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Carta al Obispo Juan Barros M. 

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Osorno, 20 de noviembre de 2015

 

Sr. Obispo Juan Barros Madrid:

Nos dirigimos a usted, a modo de diálogo fraterno y sincero, sin dobles intensiones, sólo en la búsqueda de la tan apreciada verdad que permita volver a la unidad de la Diócesis de Osorno. El pasado 22 de octubre de 2015 hizo pública una carta a los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y fieles de Osorno, en la cual manifiesta ser víctima de una realidad creada en los medios de comunicación social y que lo afecta profundamente en el ejercicio de su ministerio episcopal. Le parece a Usted  una realidad inexistente que parroquias de la Diócesis le han negado el acceso por decisión de la comunidad plena; que jóvenes prontos a confirmarse, escribirán cartas a sus párrocos o a los directores de sus establecimientos educaciones solicitándole que no los confirme; que no asista a ningún acto público de la ciudad o provincia, a quién por ser autoridad corresponde por derecho propio; la inexistencia de un plan de trabajo pastoral o una carta de navegación que indique cuál va a ser la ruta de trabajo pastoral; la estrepitosa disminución del 1% en varias parroquias de la diócesis; la grave crisis económica que enfrentan algunas Parroquias para mantener sus gastos operacionales, a las cuales les ha negado ayuda concreta; que se hace acompañar del arzobispo Cristian Caro de Puerto Montt y el Obispo Juan María Agurto de Ancud, cuando tiene que conversar con los sacerdotes del clero osornino que piden respuestas sobre su actuar; para la fiesta de San Pedro Apóstol en la localidad de Bahía Mansa, comuna de San Juan de la Costa, la comunidad no permitió que presida la actividades propias de dicha comunidad por no sentirlo pastor que genere confianzas. Su gobernabilidad como Obispo de Osorno es imposible y no resiste mayor análisis… La comunidad católica de Osorno se encuentra  acéfala.

Don Juan, su carta llega cumplidos siete meses de su Toma de Posesión de la Diócesis y a diez meses que se hizo pública su designación, por tanto le señalamos que su carta es extemporánea, puesto que incansablemente hemos pedido públicamente y en privado que nos pueda clarificar su real participación frente a las acusaciones que se le imputan por su vinculación con el condenado sacerdote Karadima; y solicitado que demuestre su alejamiento de la visión eclesial de la disuelta Pía Unión Sacerdotal del Sagrado Corazón que formó muchos sacerdotes de forma dudosa y en un ambiente sectario.

Le recordamos que su mentor dice de que “era de la acción católica e iba a verme a la Parroquia y yo fui a verlo a Iquique. Una amistad muy sincera, él me consiguió un viaje a Francia con el Obispo de Louvre para mis 50 años de sacerdocio”. No queremos pensar que sufre de amnesia, pero le recordamos que la investigación al sacerdote Karadima comenzó el año 2000 y, cuando deja la Iglesia de Iquique en el 2004, le agradece a su Guía Espiritual por más de 35 años “El Padre Fernando Karadima”, como lo consigna el medio digital Aciprensa.

El año 2008 Usted le gestionó pasaje y estadía en Francia, según las declaraciones del pasado 11 de noviembre; la pregunta que le hacemos es ¿cuándo se alejó definitivamente de Karadima? El 31 de mayo de 2010 en una reunión en la que participaron  el Cardenal Francisco Javier Errázurizlos cuatro obispos formados por Karadima –Tomislav Koljatic, Horacio Valenzuela, Andrés Arteaga y usted- su persona, desde la oscuridad y el secretismo, defendió y exigió que la causa llegara al Vaticano, como una forma de evitar el juicio penal, y que se pidiera a la Santa Sede que no se impusieran sanciones a su mentor… entonces preguntamos, ¿se alejo realmente de su formador Karadima? y, ¿en qué momento lo realizó? Sus diversas declaraciones se contradicen.

Su situación Obispo Barros se complica aún más, cuando una de las victimas de Karadima, Juan Carlos Cruz en uno de sus párrafos en la carta enviada al Señor nuncio Ivo Scapolo en febrero de 2015 escribe refiriéndose a Usted,“Juan Barros estaba parado ahí cuando Karadima nos toqueteaba. Él mismo se toqueteaba con Karadima, se daba besos de repente. Él veía todo esto y lo encubrió”.

¿Qué haría Cristo en mi lugar?, se pregunta usted en la misiva, sabemos que esta pregunta no es nueva ni exclusiva -el Arzobispo Caro la utilizó en su carta pastoral publicada el pasado 16 de octubre- puesto que dicha pregunta la ha repetido en innumerables ocasiones en privado y que ahora transparenta a la opinión pública. A nuestro entender y dada la trayectoria y formación eclesial que hemos recibido, afirmamos que Jesús mismo sería capaz de discernir los signos de los tiempos escuchando a todos sus hermanos. Esta misma pregunta nos hemos realizado en innumerables ocasiones a la espera que llegue una respuesta coherente con el Evangelio. Respuesta que desde el 10 de enero usted ha sido incapaz de entregar a la comunidad de Osorno, generando una profunda división en los cristianos católicos de la provincia: dividió a los sacerdotes, los diáconos, las religiosas, las familias, los agentes de pastoral en las parroquias y movimientos.

Como Organización de Laicos y Laicas, sabemos que el camino de la Iglesia es el trabajo en común, en un dialogo fraterno y sincero, sin verdades a medias, de cara a la comunidad. Usted bien sabe quiénes somos, desde el primer momento hemos actuado a rostro descubierto y con la clara labor de buscar la verdad que nos viene de Dios. Su nombramiento produjo un enorme dolor y desconcierto, porque si usted se considera víctima –aun cuando su versión resulta poco creíble- nosotros también somos víctimas del enorme daño hecho por el mencionado sacerdote. Don Juan asuma su responsabilidad en la actual situación que afecta a la diócesis de Osorno y no endose su responsabilidad a otros.

Obispo Juan, reconocemos que en estos meses que lleva en Osorno ha sufrido por toda la situación que vive, es evidente la merma existente en su salud y el deterioro físico que presenta. Nos preocupa su persona, puesto que lo reconocemos como un hermano, pero la falta de transparencia en su actuar nos lleva a reafirmar la solicitud que hemos hecho desde hace 10 meses: Renuncie por amor a la Iglesia a la cual se consagró para servir, siga el consejo que tantos hermanos en la fe –obispos, sacerdotes y laicos- le han dado generosamente. Renunciando, convertirá su vida en testimonio creíble que el discípulo de Jesús está siempre dispuesto  a servir sin importar que cargo ocupe en la comunidad eclesial.

Organización de Laicos y Laicas de Osorno

Mario Vargas Vidal

Vocero de la Organización

 

 

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