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Sería un gesto de gran sabiduría y de gran amor a la Iglesia que renunciaras… 

Bentue

Publicamos esta importante Carta con la debida autorización del profesor de la PUC, don Antonio Bentué, respetando un tiempo prudente de conocimiento y posible respuesta del Obispo don Juan Barros Madrid (N de la R).-                                                                                                               

Santiago, 12 de octubre, 2017

Mons. Juan Barros Madrid 

Obispo de Osorno.                                                                                                                                                     

 Estimado Obispo Juan:

Es la segunda vez que me atrevo a dirigirte una carta. La primera fue en marzo de 2015, cuando estabas recién nombrado como obispo de Osorno y no habías aún asumido ese cargo. Hacía ya un tiempo que la situación vinculada a Karadima se había destapado y ello había salpicado sus consecuencias a diversos eclesiásticos vinculados al padre Karadima. Sobre todo a los tres últimos obispos salidos del Bosque (Mons. Valenzuela, Koljatic y Barros), dejando de lado a Mons.Andrés Arteaga que ya había tenido que renunciar como Pro-Gran Canciller de la UC y después desgraciadamente enfermó en forma grave. Diversas conversas y experiencias compartidas en comunidades católicas,  incluyendo a muchos sacerdotes y religiosos amigos, respecto a esa situación, me hicieron sentir que no podía “correrme” de mi responsabilidad en hacerles saber a Ustedes tres lo que me parecía muy claro, y es lo que les transmití en una carta del 17 de marzo del 2015, aconsejándoles, por el bien de la Iglesia, su renuncia al carácter de obispo titular en las respectivas diócesis. Y a ti especialmente para que renunciaras a asumir como obispo de Osorno antes que fuera demasiado tarde. No fui el único que te lo aconsejó. Y al mismo tiempo le mandé copia de esa carta tanto al Sr. Nuncio, como al Cardenal Ezzati quien me respondió  con una carta muy amable diciéndome que lo que yo había hecho era una actitud evangélica.

Pero la situación no cambió para nada y ha ido empeorando particularmente en Osorno, con  una diócesis dividida y en tensión. Ahora te escribo, pues, de nuevo, dado que hay una situación también nueva que hace esa petición necesaria mucho más urgente. En enero viene a Chile el Papa. Es un Papa especialmente querido por la gente, a pesar de que en muchísimos, no sólo osorninos sino de todo Chile, hay una pena debido a que ese mismo Papa te haya nombrado obispo titular de Osorno y tenga una idea de la situación tan distorsionada. Sin duda que en Osorno se han producido gestos desafortunados, por desesperación, de un grupo de fieles en la catedral. Pero uno no puede quedarse con ello para deslegitimar su demanda, como para de esta manera “tapar la olla”. El problema es que ahora, con la venida del Papa, temo que se va a reavivar más la herida tapada y no resuelta. Sé que amas al Papa, como lo has expresado tantas veces, y que amas a la Iglesia de Jesús. Y veo claro que sería un acto de evidente amor al Papa y a la Iglesia el que renunciaras a la titularidad episcopal antes que él venga. Le harías así  un enorme favor de comunión tanto a él como a nuestra Iglesia de Chile tan golpeada. De lo contrario les harás un daño muy doloroso por ensombrecer esa venida apostólica, especialmente de este Papa tan querido por toda nuestra gente, muchísimos de los cuales no entienden cómo puedes seguir porfiadamente sin renunciar, amparándote en la obediencia al Papa a quien pones en una situación imposible, que está en tus manos solucionar.

Sería un gesto de gran sabiduría y de gran amor a la Iglesia que renunciaras, no por reconocerte culpable de haber amparado a Karadima. Eso queda únicamente en tu conciencia ante Dios. Y no veo que ahora sea lo decisivo. Lo decisivo es tu  vinculación muy cercana a Karadima y las sospechas fundadas que ello objetivamente ha provocado y sigue provocando en muchísima gente de iglesia. Es eso lo que, quieras o no lo quieras, constituye la herida en el corazón de nuestra Iglesia que no sanará ni cuando Karadima muriera, si no ha habido los gestos que ahora resultan más necesarios que nunca: Renunciar tú y, junto con ello, instar tu mismo al    P. Karadima para que pida públicamente perdón al Papa y a la Iglesia de Chile por el tremendo mal que le ha hecho, incluyendo en ello el tener que renunciar tú para colaborar en la cura de esa herida.

Esos gestos serían sin duda el mejor servicio pastoral que pudieras ofrecer a la Iglesia y al Papa, convirtiendo así el escándalo en el que, quieras o no quieras, estás involucrado, en un “testimonio evangélico creíble”.

Con toda humildad y animado de Esperanza, te lo aconseja encarecidamente tu antiguo profesor,

  Antonio Bentué

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