|Miércoles, Febrero 26, 2020
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¡ESTEMOS ATENTOS!: Al inicio del Adviento 

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Comenzamos un nuevo año litúrgico. El primer domingo de Adviento marca el inicio de un ciclo nuevo en la Iglesia, y con él la lectura anual del Evangelio de Mateo (ciclo A). El Adviento corresponde a un tiempo de alrededor de cuatro semanas que antecede a la celebración de Navidad. Se caracteriza porque los ministros visten de color morado, el cual simboliza la penitencia, la oración y la espera. En las celebraciones de la Eucaristía se omite el canto del Gloria, el cual se volverá a entonar la Noche Buena, siguiendo la tradición que ubica la entonación de este himno en la boca de los ángeles la noche del nacimiento de Jesús (Lc 2,14). Este tiempo posee algunos personajes bíblicos específicos, a saber, el profeta Isaías que anuncia la llegada del Mesías en el Antiguo Testamento, Juan Bautista que lo señala y que cierra el ciclo de los profetas del Antiguo Testamento y la Virgen María que espera el nacimiento de su Hijo. Otro de los signos propios del Adviento es la tradicional corona hecha con ramas verdes a la que se le añaden cuatro velas, tres de color morado y una de color rosado para el tercer domingo de Adviento. Ella representa el crecimiento de la luz, que es uno de los nombres con los cuales se conoce a Cristo (Jn 1,8; Jn 9,5).

Es un tiempo marcado fuertemente por la esperanza. Creemos que Dios está en medio de nuestro pueblo, que su presencia marca una gramática de los signos de los tiempos, los cuales necesitan ser discernidos por toda la Iglesia.  La esperanza, como experiencia creyente, exige de los discípulos de Jesús de Nazaret un compromiso efectivo con su propia historia social ya que está llamado a no desentenderse de las obligaciones temporales sin olvidar que su último destino es la comunión plena con Dios en la vida eterna (Cf. Gaudium et Spes 39). El Adviento es el tiempo de la esperanza porque nos prepara a recibir al Dios que nace en la persona del niño de Belén. En la figura de Jesús recién nacido acontece una renovación del tiempo, ya que en Él Dios nos ofrece una propuesta solidaria que vence estructuras caducas y temores. En el Adviento, Dios tiene algo que decir a la historia, al devenir social y político y a la cultura de éste tiempo. Y es ante esta palabra que debemos estar atentos.

Los textos bíblicos de este tiempo nos exigen prestar atención, poner oído y mirar bien la historia: (¡Estén atentos y despiertos! Mc 13,33; ¡Estén atentos! Mc 13,35.37). Esto está en sintonía con uno de los textos que Jesús utiliza: un hombre se va de viaje y encarga a los sirvientes que sigan sus respectivas labores cuando él no esté. Los siervos deben estar atentos a la llegada del señor, pero sin saber en qué momento se realizará (Mc 13,34-36).

¿Qué nos dice este “estén atentos” hoy? La contingencia nos está enviando señales y voces nuevas se están levantando. Hay cambios en los paradigmas con los cuales vamos comprendiendo el mundo y nuevas interpretaciones se han posicionado en los más variados sectores de nuestro sugerente tejido social. El “estén atentos” de Jesús no es una llamada ingenua, no se posiciona en la línea de la pasividad o del conformismo. Al contrario, exige que los creyentes y los hombres y mujeres de buena voluntad asuman creativamente la construcción de otro mundo posible, que ya ha comenzado con Jesús pero que todavía no ha llegado a su plenitud.

La esperanza, propia del mensaje del Adviento, es el fundamento de la actitud que pide el dueño de la casa a los sirvientes: ¡No duerman! Los signos de los tiempos se están sucediendo con fuerza y el Espíritu de Dios está rugiendo a las Iglesias. Hay un viento que está soplando desde el Sur, desde América Latina, Asia, África. Y aparecen dos opciones: o nos dormimos y esperamos pasivamente que llegue el Reino preguntándonos angustiados cuándo ocurrirán todas estas cosas, o nos movemos en pos de una creatividad en la que hemos de asumir la construcción del nuevo mundo que está naciendo desde Dios. La ley del mínimo esfuerzo no tiene lugar en el cristianismo, pero tampoco el trabajo humano independiente de la acción de Dios. El Adviento es pues una invitación a vivir la más profunda novedad de aprender a estar despiertos, a saber escuchar y ver cómo Dios sigue actuando en medio de la historia.

 

Juan Pablo Espinosa Arce

Profesor de Religión y Filosofía (UC del Maule)

Candidato a Magíster en Teología (UC)

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