|Viernes, Agosto 7, 2020
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Carta Reservada 

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Es una frustración llegar a conocer una carta del Papa a los obispos por un canal de televisión.

El hermetismo que rodeó la reunión de los obispos desilusiona. El gran público merecía conocer esta  invitación del Papa a centrar todo el tema de la corrupción eclesial chilena en torno a Cristo. Lo que se ha podido leer de esta carta (todavía poco divulgada)  es en realidad una voz profética sorprendente  para nuestro tiempo. No se entiende lo que pueda haber justificado esta reserva fallada a favor de los obispos, sus destinatarios cuando ellos son la  elite que por lo demás este texto  critica severamente.

Menos mal que no se denegó su autoría. El aprovechamiento del canal televisivo al publicarla podría haber servido para centrar el problema pero la maniobra  llevó a tergiversar lo esencial de este mensaje  recalcando solamente unas notas escandalosas en bajo de página.

La reunión se realizó secretamente y no se conoce cómo se llegó a concluir  con una presentación de renuncias generales de todo el episcopado chileno. Insólita decisión, fuera de toda tradición eclesial, esta táctica  tiene un  pésimo resultado porque empareja a todos los obispos  en la responsabilidad de los problemas. Esto refleja un episcopado sin liderazgo, callado y bien  pasivo. 

Con realismo, hay que pensar que algunos obispos tendrán la tarea de seguir encabezando sus diócesis, que deberán reconstruir la confianza de la feligresía y abrir camino de renovación. Se confinó  en el silencio  a los que podrían haber aportado  unas palabras alentadoras y de esperanza. La culpabilidad social en distintos grados es de todos, de obispos, curas y laicos, (no hay que olvidarlo). El llamado a la conversión, a volver a centrar los problemas en torno a Cristo  es para todos. Pero que no haya habido ninguno que haya podido hablar positivamente es muy lamentable. La declaración general  al final  de la reunión disimula los más culpables, su decisión general de renunciar deja todo a que lo solucione el Papa. Esto deja un vacío que difícilmente se podrá solucionar. El Papa difícilmente puede ser “profeta”, “fiscal”, “abogado defensor”, “juez” y “ejecutivo”.

Se aprehende que siga el secretismo tradicional de los obispos vueltos a sus cargos, sus predicas arrepentidas, sus conversaciones confidenciales con sus sacerdotes, esas prudentes estrategias de los planes pastorales diocesano, sus asesores y consejeros concedentes. ¿Cómo creer en cambios sino se programan públicamente, si no se conocen los que se comprometen en ellos  y  si no se someten las acciones a las averiguaciones públicas?  Romper el hermetismo,  optar por la transparencia,  esto es urgente por enfrentar los problemas actuales de la Iglesia.

Vale la pena meditar Lucas (8,16ss):  “Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de su lecho, sino que la pone sobre un candelabro para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues  como oyen porque al que tenga, se le dará y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará. “

También (Mateo 10, 26ss)  nos reporta palabras parecidas de Jesús.: “No les tengan miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto… lo que les digo en la oscuridad, díganlo ustedes a la luz y lo que oyen, proclámenlo desde los terrados…”.

Paul Buchet

Nota de la Redacción: La Carta también está publicada en: www.reflexionyliberacion.cl

 

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