|Viernes, Diciembre 14, 2018
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Papa Francisco denuncia el dominio de las finanzas 

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El escándalo de los «Papeles de Panamá» ha revelado el enorme alcance de la evasión fiscal a nivel planetario. Ingentes recursos sustraídos a la lucha contra la pobreza. La alarma del Pontífice frente a la especulación financiera, el peligro de que la economía real cuente cada vez menos. El debate involucra a economistas, gobiernos y organismos sin ánimo de lucro.

Por lo menos 7 mil 600 millones de dólares estarían ocultos en los paraísos fiscales desperdigados por el mundo; por lo menos esta es la cifra que ha denunciado Oxfam, una de las principales organizaciones sin ánimo de lucro del mundo empeñadas en contrarrestar la pobreza. El dato fue dado a conocer hace algunos días, durante una reunión promovida por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en Washington. Enormes cantidades de recursos son sustraídas a la lucha contra la marginación, el hambre, el subdesarrollo…, según indicó el director ejecutivo de Oxfam International , Winnie Byanyima. Es decir, si el G20 reafirma la urgencia de frenar estos flujos de dinero que acaban en las Bahamas y en las islas Caimán en lugar de los que van hacia otros paraísos fiscales, la realidad es que los países «off-shore» prosperan y las grandes riquezas encuentran nuevos escondites cada vez más refinados. Además de los problemas fiscales se plantea un tema más general relacionado con la transparencia y la legalidad (el depósito de enormes recursos financieros en los paraísos fiscales abre el camino, por lo menos parcialmente, al desarrollo de actividades ilegales).

No es casualidad, pues, que Papa Francisco haya denunciado, con decisión y en repetidas ocasiones, el problema ni que haya subrayado algunos de los puntos más críticos específicamente. En primer lugar, Bergoglio ha denunciado el peligro de la definitiva afirmación de una especulación financiera que pueda sustituir a la economía real, la que es capaz de distribuir beneficios entre toda la población. Es por ello que insistió en el peligro que corren las democracias si los sistemas financieros se convierten en los verdaderos «gobernantes del mundo», durante su discurso al Parlamento europeo. También recordó el poder ilimitado de los bancos, por lo que invocó la urgente necesidad de crear una ética financiera y económica en la que el ser humano, sus necesidades y el respeto de la vida sean la prioridad absoluta.

En mayo de 2013, al encontrarse con un grupo de nuevos embajadores ante la Santa Sede, Francisco advirtió: «Mientras las ganancias de unos pocos van creciendo exponencialmente, las de la mayoría disminuyen. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los Países de las posibilidades reales de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade, una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no tiene límites».

En este sentido, el reciente escándalo de los llamados «Papeles de Panamá» fue la una confirmación a la enésima potencia de todo lo que habían sostenido Papa Francisco, algunos economistas y representantes de organismos internacionales. Se trata de los famosos 11 mil y medio millones de documentos del estudio legal panameño «Mossak Fonseca» sobre la creación de alrededor de 214 mil sociedades «off-shore» con ramificaciones por todo el mundo. Además de administradores, especuladores financieros y empresarios, surgieron los nombres de políticos, funcionarios, jefes de estado y presidentes directa o indirectamente involucrados. EL elenco es generoso: se va desde el primer ministro inglés David Cameron hasta la lideresa del Front National, Marine Le Pen, pasando por los presidentes de Argentina, Mauricio Macri, de Ucrania, Petro Poroshenko, el líder ruso Vladimir Putin, el rey Salman de Arabia Saudita, el Califa bin Fayed Al Nahyan de los Emiratos Árabes Unidos, el primer ministro irlandés, Sigmundur Davíð Gunnlaugsson (quien después del escándalo tuvo que renunciar a su puesto). Naturalmente, muchos de ellos han criticado las acusaciones en su contra.

En este contexto, el economista y premio Nobel Joseph Stigliz, uno de los mayores críticos del capitalismo financiero, lanzó la propuesta (en su intervención durante el encuentro organizado por el FMI en Washington) de un «mimim tax» (impuesto mínimo) sobre las utilidades globales para que las multinacionales paguen más impuestos. Según Stigliz, para obtener este resultado habría que imponer «un impuesto mínimo en Estados Unidos y en Europa», mismo que las empresas no pudieran evitar. «Podríamos ponernos de acuerdo sobre la alícuota —indicó. Y esto facilitaría la discusión sobre la localización de la tasa». Sin embargo, sigue pendiente el problema de que las naciones consideran los sistemas de impuestos como una prerrogativa esencial de la propia soberanía, sin considerar todos los países que, legalmente y con un sistema fiscal favorable, atraen a empresas al propio territorio.

La propuesta de Stiglitz, a nivel técnico, no convenció completamente a la presidenta del FMI, Christine Lagarde, quien subrayó «la gran creatividad» de las multinacionales al referirse a la «tax inversion», las inversiones fiscales con las que las empresas cambian su residencia a los países en los que pagan menos impuestos mediante adquisiciones o fusiones. De cualquier manera, lo que varios estudios de expertos y responsables de organizaciones internacionales revelan en el presente es que la fuga de capitales financieros daña gravemente los esfuerzos para contrarrestar la pobreza, porque, efectivamente, se trata de flujos enormes de recursos que no pasan por ningún tipo de vigilancia.

Papa Francisco ha hablado sobre estos temas en conjunto en varias ocasiones, como en la encíclica «Laudado si’», en la que explico que «los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas». En este sentido, el Papa también ha promovido la acción de transparencia y eficiencia financiera dentro del Vaticano, para dar por concluida la época de los escándalos y de la opacidad, con tal de que la palabra de la Iglesia no pierda su credibilidad al denunciar con fuerza un sistema injusto cuyas víctimas son los «descartados», los pobres y los marginados del planeta, ni al proponer la construcción de sociedades más solidarias e incluyentes.

Francesco Peloso  –  Ciudad del Vaticano

Vatican Insider  –  Reflexión y Liberación
 

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