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Cristianos y aborto: Reflexiones de un médico en una sociedad plural 

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Cristián Barría Iroumé.-

Concordamos con la despenalización del aborto en ciertos casos y creemos en la necesidad de un dialogo con personas de sensibilidad mas tradicional.  

Mientras se redactaba una nueva   Constitución para Chile, Jaime Guzmán expresó una postura católica muy tradicional: “Una persona no puede practicar jamás legítimamente un aborto por que es un homicidio y todas las consecuencias negativas o dolorosas (del embarazo) constituye, precisamente, lo que Dios ha impuesto al ser humano”.[1] Para él,  se trataba de una prohibición absoluta de origen religioso. Y especificó: “La madre debe tener el hijo aunque este salga anormal, aunque no lo haya deseado, aunque sea producto de una violación o aunque de tenerlo, derive su muerte (de la madre)”.  Como vemos, la  postura tradicional es severa y  exige grandes  sacrificios con tal de no interferir en la gestación de la vida.

La postura católica oficial es  también severa según la formulación de   Pablo VI en la encíclica Humanae Vitae: “es preciso repudiar por completo la interrupción de la generación que ya ha comenzado, y especialmente el aborto directo, aun por motivos terapéuticos” (nº 14). Por siglos el mundo católico ha insistido en la defensa de la vida y del embarazo rechazando con fuerza el aborto, lo que en alguna medida ha marcado la cultura  occidental. Sin embargo, en los últimos cincuenta años  percibimos matices nuevos en el pensamiento católico sobre el tema.

Un mensaje  se renueva según los tiempos

Hemos dejado de vivir en un régimen de cristiandad, y estamos inmersos en un mundo plural. Los católicos no podemos pretender imponer nuestra cosmovisión a los demás, quienes pueden legítimamente pensar de otro modo. Podemos dar  nuestra propuesta en el foro público de modo razonable,  recordando que la palabra  cristiana es   una buena noticia y expresándonos de un  modo acogedor.

La sensibilidad  moderna rechaza que una autoridad –  el Estado o una  iglesia – imponga normas absolutas desde fuera. Por ejemplo, imponer a una mujer la continuación de un  embarazo y la crianza del hijo de su violador hoy día es sentido por muchos como una injuria a la dignidad de esa mujer, que fue víctima. Prohibirle la posibilidad de un aborto y,  de llegar a realizarlo, imponerle  una pena, son sentidos como actos injustos. Lógicamente, si ella decide asumir el hijo debemos respetarla y ayudarla. Hoy ha cambiado la sensibilidad y las maneras de razonar en estos temas. Se mantiene la vigencia de  valores universales como el de la vida pero factores como el contexto personal y las circunstancias se ponderan con más fuerza que en el pasado. Se valora  la autonomía de la mujer y  la necesidad de un discernimiento  según la singularidad del  caso. ¿Y qué diremos los católicos?

Nos enfrentamos a una crisis cultural pues hay diferentes maneras de pensar la vida naciente y la sexualidad.  Muchas personas  compartirán los planteamientos tradicionales de severa condena de todo aborto. Pero  también somos muchas las   personas del mundo no religioso y también  creyentes que lo vemos de otra manera, siendo ambas posturas  respetables.

Nuevas maneras de pensar

El jurista e historiador  católico John Noonan propone abandonar la clásica terminología de aborto “directo” e “indirecto”, pues no ayuda aclarar el análisis. Tradicionalmente se ha  considerado aborto directo al buscado por si mismo; e indirecto al que ocurre a consecuencia de otro fin,  como por ejemplo, salvar la vida de la madre con un tratamiento para  un cáncer,  considerándose esto último aceptable moralmente.

Según Noonan, cuando por acción médica  se interrumpe un embarazo “el médico tiene la intención de lograr no solo la mejoría de la madre sino la realización de un acto por el cual el óvulo fecundado se vuelve inviable. Necesariamente tiene la intención de matar. Decir que actúa en forma indirecta es ocultar lo que hace”. [2] Esta idea de Noonan nos parece aplicable a muchas interrupciones del embarazo que se dan en la realidad. Por ejemplo,  los casos de embarazo ectópico (es decir fuera del útero) interrumpidos en nuestros hospitales, que  en Chile  llegan a unos 3500 al año. [3] Allí  el médico interviene quirúrgicamente para  extraer el embrión,  generalmente de las tropas de Falopio, con el fin de  proteger a la madre de una  hemorragia fatal que  provocaría  el feto al crecer.

Noonan propone considerar que ciertos casos de abortos simplemente deben ser considerados excepciones a la prohibición de matar. Según este autor el aborto por cáncer de útero y por embarazo ectópico son “verdaderas excepciones a la absoluta inviolabilidad del feto…casos especiales de la excepción general a la regla contraria a matar, que permite a alguien matar en defensa propia…La caracterización de este tipo de muerte como “indirecta” no contribuye al análisis.”[4]

En forma convergente con lo anterior, un moralista católico plantea  sobre estos difíciles dilemas morales de vida y  muerte: “La vida física es fundamental pero no es un valor absoluto ni el mas alto de todos. Incluso en estos ámbitos básicos debemos ser capaces y estar dispuestos a emitir juicios de preferencia responsables”. [5]  Un sacerdote  plantea el dilema ético de este modo: “La pregunta básica entonces, no es ¿aborto directo o indirecto?, sino ¿Qué importancia debe tener un valor para compensar el sacrificio de una vida?” [6]  Como vemos,  la reflexión de estos autores se  abre al  dilema del aborto en nuevos términos, alejándose de  la estricta postura tradicional oficial.

El conflicto de valores

Este es un concepto tradicional de la teología moral que en los siglos pasados se ha aplicado en muchos campos de la vida y que ahora está siendo aplicado también a  la moral sexual y familiar. Es el caso en que una madre en situaciones desesperadas  enfrenta la pregunta por el aborto. Marciano Vidal, uno de los  grandes moralistas españoles, tiene posturas innovadoras y disidentes en este tema y en  otros de sexualidad, lo que le valió  un reproche de Roma.[7] Vidal tiene una postura abierta en el caso del aborto terapéutico para salvar la vida de la madre y deja también una posibilidad abierta en casos de grave enfermedad del feto. Recurre a la idea tradicional del sacrificio de un valor ante otro,  mas prioritario.

Vidal se expresa en un estilo  difícil por  explorar terrenos  que pocas veces se debaten abiertamente en la Iglesia: “La metodología del conflicto de valores tiene aplicación concreta en el llamado aborto terapéutico. Con algunos moralistas nos atrevemos a creer que en tal situación no se trata de aborto “moral”, en el sentido de una acción totalmente mala sin posibilidad de ser referida a otro valor que se pretende salvaguardar, como es la vida de la madre”.[8]  Cautamente esta sugiriendo que algunos abortos serían justificados moralmente. Estas posturas mas abiertas lo llevaron a decir, acerca de las leyes sobre el aborto en la sociedad moderna: “nos atrevemos a opinar que no toda liberalización jurídica es contraria frontalmente a la ética.” [9]

Sugerimos que el peso  del tabú tradicional  adherido por  siglos al término “aborto” conduce  a que muchas personas prefieran decir que un caso de  aborto que parece moralmente justificado “no sería aborto” propiamente;  o se recurre en esos casos al expediente de hablar de  aborto “indirecto”.  Por contraste, este  tabú tan intenso simplemente   no existe en otros ámbitos de la moral, como es el caso de la vida del adulto.

Del homicidio en defensa propia,  universalmente  justificado,  nadie  dice que “no sería homicidio”, ni tampoco  se  afirma que sería un “homicidio indirecto”. En este ámbito  nos permitimos  hablar con franqueza: la muerte en defensa propia esta  justificada y se trata de  una excepción a la prohibición de matar. Se puede agregar que en la tradición católica se han aceptado también otras excepciones: la guerra justa y la pena de muerte. Esta misma franqueza pide Noonan cuando reflexionamos sobre el aborto. Sin embargo,  pareciera que a la sensibilidad tradicional le es difícil reconocer  una excepción en este terreno, quizás teme  que sea el primer paso de  una liberalización desbocada, por lo que  prefiere el muro, aparentemente más seguro,  de la prohibición absoluta.

Voces innovadoras

El destacado teólogo y sacerdote norteamericano Charles Curran sostiene posturas disidentes en este y otros temas de la vida sexual,  por las  cuales Roma  le retiró la calidad de teólogo católico. Afirma: “en el caso de aborto pueden presentarse circunstancias en las cuales el aborto esté justificado para preservar la vida de la madre o algún otro valor equiparable a la vida.” [10] Según Curran puede justificarse el aborto “para salvar la vida de la madre o evitarle un grave riesgo físico o psicológico, en el entendimiento de que este dolor debe ser realmente un daño grave que perdure cierto lapso, y no una mera depresión temporal” [11] Curran considera que los fieles de hoy pueden disentir con respeto de la doctrina oficial en temas morales que no son centrales a la fe, reivindicando la capacidad de discernimiento: “en algunas conclusiones el católico leal puede estar en desacuerdo, en teoría y práctica, con la enseñanza no infalible de la Iglesia y todavía considerarse a si mismo como católico leal y bueno.” [12]

Tolerar el mal menor en la vida social

Nos parecen muy iluminadoras las opiniones del destacado teólogo español López Azpitarte, que junto a otros teólogos, consideran que la Iglesia debe tener una actitud más abierta en  la legislación de  casos como el divorcio y el aborto. Inicia su reflexión aludiendo al divorcio y luego incluye realidades como el aborto.  “Desde una perspectiva ética, la tolerancia legal de este (el divorcio) no tiene porque excluirse…En primer lugar, ha de respetarse la libertad de conciencia de cada individuo, ofreciéndole la posibilidad de obrar conforme a sus convicciones personales…Según esto, todo ciudadano tiene un derecho inalienable a actuar conforme a su conciencia, aunque esta, como es lógico, no responda a la enseñanza católica…En segundo lugar esta búsqueda del mayor bien posible postula también en ocasiones la tolerancia de ciertos abusos y deficiencias que sería mucho mejor, por supuesto, que no se diesen en la realidad…Esto supone que desde el punto de vista moral puede ser lícita una legislación que permita o tolere un mal, aunque para la conciencia de esa persona constituya también una auténtica falta. La razón última de esta postura pertenece al ámbito de la prudencia política. Tolerar una conducta, aunque sea deshonesta, mediante una determinada legislación, puede resultar en su conjunto mas beneficioso que la absoluta prohibición, cuando se sabe que con estas no se pueden evitar las prácticas contrarias. Con un régimen de tolerancia se busca conseguir el mayor bien posible o evitar otros males peores que pudieran darse…Y la conclusión de santo Tomás, al reflexionar sobre este problema,  es impresionante: “Por lo tanto, la ley humana no puede prohibir todas las cosas que prohíbe la ley natural”. Siempre será motivo de discusión las aplicaciones de este principio a los hechos reales y concretos como el aborto, la prostitución y el divorcio, por citar los mas frecuentes” [13]

Con el lenguaje cauteloso que usan los teólogos en  estos temas, según López Azpitarte  en la tradición católica  hay bases para aceptar legislaciones que acepten actuaciones que desde el punto de vista ideal o  religioso puedan merecer  reproche moral, pues la prudencia aconseja permitirlas.

Sobre la despenalización del aborto

Sigue López Azpitarte: “el legislador debe plantearse la pregunta de si es mas conveniente para el bien común una cierta tolerancia o su absoluta prohibición. Su aceptación civil no impone a nadie la obligación de abortar, actuando contra sus criterios éticos o religiosos, sino que posibilita a los que deseen libremente actuar así, de acuerdo a su propia conciencia o fe.” [14]

Sigue reflexionando López Azpitarte: “la interrupción del embarazo –al menos en ciertas situaciones límite- no se valora por todos como una conducta ilícita o criminal, sino que personas razonables y sensatas la aceptan como una solución ética o religiosa, o piensan que no deben penalizar una acción en esos casos conflictivos, cuando la tensión, el miedo o la angustia han creado ya demasiado dolor y sufrimiento humano…Si existen personas éticas y religiosas, honestas y razonables…que acepten la interrupción en determinados casos límites, no todos ven como el Estado podría castigar esa acción, aunque para otros resulte injustificable a partir de unos supuestos científicos, éticos y religiosos, que no todos comparten…En tales condiciones no queda otra salida que las reglas del juego democrático”. [15] Vemos que concuerda en esto con Vidal.

El  aborto en Alemania

El sentido común moderno reconoce que en caso de peligro de  vida de la madre es aceptable la interrupción del embarazo, pues no tiene sentido dejar morir a la mujer, lo que llevará finalmente a la muerte de ambos. Varias conferencias episcopales de Europa así lo han reconocido. Sin embargo, pareciera que fuera difícil a   la autoridad reconocer  abiertamente que en ciertos  casos el aborto puede estar  justificado,  optándose por un lenguaje  indirecto.  La teóloga Uta Reine-Heineman describe la resolución  de los obispos de Alemania, quienes encuentran una fórmula de compromiso que, según nos parece, deja abierta la posibilidad del aborto en  casos límite, aunque sin nombrar esa palabra. Dicen los obispos: “en situaciones conflictivas desesperadas entre las que hay que  decidir entre la pérdida de la vida tanto de la madre como del hijo no nacido y la pérdida de una sola vida”  toman la siguiente resolución: “respetan la decisión en conciencia de los médicos”. [16]

Con esta fórmula nos parece que  los obispos evitan  mencionar directamente la alternativa del aborto para salvar la vida de la madre, aunque  tal posibilidad  queda implícita al aceptarse  la  decisión médica responsable. Probablemente en nuestro país no se necesita smas que una  prudencia semejante: permitir el debate  abierto en estos temas, aceptar  que la sociedad civil acuerde las mejores regulaciones y respetar  en estos casos  las decisiones responsables de  los médicos de acuerdo a las orientaciones de la sociedad y sobre todo de las propias mujeres y sus familias.

La situación en  Chile

Los estudios internacionales muestran que en todo el mundo existen legislaciones que permiten   formas limitadas de aborto. La población de los países que lo prohíben por completo, incluyendo Chile,  no suman más que el 1 % de la población mundial. Durante sesenta años  también Chile permitió el aborto terapéutico pero  fue abolido en las postrimerías de la dictadura. Resulta una paradoja que un régimen que segó cruelmente muchas vidas se haya querido  agraciar con una ley sobre el embarazo.

Decíamos que solo en embarazos extrauterinos en clínicas y hospitales de Chile se realizan cada año  mas de tres mil interrupciones al año, conducta  de normal indicación en medicina. Sin embargo estos y otros casos no están acogidos en un marco jurídico claro que proteja a pacientes y profesionales.  Quienes se oponen  a toda forma de legalización afirman que, como gran  parte  de estos casos ya se resuelven en los hechos debido a  las buenas prácticas médicas, no sería necesario legislar. Esto es un error.

Entre otras voces, el médico Juan Pablo Beca considera necesario una legislación mas clara: “La realidad actual es que en Chile, de acuerdo con la lex artis de la práctica médica, se interrumpe el embarazo en los casos extremos de riesgo de vida de la madre pero se evita llamar abortos estas interrupciones. Las decisiones se toman con dudas y temor, tardíamente y consultando innecesariamente a comités de ética o a los abogados institucionales. La razón es que la interrupción de un embarazo antes de las 22 semanas está tipificada como delito en nuestro Código Penal y, aunque en la práctica no se penaliza, podría ser causa de denuncia judicial. Falta pues un marco de seguridad legal y judicial que permita decisiones médicas adecuadas, oportunas y no penalizadas” [17]

En opinión de Beca “los juicios morales, para ser razonables, deben admitir excepciones y requieren hacerse cargo de situaciones concretas y frecuentes como las señaladas. Esto es lo que se busca al aceptar que la legislación elimine la penalización del aborto ante situaciones debidamente precisadas. En otras palabras equivale a aceptar un mal menor ante situaciones en las cuales no existe una solución óptima que sea aceptable por todos.”

En Chile, el Colegio Médico  consultó recientemente  a sus afiliados sobre la aceptación de la despenalización del aborto  en tres causales (riesgo de vida de la madre,  inviabilidad fetal y violación). De los más de seis mil médicos que respondieron un

57 % apoya  despenalizar las tres causales;  y un 14% adicional apoya solo la despenalización en las  dos primeras causales. [18]

Como vemos la oposición radical de la enseñanza católica al aborto admite ciertos matices en los últimos cincuenta años. Varios teólogos destacados lo aceptan en ciertos casos, y aceptan como legítima una legislación civil que lo despenalice, pues eso no fuerza a las personas. En caso de riesgo de vida de la madre los obispos de diversas partes del mundo aceptan la interrupción del embarazo. Ahora bien, cuando se acepta una excepción es que el límite ya no es absoluto. Varios teólogos avanzan en esa dirección  reconociendo que ciertos valores en juego pueden hacer aceptable una decisión en conciencia en ciertos  casos. Una evolución y desarrollo en el pensamiento católico en este tema es perceptible y así se dan siempre los cambios en la cultura.

El mundo secular y laico desea tomar sus propias decisiones al respecto y reclama el derecho a legislar. La autoridad católica tiene una postura tradicional muy clara al respecto pero, como vemos,  también el mundo católico en las últimas décadas  incluye una diversidad de pensamientos en el tema. Es beneficioso escuchar a todos y  en especial a las mujeres, a quiénes mas  atañe esta delicada decisión.

Notas:

[1] J. Guzmán, Actas Oficiales de la Comisión Constituyente,  sesión 83,  del 31 0ctubre 1974, citada en P. Eguiguren, M.Ferrer, Aborto y Salud Pública en Chile, en Ciudadanía De las Mujeres, Cuerpo y Autonomía, coedición de AFLD y Escuela de Salud Pública U. de Chile, LOM, Santiago, 2014,  p 29

[2] J. Noonan citado en P.  Kaufman,  Manual para Católicos Disconformes,  Marea, Buenos Aires,  220

Por espacio  excluimos de este análisis  el problema del inicio de la vida del sujeto, es decir el momento en que  puede considerarse que la vida embrionaria se convierte en vida personal.

[3] R. Molina,  Perspectiva Médico-Epidemiológica del Aborto en Chile, en Ciudadanía de las Mujeres, o.c.,  39

[4] Citado en P. Kaufman, o,c. 220

[5] John F. Dedek, citado en  O.c.  221

[6] R. Springer s.j., citado en o.c. 221

[7] Congregación para la Defensa de la Fe, Notificación, 2001

[8] M. Vidal,  Moral de Actitudes t. II,1° parte, PS Editorial, Madrid,   403

[9] O.c. 412

[10] P. Kaufman,  226

[11] P. Kaufman, 227

[12] Gómez Mier, La Refundación de la Moral Católica,  229

[13] Subrayado nuestro, López Azpitarte,  Simbolismo  de la Sexualidad Humana, Criterios para una Ética Sexual,  Sal Térrea, Santander, 2001, 235-6

[14] Lopez Azpitarte,  Etica y Vida,  145-6

[15] O.c. 149-50

[16] Resolución de Mayo 1976, citada por Uta Ranke-Heineman,  Eunucos por el Reino de los Cielos, Trotta, Madrid 1994, 273

[17] Beca, Juan Pablo, La Discusión sobre el Aborto en Chile, Revista  Chilena de Pediatría 2014;85 (4) 418-420, disponible en Internet, http://medicina.udd.cl/centro-bioetica/files/2014/09/Aborto-Editorial-rev-chil-pediatr.pdf

[18] El Mercurio, 21 Marzo2015, C 22.

www.reflexionyliberacion.cl

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