|Martes, Octubre 16, 2018
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Delincuentes, Enfermos o Pecadores 

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Las denuncias, las acusaciones, las formalizaciones, y los encarcelamientos de sacerdotes abren unas nuevas problemáticas para los cristianos.

En el pasado el silencio de las familias y de las comunidades, la excesiva respetabilidad civil para las instancias religiosas junto con el encubrimiento de los representantes de las instituciones eclesiales ( I.E.) permitían que se disimulasen la pederastia, los abusos de poder, las violaciones y las corrupciones de cuantos sacerdotes y religiosos.

La sociedad ha cambiado, nuestros contemporáneos se pusieron más libertarios, más autónomos, más pragmáticos y la catolicidad entró en decadencia principalmente por la merma de vocaciones religiosas y sacerdotales. El pueblo cristiano quedó desatendido y mantenido en creencias y practicas inadaptadas al mundo postmoderno. El clero perdió su clase y su prestigio.

Sorprende hoy día que unos sacerdotes abusadores pasen a ser “delincuentes” y que deban responder delante las leyes como todos los ciudadanos. La Institución eclesial ( I.E), ella también, tiene sus leyes (su código de derecho canónico) pero con la diferencia que no está en sus registros hacer justicia como lo puede hacer la justicia civil que castiga represivamente a los delincuentes para refrenar los delitos y también buscar indemnizar a las víctimas. Lo más que hace la I.E, es suspender de sus funciones los culpables ( medida administrativa) y si estos permanecen en su vida clerical o religiosa se los recluye en una vida marginal temporalmente o de por vida. A estas diferencias entre las reacciones civiles y religiosas delante los delitos deberemos añadir los conceptos de “pecado”, de perdón de los pecados, de la misericordia divina que la fe cristiana introduce en esos procedimientos. Esto trae confusiones que llevan a encubrir y amparar los delitos. Será necesario plantear unas reflexiones suplementarias.

Antes de todo , hace falta hacer la diferencia entre la “moral” que puede ser de una religión (cristiana u otra) o aún de alguna filosofía particular y una “ética” “social” que consiste en un consenso democrático de valores básicas que se expresan en el código civil. Los países elaborando sus leyes, por ejemplo, pueden considerar “crimen”, el aborto en general pero a su vez despenalizarlo en algunos casos. El valor de la vida por nacer es la “moral” pero, para algunos abortos, el Estado, por los cambios sociales, puede declararlos “no delitos”.

Respecto a los abusos del clero, hace falta recordar que existía en el pasado la opinión popular que las I.E. controlaban rigurosamente la moralidad de sus ministros y de los religiosos. Por esto los Estados, ellos mismos, aun cuando se separaron de la Iglesia siguieron confiando exageradamente en la honorabilidad eclesial y la virtud religiosa. Se destaparon escándalos incontrolables en las filas clericales y religiosas que ni las direcciones de conciencia, ni las vigilancias espirituales ni las medidas administrativas (los traslados) lograron frenar.

Y no fueron las autoridades de las I.E. que reaccionaron, fueron las victimas mismas que decepcionadas de la ineficacia y de los encubrimientos de los jerarcas eclesiásticos alertaron los Medios de comunicaciones y la opinión pública. Intervino el mismo Vaticano y es entonces cuando la misma justicia civil empezó a enfrentar ella también esta pandemia de delitos de abusos a menores de edad. Correspondía que los pederastas fueran debidamente identificados, sentenciados y castigados por encarcelamiento como medida ejemplarizadora y se aconsejó abrir juicios civiles en su contra para indemnizar a las víctimas. Se abrió a demás las posibilidades de establecer responsabilidades institucionales por encubrimiento.

Los abusadores son delincuentes, ¿serán también “enfermos” Se conocen enfermos esquizofrénicos que asesinaron y a quienes no se enjuicia por irresponsabilidad. ¿Qué hay de la salud mental de los pederastas y violadores?¿A caso puede haber algo genético, algo de enfermedad degenerativa? o ¿Son acaso desviaciones aprendidas socialmente? Es cierto que nuestra sociedad es muy erotizada, que hay muchas licencias, pornografía…que el sexo habiendo perdido gran parte de sus funciones procreativas esta como desorientado. Los abogados de estos malhechores podrán buscar defenderlos de una u otra manera para disminuir sus responsabilidades personales. Y los críticos de las I.E. pueden acusar el sistema religioso imperante de haber provocado y alentado estos vicios. Se podrán denunciar el celibato impuesto, la mala formación de los ministros y la moral inadaptada, la falta de un seguimiento psicológico, algunas prácticas y ritos penitenciales contraproducentes. Algunos predicadores se aprovecharán para condenar lo mundano y lo diabólico de nuestra sociedad.

En la Iglesia católica se habla muy fácilmente de “pecado, de perdón, de la misericordia divina. Los sacerdotes abusadores, son” pecadores”… Fácilmente se dirá que todos somos pecadores, por esto está el perdón y la misericordia de Dios. Hasta se escucha del mismo cardenal Ezzati una conmiseración por los curas abusadores. Debemos aclarar esta noción de pecado que es muy tergiversada. Fue demasiado y malamente aprovechada por las religiones.

Hay tendencias humanas que contradicen la vida. Hay tropiezos, errores y equivocaciones, fallas que ocurren con una cierta fatalidad en nuestra existencia personal y en la de todos los hombres de todos los tiempos. Entre cristianos compartimos la comprensión de la vida que incluye la “inclinación al mal” como una debilidad propia nuestra. Por ejemplo el niño a los 5 años hace la experiencia que llega a mentir en alguna ocasión y percibe que mentir no está bien. La mitología bíblica, después de los relatos de creación, hablaron del “pecado original” para explicar que no es de Dios que existiera el mal. El mal es el revés de la vida. Existe el mal que ocurre y el mal que se comete, éste, es de evidente responsabilidad humana. Nuestros antepasados de la Biblia antigua describieron el pecado como un distanciamiento de Dios, un desconocimiento de Él.

Los fracasos de la vida, las enfermedades, las derrotas y hasta los cataclismos los interpretaron como mancomunados con los pecados obrados por los hombres. Vale la pena leer el Antiguo Testamento para descubrir como enfrentaron esta existencia del Pecado. El pecado fue descrito como traición del pacto con Dios, como deuda u ofensa, fue considerado como lepra que necesita purificación y sacrificios de expiación. Los testimonios de los apóstoles en el Nuevo Testamento nos revelan la postura de Dios frente a la realidad del pecado. Dios se hizo hombre y Jesús por su muerte y resurrección nos abre el camino de salvación para salir del enredo nuestro del Pecado. San Pablo habla ampliamente del tema en sus cartas. La oración que nos dejó Jesús resume maravillosamente la situación del cristiano en sus dos últimas peticiones: “Padre nuestro… perdona nuestros pecados como perdonamos…no nos dejes metidos en tentación y líbranos del mal”.

Para hablar de los pecados personales de los abusadores de niños en las filas del clero tenemos que volver a leer la parábola del buen pastor y de los pastores asalariados. Podemos poner nombres a los seudo-pastores, los asalariados que dejaron entrar el lobo en el corral de las ovejas. La parábola nos explica que la pederastia es el lobo que entró en el corral y es el sistema de mercenarios lo malo que da pasada el lobo para dañar las ovejas. San Juan (10 ,7ss) recuerda esas palabras de Jesús porque debe haber conocido los mismos descuidos de los responsables de las comunidades de la época. Dos mil años después son las mismas irresponsabilidades institucionales que provocaron las corrupciones. Las prácticas clericales del ministerio sacerdotal necesitan cambios radicales repitámoslo.

Más que establecer culpabilidades por los pecados, son algunas maneras de creer en Dios que debemos rectificarse. Dios no tiene “corazón de abuelita”. Se dice que Dios perdona y lo entendemos torpemente como si hiciera la vista gorda sobre nuestros pecados y el pecado del mundo pero No…No y No. Dios “salva”, vale decir que se la puede para liberarnos del pecado. Nos puede transformarnos y santificarnos. Los católicos creemos en el poder de Dios, en su palabra que convierte, en sus sacramentos que vivifican. Dios “perdona”, esto no quiere decir que se olvida de nuestros pecados, a lo contrario: Él aprovecha nuestra toma de conciencia de los pecados para darnos su fuerza para superar nuestras debilidades.

No nos confundamos con nuestros “Ten piedad…, Misericordia… ” Dios no es bonachón, Dios es Fuerte, Él solo se la puede con la maldad nuestra y la del mundo. La cristiandad tiene toda la razón de escandalizarse de los abusos de sacerdotes porque esos pecados son gravísimos, porque son hechos a niños pero mucho más graves son todavía lo son porque dan una falsa imagen de Dios. No aman ni a Dios, ni al prójimo quien llega a cometer estas atrocidades. Si no son locos, hay que decir que no tienen ni un poquito el Espíritu de Dios para llegar a estas aberraciones. Son responsables los autores de esos hechos de haber perdido la buena fe, de haberse convertidos en asalariados, “funcionarios religiosos. Responsables también quienes los engañaron en este rol, los mantuvieron en sus cargos. Igualmente responsables las comunidades que se dejaron dirigir por viciosos. No está el Espíritu de Dios, en los malhechores tampoco en los que presenciaron y no dimensionaron sus yerros, los toleraron.

La severidad que se tiene no va contra las personas, sino en la defensa de Dios mismo, de su gracia, de su poder y de la eficacia de confiar en Él. En estas perversiones de la Iglesia chilena, no hay cristiano que pueda declararse inocente y el llamado a la conversión es general.

Es cierto que todos, de por vida, seguimos en deuda con Dios. La santificación no es milagrosa, es un camino de corrección constante no sólo personal sino también comunitaria. La gracia de Dios es eficaz, si no percibimos mejoría progresiva en nuestra vida es que nuestra fe es de la boca por afuera. Si la comunidad no progresa, tampoco está en el buen camino.

El escándalo que los abusos manifestaron en el gran público revela paradojalmente las expectativas que existe en el recurso divino para superar el Mal. La gente querría encontrarlo en el ámbito de la Iglesia católica los medios de conseguir la gracia divina. Vivió la dura experiencia que el poder de Dios fue traicionado, su nombre ha sido blasfemado los “pedir perdón” no arreglaran las cosas si no producen reformas serias para que los ministerios, las predicas, los sacramentos, las oraciones… no sigan vanas, o peor, malignas.

Muchas prácticas que existieron y desaparecen de a poco porque resultaron ineficaces, deben ser reformadas con urgencia, deben ser reinventadas para asegurar un nivel correcto de moralidad en las comunidades, para que Dios sea santificado, su Reino venga, su voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo y que el mundo crea.

Paul  Buchet

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”

 

 

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