|Miércoles, Octubre 18, 2017
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Tras la muerte de Fidel, qué se espera de la relación de Cuba con el Vaticano 

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Las relaciones entre Cuba y la Iglesia Católica, que llevaron a los viajes de tres papas a la isla mayor de las Antillas, están destinadas a ser más estrechas después de la muerte de Fidel Castro, que con sus convencidas aperturas al Vaticano ha preparado el terreno para una experiencia que tendrá características originales. “Mejor el Papa que los gringos”, dijeron entre sí los líderes de la revolución cuando el país atravesó su peor momento, durante los años del “período especial”, tras la caída del comunismo europeo y la disolución de la Unión Soviética, a comienzos de los años ’90.

Cuba tiene 11 millones de habitantes y 7 millones de bautizados, pero el dato más importante es que el 70% de su población practica el sincretismo religioso que mezcla el cristianismo con los cultos de origen africano.

Fidel y Raúl fueron educados por los jesuitas. El líder máximo contó extensamente sus experiencias católicas a Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco cuando lo visitaron en la isla caribeña. El resultado de este proceso se inició a fines de 1996, cuando el Papa polaco recibió en audiencia a Castro en el Vaticano (“Clarín” dio la primicia mundial de que el encuentro estaba por realizarse) y aceptó la invitación de viajar a La Habana.

Por entonces Cuba estaba saliendo fatigosamente del “período especial” que había devastado a su economía y dañado seriamente la imagen interna del régimen comunista. Entre 1990 y 1993, la riqueza nacional perdió un 38% y el consenso político-social trastabilló como nunca.

Fue por entonces que Fidel, Raúl y los otros jefes comenzaron a elaborar el acercamiento a la Iglesia, que siempre estuvo en contra del odioso embargo norteamericano, implantado en 1962, y que existe hasta hoy. La Iglesia sufrió mucha persecusión, pero ofrecía la perspectiva de un liderazgo de formación de jóvenes cristianos que Castro consideró mucho más compatible con sus ideales que el contraste con la acción de los contras.

En enero de 1998 se produjo el histórico viaje de Juan Pablo II, que cubrió escalas en toda la isla. Este corresponsal estuvo presente en aquella aventura del Papa polaco, comparable a cuando “Clarín” siguió a Karol Wojtyla en su viaje de epopeya a Polonia, en junio de 1979, que echó las bases del cambio que llevó a la liberación del país del yugo soviético y al fin del comunismo europeo veinte años después.

En Cuba las cosas fueron diferentes al caso polaco. San Juan Pablo II dió un saludable empujón a la lenta transición, al afirmar a su llegada que “Cuba debe abrirse al mundo y el mundo abrirse a Cuba”.

El viaje tuvo un éxito extraordinario que cambió para siempre las relaciones de la Iglesia y el mundo católico con el régimen castrista. Una política de “pequeños pasos”, en la que las jerarquías dejaron en claro que “Miami no es la solución”, como dijo a “Clarín” el director del seminario de La Habana, un argentino, refiriéndose a la oposición total del exilio a cualquier camino de diálogo.

De la hostilidad que fue muy viva en los primeros veinte años de la Revolución, a partir del viaje del pontífice polaco, aunque con altibajos, las relaciones mejoraron. La Navidad y el Viernes Santos fueron incorporados como feriados oficiales, por ejemplo En un ambiente dominado por el espíritu de negociación, se fueron aflojando las riendas del régimen para permitir la llegada de sacerdotes a la isla y de una mayor libertad para las celebraciones, incluídas las procesiones. La Iglesia reclama ahora una mayor presencia en la educación.

En marzo de 2012, Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, llegó a la isla y ya Fidel no comandaba, reemplazado por Raúl, su hermano menor. Desde el 2006 Fidel había sufrido infecciones gravísimas por divertículos intestinales y había sido operado. Dicen que no se dejó hacer un ano artificial para evitar las infecciones y esa tozudez casi lo mandó a la tumba. Sus médicos hicieron un milagro pero tardaron dos años en estabilizarlo. Al parecer la enfermedad lo acercó más a las lecturas y conversaciones sobre el cristianismo. Hasta se habló de su conversión y se sabe que su hermano Raúl es aún más sensible a la cuestión religiosa.

El salto final vino con el Papa argentino. Las relaciones se intensificaron como nunca. Francisco y su deseo de “una Iglesia pobre al servicio de los pobres” y la aproximación multilateral a los problemas mundiales de la diplomacia de la Santa Sede, llevaron a un diálogo y a sintonías inéditas.

2014 fue el año clave que será recordado, en el campo diplomático, como uno de los momentos más altos del pontificado del Papa argentino. Tras recibir en marzo al presidente Obama, Francisco escribió al presidente norteamericano y a Raúl Castro en julio invitándolos a ir adelante en la normalización de las relaciones entre EEUU y Cuba.

Jorge Bergoglio había encontrado la cuadratura del círculo. Las gestiones intensas de la diplomacia pontificia estimularon el encuentro secreto en el Vaticano de octubre en el que se decidieron los aspectos principales del arreglo.

El 17 de diciembre de 2014, los presidentes Castro y Obama anunciaron al mundo la normalización de las relaciones diplomáticas. El tema del embargo quedó pendiente de solución defintiiva porque es el Congreso norteamericano el que tiene que decidir y la mayoría republicana no acepta el fin del asedio a Cuba.

El año 2015 comenzó con una audiencia privada el 10 de mayo del Papa argentino a Raúl Castro y culminó en setiembre con el viaje de Francisco a Cuba, tras el cual fue a Estados Unidos. En La Habana, El 20 de ese mes, Jorge Bergoglio visitó a Fidel Castro.

El Papa fue una segunda vez a La Habana como imprevista escala de su viaje a México. Cuba sirvió de entusiasta escenario para el encuentro en La Habana del jefe de la Iglesia católica y el patriarca de todas las Rusias, Kirill , que visitaba la isla. El 12 de febrero de este año, por primera vez en la historia del dramático cisma de 1054 entre los cristianos de oriente y occidente, se reunieron los líderes de Roma y Moscú. Este encuentro, preparado con gran participación de Raúl Castro, que antes de ir al Vaticano a ver a Francisco en mayo de 2015 había visitado en Moscú al patriarca ruso, fue un acontecimiento histórico y de prestigio del régimen cubano, que ahora, tras la muerte de Fidel, tiene en la Iglesia a un interlocutor en el que deposita la mayor confianza.

Julio Algañaraz  –  Ciudad del Vaticano

El Clarín  –  Reflexión y Liberación

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