|Viernes, Agosto 14, 2020
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AFP: 112 billones (millones de millones) de pesos 

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Ya en el año 2016 el periodista Daniel Matamala, en un reportaje  para Ciper Chile, explica el por qué, ni políticos ni empresarios, permitirán terminar con el robo legalizado que hacen las AFP, donde los grandes grupos económicos se siguen haciendo millonarios  a costa de las jubilaciones de los chilenos. Presentamos extractos de este valioso trabajo periodístico. 

¿Cuál es la mayor fuerza económica de Chile hoy? ¿Luksic, Matte? ¿Piñera, Paulmann? ¿Angelini, Solari? No. Es usted. O, mejor dicho, usted, yo y los otros 10.099.816 chilenos que estamos afiliados a alguna AFP. ¿No me cree? Es un asunto de números, simplemente. Los ahorros de esas cuentas –que, como se insiste majaderamente, nos pertenecen a los ahorrantes individuales y a nadie más que a nosotros– suman $112.673.743.000.000. O sea, más de 112 billones (millones de millones) de pesos. O, si lo prefiere ver en moneda dura, 171 mil 89 millones de dólares (US$171.089 millones) (ver informe de la Superintendencia de Pensiones).

Esta suma gigantesca, inabarcable, convierte en pigmeos económicos a las mayores fortunas de Chile, según el ranking Forbes: los Luksic (US$10.100 millones), Paulmann (US$3.700 millones), Piñera (US$2.500 millones) y los Matte (US$2.300 millones).  De hecho, más que duplica la fortuna del hombre más rico del mundo, Bill Gates (U$75 mil millones según Forbes). Sabemos que dinero es poder. Y que –Chile lo demuestra día a día– las grandes fortunas en nuestro país se traducen casi automáticamente en una gigantesca capacidad para hacer lobby, influir la legislación y obtener regulación a la carta. ¿Por qué, entonces, los dueños del mayor poder económico del Chile contemporáneo se sienten impotentes, como demostraron al salir a la calle para protestar contra el sistema de las administradoras de fondos de pensiones?

He ahí la genialidad del sistema. Las AFP son un formidable instrumento para quitar poder al Estado y entregarlo, no a sus legítimos dueños, sino a los dueños de las empresas que los manejan. Y no es un efecto colateral. Es una consecuencia premeditada. En su libro «El cascabel al gato: la batalla por la reforma previsional», el inventor del sistema, José Piñera, se felicita de que su creatura «significó una disminución gigantesca del poder político del Estado sobre la economía». El cambio «equivalió a privatizar varias decenas de las empresas que efectivamente pasaron al sector privado». La trampa es que el trabajador-propietario es un dueño despojado del poder que esa propiedad debería entregarle. Ese poder es capturado por otros: por los dueños de las AFP. Al diseñar el sistema, Piñera descartó que los fondos fueran gestionados por cooperativas o «entes jurídicos nuevos, constituidos por los propios cotizantes». Las AFP serían, en palabras del entonces ministro del Trabajo, «empresas con dueño». Dueño, claro, distinto del legítimo propietario de los miles de millones de pesos que dan un enorme poder a esas empresas.

Ese poder no es una entelequia teórica. Es un poder muy concreto. El dinero de nuestros fondos de pensiones (nuestro dinero) es dueño de parte importante de las grandes empresas chilenas, elige directores en ellas y define su gobierno corporativo. Tiene voz y voto en qué proyectos priorizan, qué normas laborales o ambientales respetan, o cómo fiscalizan que la empresa no viole la ley. Todo ello, lo hacen sin preguntarle ni consultarle a usted. Parece increíble, pero es real. Nosotros (usted, yo y otros 10 millones de chilenos) somos los dueños de buena parte de megaempresas como Cencosud (16,55%), Colbún (17,63%), Endesa (15,33%), Enersis (12,69%) o CMPC (11,58%).

Claro, ellos tienen el poder para seguir comprando más poder. Todo, con nuestro dinero.

 

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