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Recesión y pánico Económico 

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El temor a la inflación de los bancos centrales está arrastrando a las economías a la recesión y a las crisis de deuda. Sus creencias dogmáticas les impiden hacer lo correcto. En su lugar, siguen las indicaciones Estados Unidos: su Reserva Federal, el Departamento Tesoro junto con las instituciones de multilaterales emanadas de Bretton Woods.

Esas instituciones multilaterales -el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial- han dado la voz de alarma sobre las probables consecuencias nefastas de unas políticas centradas en abatir la inflación y la consiguiente carrera hacia la contracción económica.

Pero sus dogmas les impiden ser pragmáticos. De ahí que sus análisis y consejos políticos resulten incoherentes e incluso contradictorios.Ominosamente, el Banco Mundial ha advertido que la economía mundial se encuentra actualmente en su mayor desaceleración tras la recuperación posterior a la recesión de los años 70. “A medida que los bancos centrales de todo el mundo suben simultáneamente los tipos de interés en respuesta a la inflación, el mundo puede estar acercándose a una recesión global en 2023”, indica.

Advirtiendo de que el aumento de las tasas de interés impactará la economía,  el FMI ha instado a los países a abrocharse el cinturón, reconociendo que las medidas antiinflacionarias  amenazan la recuperación.

Para cientos de millones de personas se sentirá como una recesión, incluso si la economía mundial evita dos trimestres consecutivos de contracción del producto interno bruto (PIB), que es cuando la recesión se convierte en oficial.

También señaló que las subidas de las tasas de interés de la Reserva Federal (FED),  el banco central estadounidense,  han fortalecido el dólar, aumentando los costes de importación y encareciendo el servicio de la deuda contraída en dólares.

Pero el FMI sigue recitando que “si  la inflación se controla, entonces podremos ver una base para el crecimiento y la recuperación”.

Esto contradice todas las pruebas de que la baja inflación se produce a expensas de un crecimiento sólido. Tanto el crecimiento de la producción por persona como el de la productividad cayeron durante tres décadas de baja inflación. Además, la baja inflación no ha evitado las crisis financieras. Incluso si el crecimiento se recupera, las cicatrices de la recesión permanecen.

El Banco Mundial señala correctamente que una desaceleración suele requerir una política anticíclica para apoyar la actividad. Reconoce que la amenaza de la inflación y el limitado espacio fiscal están impulsando a los responsables políticos de muchos países a retirar las políticas de apoyo, incluso cuando la economía mundial se desacelera bruscamente.

También sugiere que los responsables políticos podrían pasar de reducir el consumo a impulsar la producción para generar inversiones adicionales y mejorar la productividad y la asignación de capital, fundamentales para el crecimiento y la reducción de la pobreza.

Sin embargo, no ofrece muchas orientaciones políticas, aparte de los tópicos habituales e irrelevantes, por ejemplo, que los bancos centrales deben comunicar sus decisiones políticas con claridad, salvaguardando al mismo tiempo su independencia.

Incluso culpa a las limitaciones del mercado laboral. Durante décadas, el Banco Mundial promovió medidas para fomentar la flexibilidad del mercado laboral, aparentemente para aumentar las tasas de participación, reducir los precios, a través de los salarios, y volver a emplear a los trabajadores desplazados.

El temor a la inflación

Economistas influyentes de la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra, el FMI y el BPI temen los efectos secundarios de la inflación, principalmente el choque de la oferta, debido a las espirales de los precios y de los salarios.

Sin embargo, la investigación del FMI reconoció la escasez de estudios empíricos sobre los efectos de las crisis de los precios del petróleo en los salarios y los factores que afectan a su intensidad.

La investigación concluyó que la probabilidad de que se produzcan estos efectos de transmisión es muy baja debido a los importantes cambios en el mercado laboral, como la drástica disminución de la sindicalización y la negociación colectiva.

El informe señala que la transmisión es casi nula en el periodo 1980-1999 y que los efectos son insignificantes en el periodo 2000-2019, antes de concluir que, en términos generales, la transmisión ha disminuido con el tiempo en Europa. Otros autores han llegado a conclusiones similares.

Otra investigación, del Banco de la Reserva de Australia (RBA, en inglés), encontró que el episodio actual tiene muchas diferencias con el de la década de los 70, cuando surgió una espiral de alzas  en los salarios y precios.

Concluyó que hay una serie de factores que impiden que surja una espiral similar ahora,  lo que implica que el riesgo general en la mayoría de las economías avanzadas es probablemente bastante bajo.

El profesor australiano Ross Garnaut ha sugerido que “el espectro de una virulenta espiral de precios y salarios proviene de nuestros recuerdos y no de las condiciones actuales”. Lamentablemente, a pesar de todas las pruebas, incluidas las suyas propias, el FMI y el RBA siguen instando a tomar medidas firmes contra la inflación.

Anis Chowdhury / Exprofesor de economía de la Universidad Occidental de Sídney 

Jomo Kwame Sundaram / Ex secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico.

IPS / Roma  –  Reflexión y Liberación

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