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Liderazgo ¿Cristiano? 

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Hace unos días se me invitó a una charla donde se expuso sobre “liderazgo cristiano”. La instancia fue ocasión para reflexionar sobre qué ocurre cuando convocamos a ambos conceptos en un mismo lugar.

Si bien el concepto de liderazgo se reconoce desde sociedades muy antiguas, es durante el siglo XX donde éste alcanza un desarrollo conceptual como tal[1]. Es en este punto donde, me parece, debe ponerse el primer resguardo: resulta tentador, y en los hechos ocurre muy a menudo, el ocupar términos actuales aplicados a épocas remotas, omitiendo en esta operación contextos y situaciones históricas, políticas, sociales, etc. Al hablar de “liderazgo cristiano” creo que es precisamente lo que ocurre: tratar de explicarnos el actuar de Jesús mediante un concepto que resulta actual, atractivo e innovador.

Mas, en los hechos, Jesús estuvo alejado de un concepto así. Si atendemos a lo que nos sugiere la RAE por liderazgo, ésta enfatiza en la situación de superioridad en que se halla una institución u organismo por sobre otro, en cualquier ámbito[2]. Pensemos en la circunstancia socio – política que tuvo que enfrentar Cristo, regida principalmente por relaciones autoritarias y excluyentes (especialmente de los más desposeídos como mujeres, niños, leprosos, paralíticos, etc.), donde cualquier asomo de liderazgo implicaba ser jefe, autoridad; en otras palabras, a ejercer poder.  Bien sabemos que, si hay algo que Cristo NO tuvo, fue poder; de hecho fue el poder político – religioso el que lo condena a morir en cruz. Conocida es la hostilidad del propio Jesús a toda forma de poder o protagonismo social (Mc 9, 35; Mt 20, 16; Mt 23, 6-10). Instó a sus discípulos a que no contasen sus milagros (Mc 1, 43-4), precisamente para evitar el riego de erigirlo como un Mesías poderoso y espectacular. Tal vez el pasaje más decidor al respecto sea el que relata Juan (15, 14-15) donde Cristo declara a sus discípulos como “amigos” antes que “sirvientes” pues el siervo no sabe lo que hace su señor. Entonces ¿qué tiene que ver concebir a Jesús como un líder si, antes que gente a su cargo, Él quiere un grupo de “amistades”, que evite cualquier apego al poder y a la riqueza y se preocupe de los marginados de la sociedad de la época?

Humberto Maturana y Ximena Dávila, desde Matríztica, llaman a pasar de una cultura del liderazgo a otra del consenso y la colaboración[3]. Una gestión co – inspirativa que antes de asumir la autoridad y la obediencia, se base en el consenso, la reflexión, la participación y la co – responsabilidad. Afirman que nos hemos acostumbrado a que alguien nos diga hacia dónde debemos ir, marcándonos el camino. Antes de hablar de “líder”, entonces, ocupemos el término “guía”, el cual conoce el terreno donde vamos y nos ayuda a seguir cierta dirección. El guía es un servidor y no una autoridad, tal como el propio Jesús se autodenominó frente a quienes convivían con Él. Al leer estas líneas no puedo evitar relacionarlas con la última carta de Francisco al pueblo de Dios que peregrina en Chile[4] donde nos llama a “sacar el carnet de mayoría de edad espiritual”, a destacar que no hay cristianos “de primera, segunda o tercera categoría” y a que no tengamos miedo a ser protagonistas del cambio que la Iglesia necesita.  Antes que a “ser” o a “formar” líderes, el Papa nos pide volver a colocar a Jesús en el centro y, específicamente, en quienes son los privilegiados de Dios: el hambriento, el preso, el migrante y el abusado.

Ahondando en otras intervenciones del Papa Francisco, desde un principio éste les dijo a los obispos que fuesen, antes que líderes, “pastores con olor a oveja”, es decir, guías que conocen a quienes tienen bajo su responsabilidad y no simples administradores que no se involucran. Además, puntualizó que la iglesia debe ser “hospital de campaña”, cuyas 3 funciones principales son: curar sin preguntar ni juzgar, acompañar y confiar en la libertad de cada cual respecto a las decisiones que tome. Nuevamente, la necesidad de “líderes” no aparece.

Finalmente, cito una observación teológica: el cristianismo original NO ES una religión de poder. Antes bien, Dios se revela en el perdedor, en el crucificado, no en el “winner” o en el “líder”. La síntesis de esto es el propio Cristo, un carpintero de Nazareth que termina muriendo solo y desnudo en una cruz a manos del poder de su época. Así, Dios está con el débil, por lo que lo que vale es la misericordia, incluso a costa de perder poder, prestigio, influencia. Como bien se señala el poder “vence” pero no “convence”, sólo la misericordia convence[5].

A partir de lo anterior, me interrogo: ¿necesitamos “líderes cristianos”? ¿no sería mejor hablar de “colaboradores” o “amigos” de Cristo los cuales, en conjunto, contribuyan a construir el Reino de Dios en la Tierra? Y como reflexión final, ¿no deberíamos, en vez de tratar de “acomodar” la Buena Nueva de Jesús a terminologías actuales, el que ocurra precisamente lo contrario, esto es, que nuestra actual forma de mirar el mundo entre en sintonía con el Evangelio?

Felipe Espinoza Villarroel

Laico Comunidad Cristo Liberador Villa Francia

[1] Giraldo González, Naranjo Agudelo, “Liderazgo: desarrollo del concepto, evolución y tendencias”, Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia, 2014. Disponible en: http://repository.urosario.edu.co/bitstream/handle/10336/8672/1026275656-2014.pdf

[2] http://dle.rae.es/srv/fetch?id=NH60fdB

 

[3] Dávila, Maturana, “La gran oportunidad: fin de la psiquis del liderazgo en el surgimiento de la psiquis de la gerencia co – inspirativa”, Instituto de Formación Matríztica, Santiago, Chile, Diciembre 2007. Disponible en: https://revistaeggp.uchile.cl/index.php/REGP/article/view/14150/14453

[4] http://www.iglesia.cl/documentos_sac/31052018_1142am_5b1017d532c3f.pdf

 

[5] Bentué, Antonio, “La responsabilidad de los laicos en la iglesia”, charla en el Liceo Luis Ruthen, Talca, 15.12.2015.

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