|Viernes, Diciembre 6, 2019
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Palabras para una Vida Digna de Imitar: ¡Adiós Querido Pepe! 

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“Feliz al que ayuda el Dios de Jacob, quien pone a su esperanza en Dios su Señor, el que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto lo llena. El Dios que siempre permanece fiel, que hace justicia a los oprimidos y da pan a quien tiene hambre; el Señor ibera a los cautivos, el Señor da la vista a los ciegos, el Señor levanta a los abatidos, el Señor ama a los justos (Salmos 146:5-8).

            La revista “Reflexión y Liberación” fue fundada por José “Pepe” Aldunate y  Rafael Agustín Gumucio -ícono de la política chilena en el siglo pasado- hace ya más de 30 años, ya ambos descansan en la gracia. Pepe se nos fue el pasado 28 de Septiembre, merece más que unas pocas palabras.

Este sacerdote jesuita ejemplar fue más que un hombre de letras, un profesor de moral, fue quien comprendió la síntesis de la filosofía y la fe cristiana; la praxis de logos, ese logos que se hizo carne y no cualquier carne, la Carne de los miserables, los humildes y pobres para vivir y morir como los desechados y difamados.

Jose Aldunate Lyon, S.J. Vivió hermanado con Cristo, no por una comunicación sobrenatural o una iluminación inmediata –o no como la podemos imaginar los más pedestres-, vivió hermanado a su palabra que se hizo vida en tiempos de cambios radicales en favor del pueblo y posteriormente en la noche más negra; pero aun así vio emanar la luz de Dios como el agua de un manantial.

Nuestro mesías, Cristo, hermanado por el Don de la Carne, hecho obrero y campesino, que busca ser amado e imitado, es el Hijo de Dios Padre y Madre, aquel que murió por todos nuestros pecados, los cometidos, los que se cometían y cometerán, vivió en un acto mísero de la vida finita y sensible la eternidad incomprensible que es el amor, la verdad y la misericordia de Dios, nos regaló no solo la salvación, nos regaló un mensaje que trasciende los mantras repetitivos, el ascetismo ciego y el odio farisaico que confunde lo insignificante con lo primordial y lo primordial con lo insignificante. Ese Cristo, el verdadero, el que contempla en su doble naturaleza y lo ve como quiso ser visto, como el pobre que predicaba para los pobres; fue el Jesús de los oprimidos que conocía y amaba Pepe, como lo hizo san Alberto Hurtado, san Oscar Romero, san Francisco de Asís, san Tomás de Villanueva, san Camilo de Lelis, los mártires jesuitas del Salvador, Gerardo Poblete, Miguel  Woodward, Joan Alsina, Antonio Llidó y tantos otros y otras.

Por las obras seremos conocidos, y tu obra Pepe, tu obra junto a los trabajadores y pobladores como cura obrero –donde verdaderamente se encuentra Cristo y la misma Iglesia-, tu defensa de las y los torturados, tu resistencia pacífica signo de martirio, tu humildad, tu sacra humildad son el mayor testimonio que todo hombre y mujer podrá ver; irradiabas esa gracia y luz que tanto le gustaba a san Agustín de Hipona.

Pepe fue un teólogo de primera línea, no solo por una sana y digna vida contemplativa que lo encaminó a Dios, sino por una glorificante y bellísima vida de obras y acciones concretas donde vivió los mandatos del evangelio no por una utilidad para la salvación, sino por amor al prójimo y a Dios en el prójimo. ¡Vayan y cuenten su historia! ¡Vayan e imiten a Pepe! ¡Vayan y hagan suyo el lema jesuita: En Todo Amar y Servir!

Como tú, Pepe amigo y compañero, viviremos desde las poblaciones, construiremos desde la vida comunitaria y en pos del Bien Común un Chile solidario, justo y digno, el Chile que soñaste, el país que necesitamos y asumiendo el mandato del evangelio: “Quitó de los tronos a los poderosos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió vacíos” (Lucas 1:52-53).

Alonso Ignacio Salinas García.

Coordinador Coordinación Nacional de Juventudes de la Izquierda Cristiana

Columnista de “Reflexión y Liberación” y “Redes Cristianas”

Estudiante de Derecho Pontificia Universidad Católica.

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