|Sábado, Julio 29, 2017
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En búsqueda de un Buen Pastor para Osorno 

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Con el respeto que se merecen todos los buenos Pastores que hoy existen a lo largo del país, me hago la pregunta; ¿se encontrará en alguna parte, el Buen Pastor, que dirija y se haga responsable de la crisis que está posesionada y tiene estancada, lastimosamente, a la Iglesia Católica chilena? En esta línea de reflexión, no puede quedar solo en un slogan lo que señala claramente la Conferencia de Aparecida: “Los obispos, como personas y guías espirituales de las comunidades a nosotros encomendadas, estamos llamados a ‘hacer de la Iglesia una casa y escuela de comunión’…en la cual todos se sientan acogidos como en su propia casa” (188).

Con toda responsabilidad me atrevo a decir que, hoy por hoy, no se vislumbra esa posibilidad, debido a que no hay quien asuma ese liderazgo, no hay quien se atreva a enfrentar a sus hermanos y fraternalmente hacerlos conscientes que los negativos efectos colaterales del “caso Karadima”  vinieron a quedarse, por lo tanto, los daños ocasionados todavía no los asimilan, no los ven como perjudiciales para el funcionamiento de la común-unión de toda comunidad católica;  creo que están entrampados en el siglo pasado, no están a la altura de los tiempos, ni en capacidad de gobernar, servir y guiar. Están con ceguera y sordera crónica, no ven el dolor y el sufrimiento que han ocasionado a un país entero y a una ciudad como Osorno en particular, siguen porfiando en sostener lo insostenible.

No ven más allá de lo que dice y hace don Juan Barros, no sé si no les interesa o no quieren ver que el Rebaño no tiene Aprisco, por lo tanto, no tiene Pastor, una comunidad que sufre por ser ignorada, por no ser escuchada y por las  malas decisiones de quienes se supone deben resguardar la integridad, la paz, la comunión eclesial y, por sobre todo la tranquilidad de sus ovejas, Ellos son quienes deben apacentar el rebaño. No podemos olvidar que es la Diócesis y la Parroquia el lugar “privilegiado de la comunión”, esa máxima de convivencia fraterna ha de ser la guía maestra de un buen Pastor, no otra consideración interesada.

Veo con mucha preocupación que no se visualiza el tema de fondo; desde una óptica laical, es la Iglesia de Jesús a quien tenemos que cuidar y potenciar, todos los integrantes de esta comunidad que es la Iglesia somos reemplazables y si es por un bien mayor, como la de volver a vivir en Paz y Comun-unión, con mejor razón. Con esto quiero decir que si hay uno de nosotros, que está cuestionado y que nadie lo quiere, que nadie respeta, entonces; ¿es más fácil disolver , dividir y confundir al rebaño, que buscar un buen Pastor que reúna y conduzca, amablemente, a sus seguidores haciéndose visible, confiable y respetable?

La coyuntura eclesial, pastoral descrita, hoy día con el Obispo Barros es imposible e irreversible, porque vive en las catacumbas, es imperceptible e invisible, no pastorea, tiene dividida a toda las comunidades en general, esto deben entenderlo los que por sus méritos, en estos momentos están en cargos de confianza, que se supone que están para resolver  y enmendar errores diocesanos graves, a ellos les pido que miren con mayor seriedad y responsabilidad el problema que nos aqueja como Diócesis, que no sigan minimizando hechos graves que claman al cielo, tomando superficialmente todo lo que involucra el “caso Barros”, si se corrigen en su error de seguir sosteniendo a un Obispo impuesto, será un bien para la Iglesia Católica chilena y mundial, también para La ciudad de Osorno.

Hoy, en nuestra diócesis de Osorno, hemos de tener presente lo que nos señala el evangelio de Juan que nos interpela al hablar de la relación de las ovejas con su pastor: Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas”. Sólo Dios es el pastor supremo del pueblo. El cuidado de sus fieles no se reduce a guiar, predicar y enseñar, sino que está llamado a dar la propia vida: El pastor ama a las ovejas con amor total. En cambio, “el asalariado, el que no es pastor dueño de las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye -y el lobo las arrebata y las dispersa-, porque es asalariado y no le importan las ovejas“.

Danilo Andrade Barrientos   –   Laico Ignaciano

O S O R N O

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