuviste con un cardenal americano y Giancarlo Zizola -vaticanista y biógrafo de Juan XXIII- que conocimos en la casa religiosa que alojábamos durante nuestra estadía y quehacer en ese país caribeño. Expusistes, desde el Evangelio; ¡que a nadie le falte el pan! no es un mero slogan acomodaticio ni para la iglesia ni para el laicado…
Por ese indomable carácter tuyo de denunciar con la Palabra y desde la no violencia activa las injusticias, no hay duda que en tu vida cotidiana, académica y en la coyuntura de la lucha contra la dictadura y defensa de la teología de la liberación, estuviste inspirado en las normas que dictaba tu conciencia recta e insobornable, teniendo siempre presente que es la justicia la que conduce a la paz, la generosidad que engrandece, la solidaridad que es un don y el ineludible compromiso con los pobres y excluidos.
Diremos finalmente en este recuerdo cariñoso y a vuela pluma que; Juan, sí fue un auténtico Discípulo, vivió amando y sirviendo desde una sabia premisa teológica que tantas veces conversamos junto a Comblin en nuestros 30 años de amistad y trabajo por una vida buena y justa para todos: ‘Jesús denuncia la falsa religión de los sacerdotes, de los doctores, de los fariseos, es decir de todas las autoridades religiosas que tienen la pretensión de ser representantes de Dios y se consideran maestros, aunque sean solo falsos maestros que enseñan el error. Por eso, Jesús, desde el principio de su misión entró en conflicto con todas esas autoridades. No se quedó callado…’.
¡Hermano Juan; te abrazamos y vivirá tu Testimonio entre nosotros. Gracias!
Jaime Escobar Martínez – Director de revista ‘Reflexión y Liberación’
Santiago – Roma – Madrid