|Miércoles, Mayo 22, 2019
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En Memoria del Cardenal Martini / José Aldunate, SJ 

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Estimados lectores: Este 23 de diciembre se cumple un nuevo Aniversario de la Ordenación Sacerdotal del Padre José Aldunate, SJ. Por este motivo les ofrecemos este bello artículo de Padre Pepe recordando el profético legado de su compañero Jesuita el Cardenal Carlo María Martini. Escrito en 2012 expone muy bien su estilo y compromiso por una Iglesia liberadora y servicial… Padre Pepe sigue muy bien atendido en la Residencia Jesuita de Santiago de Chile a sus 100 años de valiosa y fructífera existencia… (Nota de la Redacción).

Un hombre del diálogo, nos dejó unas palabras postreras como testamento que incluiré en este artículo donde doy una semblanza de él.

 Carlo María Martini, nació en 1927 en Turín. Bien joven se consagró a Dios entrando en la Compañía de Jesús. Se dedicó a los estudios bíblicos en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma y Jerusalén (llegando a ser director del Instituto). En 1980 el Papa Juan Pablo II, a comienzos de su pontificado,  lo nombró arzobispo de Milán, la segunda diócesis en importancia después de Roma, la diócesis del Papa Juan Pablo II.

Tomó un lema para su arzobispado “Propter veritatem adversa diligere” (Por razón de la verdad emprender cosas difíciles y adversas). El cargo de Arzobispo de Milán era sin duda pesado, le imponía obligaciones difíciles de asumir para un joven biblista. El Papa Juan Pablo II y Martini tenían posiciones muy diferentes sobre lo eclesiológico. Martini era un apóstol de dialogo, mantuvo un dialogo prudente, respetuoso y firme en sus posiciones abiertas al mensaje del Concilio Vaticano II. Fueron años difíciles y de situaciones complejas, dialogando con mucho respeto y prudencia con las opiniones y enunciados oficiales de Roma, como se revela en su obramos “Coloquios nocturnos en Jerusalén.” Tuvo diálogos muy enriquecedores con los agnósticos e instituyó un secretariado para los no creyentes. Conocido es el diálogo que sostuvo con Humberto Ecco “Que creen los que no creen en Dios”. Dialogó con los jóvenes. A través de estos diálogos se ponía en contacto con el mundo moderno y abrió su diócesis a este dialogo que fue tan básico en el Concilio Vaticano II.

Anteriormente, en su paso por el Bíblico de Roma, pudo dialogar con la moderna hermenéutica bíblica inspirada por autores protestantes, que nos ha enseñado a interpretar el lenguaje particular de las escrituras más allá de todo literalismo y comprender cómo el mensaje de Dios se transmite por el lenguaje humano y cómo hay que interpretar el sentido de la palabra de Dios.

Se desempeñó en el arzobispado hasta el 2002. En Roma, en el último conclave después del fallecimiento del Papa Juan Pablo II, recibió varios votos para suceder al papa, pero ya estaba enfermo y se retiró a Gallarate en la enfermería de los Jesuitas en el 2005. Falleció en Italia a primeros de septiembre del 2012.

Antes de morir, el 8 de agosto, dio a conocer un último legado. Unas respuestas que revelan su pensamiento último, postrero, definitivo, sobre temas tan importantes como la situación de la Iglesia y lo que él soñaba para que la Iglesia pudiese continuar con su gran misión de anunciar el mensaje de.

Quisiera prologar este mensaje que reproduciremos a continuación. Antes reproduciré las palabras del Papa a la muerte de nuestro Cardenal. Allí recordaba el lema que acompañó al Cardenal durante sus largos años como Arzobispo de Milán.

Mensaje del Papa en los funerales del Cardenal Martini 

El cardenal Angelo Comastri, enviado del Santo Padre en las exequias del cardenal Carlo María Martini, S.J., arzobispo emérito de Milán, leyó  en el curso de la ceremonia fúnebre el mensaje que el Papa escribió a la arquidiócesis de Milán, a la Compañía de Jesús, a los familiares y a “todos cuantos lo han amado, estimado y han querido acompañarle en su último viaje”.

“Las palabras del salmista: ‘Lámpara para mis pasos es tu palabra, luz en mi camino’ ‑escribe Benedicto XVI‑ resumen la existencia entera de este pastor generoso y fiel a la Iglesia. Ha sido un hombre de Dios que no solamente estudió la Sagrada Escritura, sino que la amó intensamente, haciendo de ella luz de su vida para que todo fuera ‘ad maiorem Dei gloriam’, para la mayor gloria de Dios. Precisamente por eso fue capaz de enseñar a los creyentes y a los que buscan la verdad que la única Palabra digna de ser escuchada, acogida y seguida es la de Dios, porque indica a todos el camino de la verdad y del amor. Lo fue con una gran apertura de ánimo, sin rechazar nunca el encuentro y el diálogo con todos, respondiendo concretamente a la invitación del Apóstol de ‘estar siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza’. Lo fue con espíritu de caridad pastoral profunda, según su lema episcopal ‘Propter veritatem adversa diligere’, prestando atención a todas las situaciones, especialmente a las más difíciles; cercano, con amor a quien se encontraba perdido, era pobre o sufría”.

“El Señor que ha guiado al cardenal Carlo María Martini en toda su existencia –concluye el Papa‑ acoja ahora a este incansable servidor del Evangelio y de la Iglesia en la Jerusalén del Cielo”.

Respecto al testamento que nos dejó, mi impresión es que en él el Cardenal, ya liberado de sus cargas y responsabilidades temporales, quiso expresar sus sentimientos más profundos, más íntimos sobre la Iglesia, sobre la tarea que nos queda, sobre los caminos que debemos tomar. La Iglesia está atrasada 200 años, dijo y recordó las brasas que están tan recubiertas de ceniza que a veces hacían difícil recuperar la esperanza. ¿Cómo descubrir esas brasas? ¿Cómo liberarlas de la ceniza? Nuestro Cardenal propone que el Papa escoja a doce hombres libres y decididos que puedan rehacer y consolidar los fundamentos de la Iglesia. Parece que su última preocupación es con la familia cristiana tan amenazada hoy y cómo acudir a remediar las nuevas formas que la familia ha ido tomando en estos días a través de matrimonios bastante debilitados, segundos matrimonios muchos de ellos, y lanza una idea atrevida de que los sacramentos de la Iglesia podrían ser no tanto signos de confirmación de una cristiandad ideal cuanto signos del amor de Dios por remediar la debilidad de tantos cristianos.

A continuación expongo el último escrito del Cardenal, fechado el 8 de Agosto del presente año, su testamento.

 La Iglesia está atrasada 200 años

“¿Por qué no se sacude?, ¿por qué tenemos miedo?”

El Padre Georg Sporschill, el jesuita que lo entrevistó en “Coloquios nocturnos en Jerusalén”, y la periodista Federica Radice tuvieron con él una conversación el pasado 8 de agosto: «Una suerte de testamento espiritual. El Cardenal Martini leyó y aprobó el texto».

¿Cómo ve Usted la situación de la Iglesia?

«En la Europa del bienestar y en Norteamérica la Iglesia está cansada. Nuestra cultura ha envejecido, nuestras iglesias son grandes, nuestras casas religiosas están vacías y el aparato burocrático de la Iglesia aumenta, nuestros rituales y nuestros vestidos son pomposos. ¿Reflejan estas cosas lo que somos actualmente? (…) El bienestar pesa. Nos encontramos como el joven rico que se marchó triste cuando Jesús lo llamó para hacerlo discípulo suyo. Sé que no podemos desprendernos de todo con facilidad, pero al menos podríamos buscar hombres que sean libres y más cercanos al prójimo. Como lo fueron el obispo Romero y los mártires jesuitas de El Salvador. ¿Dónde están entre nosotros los héroes en lo que inspirarnos? No podríamos por ninguna razón imitarlos con los vínculos de la institución».

¿Qué puede ayudar a la Iglesia hoy?

«Al Padre Karl Rahner le gustaba usar la imagen de la brasa que se esconde bajo la ceniza. Yo veo en la Iglesia de hoy tanta ceniza sobre la brasa, que a veces me asalta una sensación de impotencia. ¿Qué hacer para librar la brasa de la ceniza, de modo que pueda revigorizar la llama del amor? Ante todo debemos buscar esa brasa, preguntarnos: ¿Dónde están aquellas personas llenas de generosidad como el buen samaritano, o con fe como el centurión romano, o entusiastas como Juan Bautista, o que se atreven a lo nuevo como Pablo, o son fieles como María Magdalena? Yo le aconsejo al Papa y a los obispos que busquen doce personas fuera de lo común para los puestos de dirección. Hombres que se muestren cercanos a los más pobres, que se rodeen de gente joven y experimenten cosas nuevas. Tenemos necesidad de confrontarnos con personas que ardan para que el espíritu pueda difundirse por todas partes».

¿Qué instrumentos aconseja contra el cansancio de la Iglesia?

«Sugiero tres muy importantes. El primero es la conversión: la Iglesia debe reconocer sus propios errores y recorrer un camino de cambio radical, comenzando por el Papa y por los obispos. Los escándalos de la pedofilia nos empujan a emprender un camino de conversión. Las preguntas sobre la sexualidad y sobre todos los asuntos que competen al cuerpo son un ejemplo. Son cuestiones importantes para todos y a veces incluso demasiado importantes. Debemos preguntarnos si todavía la gente escucha los consejos de la Iglesia en materia sexual. ¿La Iglesia es todavía en este campo una autoridad de referencia o sólo una caricatura en los medios?

El segundo instrumento es la Palabra de Dios. El Concilio Vaticano II hay restituido la Biblia a los católicos. (…) Sólo quien percibe en su corazón esta Palabra puede formar parte de aquellos que ayudarán a la renovación de la Iglesia y sabrán responder a las preguntas de la gente con opciones justas. La Palabra de Dios es sencilla y busca la compañía de un corazón que escuche (…). Ni el clero ni el Derecho Canónico pueden sustituir a la interioridad de la persona. Todas las reglas externas, las leyes, los dogmas nos son dados para aclarar la voz interior y para el discernimiento.

¿Para quién son los sacramentos? Estos son el tercer instrumento de curación. Los sacramentos no son un instrumento para la disciplina, sino una ayuda para las personas en los distintos momentos del camino y en las debilidades de la vida. ¿Llevamos los sacramentos a los hombres que necesitan una nueva fuerza? Pienso en todos los divorciados y en las parejas vueltas a casar, en las familias ampliadas. Todos ellos tienen necesidad de una protección especial. La Iglesia sostiene la indisolubilidad del matrimonio. Es una gracia cuando un matrimonio y una familia se logran (…). La actitud que tengamos con relación a las familias ampliadas determinará la cercanía a la iglesia de las generaciones de hijos. Una mujer ha sido abandonada por el marido y encuentra un nuevo compañero que se ocupa de ella y de sus tres hijos. El segundo amor se logra. Si esta familia es discriminada, se está echando fuera no sólo a la madre sino también a sus hijos. Si los padres se sienten alejados de la Iglesia o no sienten su apoyo, la Iglesia perderá a la generación futura. Antes de la comunión rezamos: “Señor, yo no soy digno…”. Sabemos que no somos dignos (…). El amor es gracia. El amor es un don. La pregunta de si los divorciados pueden comulgar debería plantearse al revés. ¿Cómo puede la Iglesia salir con la fuerza de los sacramentos en ayuda de quien vive una situación familiar compleja?»

¿Qué hace Usted personalmente?

«La Iglesia se ha quedado retrasada 200 años. ¿Cómo no se sacude? ¿Tenemos miedo? ¿Miedo en vez de coraje? Pero sabemos que la fe es el fundamento de la Iglesia. La fe, es decir, la confianza, el coraje. Yo estoy viejo y enfermo, dependo de la ayuda de los demás. Las personas buenas en torno a mí me hacen sentir el amor. Este amor es más fuerte que el sentimiento de desconfianza que a veces percibo respecto a la Iglesia en Europa. Solo el amor vence al cansancio. Dios es Amor. Y ahora yo tengo una pregunta para ti: ¿Qué cosa puedes hacer tú por la Iglesia?».

Publicado en Revista “Reflexión y Liberación” – Nov. de 2012

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