|Domingo, Septiembre 26, 2021
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Los movimientos de masas populares 

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Después de los últimos acontecimientos de viernes en la noche en Santiago conviene reflexionar a  la “desobediencia civil” que fue  la llamada a  evadir los pagos de los peajes en el Metro. Fueron  bandas de estudiantes que saltaron  los torniquetes de peaje en las estaciones del Metro en Santiago. Nos podemos preguntarnos de la significación y de la validez de tales manifestaciones inauditas. Vale la pena indagar de  los pro y contra de tales operativos llamados “tsunamis”.

Nos sorprende en primer lugar que sean los estudiantes, los de las nuevas  generaciones de nuestra sociedad que se involucraron inicialmente en esto. No estaban nuevos en esto, basta recordar  las manifestaciones de los pingüinos años atrás. Son los mismos actores, es un descontento que pasa de generaciones en generaciones, lo nuevo ha sido la convocatoria por las redes sociales y por dejar de ser manifestaciones callejeras para pasar a unos actos de una rebeldía civil.  .

Estos operativos solidarizaban con el rechazo al alza anunciado de los pasajes del Metro, aunque no les correspondía a ellos por estudiantes, estas alzas,  igual, eran costos para su familias. Su movimiento dejó en evidencia un malestar  social global. Fue el despertar de la desconformidad de las masas populares.

Fue inspirados en acontecimientos que tuvieron resonancia mundial: Los “chalecos amarillos  de París, los de  Hong Kong, de  Barcelona,  de Ecuador, de Venezuela con la diferencia que la convocatoria de los  jóvenes chilenos  llamaron a un acción rebelde  ya que estimaban desatendidas sus protestas en las calles.

Las manifestaciones de las ONG como Greenpeace, las feministas, los indígenas y  ahora de los ecologistas aplican esta estrategia de  acciones simbólicas que buscan interpelar un máximo de gente en más de desafiar el Poder de los gobernantes.

Significativo  es el blanco que escogieron para su acción. El Metro llegó a ser la columna vertebral de todas las actividades de la capital pero está en manos privadas que lograron contratos beneficiosos  con el Estado. Por esto el gesto es una doble protesta: contra el Estado y contra de una empresa privada que no tiene otra preocupación que la de ganar plata a cuesta de la ciudadanía que anda a pie.

Los desvanes que surgieron a continuación de esa convocatoria inicial  muestran que no estamos de lo todo en la línea de los líderes de la No violencia como Gandhi, M. Luther King, Mandela…Las masas no pueden contener la violencia sin líderes fuertes. Y es otra revelación importante de esta rebelión popular. Hoy en Chile, no  hay políticos que interpreten los malestares sociales, el gobierno tiene muchos en contra…Para qué  hablar de figuras religiosas que puedan aportar lo suyo.

Cada uno interpretará estos eventos según su ámbito cultural o según sus propias afiliaciones  políticas pero en esta página  nos corresponde buscar en la fe cristiana unas luces sobre estos acontecimientos.

Que sean los jóvenes que llamen la atención a la sociedad  es un signo de los tiempos que tomar en cuenta. Se lee en el Antiguo testamento (Joel 2,28) y en   los Hechos (2,28)  “Derramaré mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos y  vuestra hijas profetizarán.” En  verdad son  los hijos, los jóvenes son los que miran  con audacia el futuro y son sensibles a sus posibilidades y peligros. Nosotros los adultos pensamos menos en el futuro, recordamos  más fácilmente el pasado, esto nos convierte en defensores del estatus quo y del orden establecido. Los cambios nos molestan. El Cristianismo sería incomprensible sin dar  importancia al  Futuro. Cristo promete, la Salvación se espera, el Reino de Dios se construye tanto personalmente que socialmente de generación en generaciones.

La disconformidad con el mundo presente  es una característica importante de nuestra fe, disconformidad con nuestra propia manera de vivir (la conversión) pero disconformidad  también con el manejo del mundo. Rezamos: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.  Aceptamos  con tanta facilidad el Progreso material pero  tan difícilmente el progreso social. Hipócritamente  nosotros los cristianos que predicamos el amor fraterno, avalamos con  fatalismo las desigualdades que masifican los pobres. Nos recluimos detrás de nuestros pastores, pero ellos, estas últimas décadas  han dejado de denunciar el peligro de las riquezas, del consumismo y del derroche, han dejado de  llamar a la justicia social, están volando en sus espiritualidades… y si no fuera por el último Papa Francisco!!!

Arrebatado lo que hicieron los jóvenes, desencadenaron la violencia, las destrucciones. Quizás es imposible justificar todo lo que pasó  pero  quien comparte con la gente humilde no tendrá difícil de imaginar las razones de tanta rabia, tanta frustraciones. Somos a menudo clasista e individualista los cristianos porque hemos perdido el espíritu comunitario, la solidaridad, hemos profundizar la grieta entre las generaciones, nos quedamos entre viejos..

Los jóvenes utilizaron  la tecnología  de las redes  sociales para sumarse para la realización de sus actos de rebeldía civil, pero su misma agresividad en emprenderse contra  el Metro, el sistema más moderno de movilización en la ciudad  nos debe revelar  la ambigüedad de nuestros medios tecnológicos.  El Metro es considerado como un progreso “sagrado”. Presta muchos servicios pero en el fondo es  uno de los símbolos de  la esclavitud del trabajo, una manifestación de la aberración de las inmensas urbes cada día más complicadas para vivir. Es un tremendo gasto de movilización  considerando la miseria de sueldos y la carestía de la educación. Los jóvenes nos dicen que  no consideran el progreso tecnológico como un fin en sí, Es un medio para lo mejor como para lo peor. Costarán los desvanes de estos disturbios pero de toda manera más importantes serán las ganancias de  sus  concesionarios  Y además  ¿No tendría que ser gratuita la educación incluida la movilización? ¿No tendrían que incluir en sus costos de producción  los gastos de movilización de sus empleados y obreros las empresas, industrias y servicios?

El Cristianismo tiene un mensaje de Liberación, nos puede elevar por encima de todos los progresos ficticios. Jesucristo y su evangelio  nos pueden devolver el sentido último de la verdadera hermandad humana y de su desarrollo óptimo en este planeta. Es Él que nos mantiene en la buena dirección del futuro de la humanidad.

Cuando muchos jerarcas de las Iglesias están paralizados en sus corrupciones y encubrimientos, es la hora para  que las comunidades cristianas salgan de  su pasividad y de su individualismo y se recuperen como  luz del mundo, levadura de la masa.

“La religión  debe enseñar a la juventud algo que no puede escuchar en ninguna otra parte: darse con el máximo de seriedad y con un espíritu de sacrifico a una meta que en ella misma es fragmentaria y ambigua… Todo es sometido a la ley trágica de la historia…la última palabra que la religión pueda decir  al hombre de hoy  es una palabra de esperanza”. ( Paul Tillich en La dimensión olvidada).

Paul Buchet

Consejo Editorial de revista “Reflexión y Liberación

 

 

 

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