|Viernes, Mayo 24, 2019
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Objeción de Conciencia de un Cristiano 

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“Todas las botas guerreras que resonaron en la batalla, y toda la ropa teñida en sangre serán arrojadas al fuego, serán consumidas por las llamas” (Isaías 9:5-7).

Junto con la presentación de los certificados médicos y el certificado de alumno regular con la tarjeta de rendición de la PSU, les presento mi humilde objeción de conciencia, pues no quiero, no debo y no puedo tomar un fusil ni enlistarme en el ejército.

Soy Cristiano, y como tal, sigo la palabra de Jesucristo, hermano por el Don de la carne que nos invita a seguir su mensaje de; paz, amor, justicia social y liberación. Mi camino en la fe y mi conexión con Dios es aquel. Se anunció –el mismo profeta Isaías, anteriormente citado- que todas las armas y cualquier implemento militar ha de ser eliminado cuando venga el Mesías, pues este sería la salvación y redención del pueblo de Dios, el cual no es exclusivamente el hebreo o el que sigue una interpretación de la Biblia en específico, por el contrario, son todos; musulmanes, hindúes, ateos, etc. Todos son hijos del Señor, todos y todas hechas a su semejanza, por ende hermanos. Ningún pueblo debería tener ejército, las fronteras deben borrarse, los miedos y odios olvidarse, siempre ha sido tiempo para el perdón y la solidaridad entre todos los pueblos.

Un cristiano no puede servir al ejército de una nación, solo puede estar afiliado a las legiones de Dios, las cuales no son violentas ni armadas, solo usan la palabra y concretan la acción apostólica, vale decir, la prédica de la buena noticia y la realización del llamado a justicia social del Jesucristo hijo de carpintero, palestino y moreno.

La existencia de ejércitos, a pesar de todas las cosas buenas que pueden significar para cualquier país, son la representación de la enemistad ganada por la ambición que condeno la construcción de la Torre de Babel, son la manifestación del miedo y desconfianza entre los hijos de Dios. En cambio el camino de la Paz y el Diálogo, el único camino que debe existir, es el que sigue el buen cristiano, el camino que busca derribar muros, abrir fronteras, bajar las armas, perdonar y amar a todos por igual, sin importar su raza, género, sexualidad, origen o nacionalidad. Un cristiano no cree en la industria de las armas, no cree en los ejercicios militares para prepararse para la guerra ni mucho menos cree en la guerra entre pueblos. Solo hay un camino, el del Amor por el Prójimo, el fin de las armas.

El Ministro Cristiano Bautista, Martin Luther King, dijo en su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz:

“Creo que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán la última palabra en la realidad. Por eso creo que el bien, temporalmente derrotado, es más fuerte que la maldad triunfante”. (10 de diciembre de 1964).

El amor es el poder más duradero del mundo. Esta fuerza creativa, tan bien ejemplificada en la vida de nuestro Cristo, es el instrumento más potente disponible en la búsqueda de la humanidad por la paz y la seguridad, no las armas, no los ejércitos, no la represión, no las guerras.

Creo que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán la última palabra.

Alonso Ignacio Salinas Garcia

Presidente Juventud Izquierda Cristiana.

Columnista de “Reflexión y Liberación” y “Redes Cristianas”.

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