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A 50 años de la muerte de Camilo Torres 

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Camilo Torres Restrepo: Un cristiano que resucita y rompe las barreras del tiempo y el espacio, porque sigue presente en nuestras calles, nuestros caminos y veredas. 50 años después de la muerte de Camilo Torres las generaciones que no lo conocimos personalmente hemos seguido de cerca su caminar histórico, su compromiso de fe y su misión evangelizadora.

Camilo Torres, un cristiano que resucita y rompe las barreras del tiempo y el espacio, porque sigue presente en nuestras calles, nuestros caminos y veredas. En nuestra infancia se nos susurraba sus nombre pero casi en la clandestinidad por miedo a ser señalados del ELN, pareciera que hoy siguiéramos en esos tiempos llenos de prejuicios.

Fuimos aprendiendo del Camilo sacerdote, que se ordenó con la ilusión de servir a su pueblo desde el altar, consagrando su vida en la fracción del pan y del vino, ungido para proclamar la Palabra de Dios a los Pobres, Proclamar la Liberación a los cautivos como lo leemos en el Evangelio de Lucas y como lo aprendimos de los profetas.

Un Camilo que desde su vocación sacerdotal, entendió que estudiar la realidad, comprender las causas de la pobreza, e identificar los responsables de las injusticias es una tarea evangelizadora que no se puede eludir y esquivar sobre el presupuesto de una voluntad divina que todo lo quiere tal como esta, o con el pretexto de estar ocupados en las cosas cultuales.

Una Vocación Sacerdotal que se entiende como entrega y sacrificio que renunciando a las propias comodidades de su clase, se identifica con el pueblo y hace suyas las causas y los sufrimientos, que entiende que el amor sacerdotal, no se expresa en la limosna, sino en la construcción solidaria, colectiva y autogestionada de los pueblos, entendida como AMOR EFICAZ.

Una Vocación que se entiende como llamado a servir y a construir colectivamente una Iglesia que camina haciendo respetar su dignidad, una vocación que se entiende como respuesta a un momento histórico y a unas condiciones sociales que hacen que las respuestas pastorales sean diversas y a veces temerarias para quienes están acostumbrados a siempre hacer los mismo.

Un Camilo que conocimos del testimonio de hombres y mujeres que al igual que El sintieron que su vida religiosa estaba más allá de las paredes de los templos y conventos, ese testimonio que nos enamoró de un estilo de seguimiento a JESUS DE NAZARET. Hombres y mujeres que hicieron de la Inserción en sectores populares un estilo y una manera de ser en la Vida Religiosa y en la Iglesia.

Una Iglesia de los pobres que entendió que las procesiones que había que organizar y acompañar eran y son aquellas en las cuales se sale a la calle a Exigir el respeto a la vida, exigir el cumplimiento de los derechos, la construcción de hospitales, el incremento justo del Salario, un transporte publico digno, Salir a exigir el derecho a la tierra, en fin que las procesiones recobren el sentido de ser expresión de la fe Popular y de sus derechos.

En fin un Camilo que fue asesinado y su cuerpo escondido, ocultado, negándole a la familia y a quienes querían ejercer su derecho a dar sepultura a su ser querido. Como sigue ocurriendo hoy. Miles de familias colombianas no han podido dar sepultura digna, porque el Estado les ha negado este derecho, sus cuerpos y sus restos están inhumados en fosas y cementerios, y mas aun hoy se sigue presentado los cadáveres como botín de Guerra.

Somos una generación que conoció a Camilo a través de sus escritos, a través de quienes continuaron la ilusión del Frente Unido, a través de la audacia de los análisis sociales, la tenacidad del trabajo barrial, en vitalidad de los grupos juveniles y estudiantiles. Camilo siguió presente a pesar de la negativa de la academia a reconocer sus aportes sociológicos y teológicos, porque la enseñanza de Camilo no la aprendimos en los claustros universitarios, sino en los grupos y en los círculos de estudio del Barrio, en los talleres de derechos humanos, en las Comunidades Eclesiales de Base, o en los Grupos de lectura Popular de la Biblia. Por eso su muerte no es la desaparición, su muerte no es la condena al olvido, su Muerte es resurrección, su muerte es testimonio de vida de aquel que nos amo primero y dio su Vida por nosotros, Jesús de Nazaret, que sigue estando en los grupos, en las comunidades, en las organizaciones sociales y sindicales, en las zonas rurales con la lectura Campesina de la Biblia.

Nos negamos al Olvido de Camilo, respetamos sus opciones sociales y revolucionarias, compartimos sus opciones de fe y nos negamos a ser estigmatizados y señalados por admirar a una persona que hizo del Amor un razón para vivir y una estrategia Eficaz para transformar el mundo.

 

Henry Ramírez Soler, CMF

 

Medellín del Ariari Febrero 15 de 2016

 

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