|Sábado, Noviembre 18, 2017
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El realismo de la no violencia activa 

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(Luis Badilla).-

El mensaje del Papa Francisco a un mundo exhausto por la intolerancia y la guerra en pedazos

 

“Hagamos de la no-violencia activa nuestro estilo de vida”, invita este año el Papa Francisco en el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz. En 2017 se celebra por 50ª vez esta iniciativa que nació en el seno del Concilio Ecuménico Vaticano II y fue instituida hace cincuenta años por el beato Pablo VI. Ya desde el título el mensaje anticipa el programa que propone: “La No-Violencia: un estilo de política para la paz”. Un estilo cuyo propósito es romper “la espiral diabólica de la violencia”. El teólogo y filósofo italiano Giulio Girardi, muerto en 2012, en uno de sus últimos libros se preguntaba: “¿Se busca actualmente, en los diversos sectores de la sociedad (política, economía, ecología, religión, cultura, educación, etc.) una alternativa a la violencia o acaso estamos obligados a reconocer que la violencia, y por tanto la muerte, es la última palabra de la historia?  ¿Hay actualmente, en la era de la globalización neoliberal, un proyecto de alternativa económica centrado en comunidades y proyectos locales?”

El Papa Francisco concluye su mensaje con una “invitación” que desarrolla en tres puntos:

1) Limitar el uso de la fuerza. La construcción de la paz mediante la no violencia activa es un elemento necesario y coherente con los continuos esfuerzos de la Iglesia para limitar el uso de la fuerza por medio de las normas morales, a través de su participación en el trabajo que desarrollan las instituciones internacionales y con el aporte competente de muchos cristianos para elaborar legislaciones en todos los niveles. Jesús mismo nos ofrece un “manual” de esta estrategia de construcción de la paz en el Sermón de la Montaña. Las ocho bienaventuranzas (cfr. Mt 5,3-10) trazan el perfil de la persona que podemos definir feliz, buena y auténtica. Felices los mansos – dice Jesús -, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, los puros de corazón, los que tienen hambre y sed de justicia.

2) La solidaridad, un estilo de convivencia. “Esto es también un programa y un desafío para los líderes políticos y religiosos, para los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo: aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades. Es el desafío de construir la sociedad, la comunidad o la empresa, de la que son responsables, con el estilo de los trabajadores por la paz; de dar muestras de misericordia, rechazando descartar a las personas, dañar el ambiente y querer vencer a cualquier precio. Esto exige estar dispuestos a «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso». Trabajar de este modo significa elegir la solidaridad como estilo para realizar la historia y construir la amistad social. La no violencia activa es una manera de mostrar verdaderamente cómo, de verdad, la unidad es más importante y fecunda que el conflicto. Todo en el mundo está íntimamente interconectado. Puede suceder que las diferencias generen choques: afrontémoslos de forma constructiva y no violenta, de manera que «las tensiones y los opuestos [puedan] alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida», conservando «las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna».

3) El servicio y el aporte de la Iglesia. Confirma que “La Iglesia Católica acompañará todo tentativo de construcción de la paz también con la no violencia activa y creativa. El 1 de enero de 2017 comienza a funcionar el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que ayudará a la Iglesia a promover, con creciente eficacia, «los inconmensurables bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación» y de la solicitud hacia los emigrantes, «los necesitados, los enfermos y los excluidos, los marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, los encarcelados, los desempleados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura». Todo esfuerzo en esta dirección, por cuanto modesto, ayuda a construir un mundo libre de violencia, primer paso en dirección a la justicia y la paz.

Violencia y mundo fragmentado. El Papa Francisco observa en su mensaje: “La violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado. Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a la emigración forzada y a un enorme sufrimiento, ya que las grandes cantidades de recursos que se destinan a fines militares son sustraídas de las necesidades cotidianas de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos, de la gran mayoría de los habitantes del mundo. En el peor de los casos, lleva a la muerte física y espiritual de muchos, si no es de todos”. Luego el Papa trae a colación el Angelus de Benedicto XVI el 18 de febrero de 2007. “Esta —como ha afirmado mi predecesor Benedicto XVI— «es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia y, por tanto, sólo se puede superar esta situación contraponiendo un plus de amor, un plus de bondad. Este “plus” viene de Dios». Y añadía con fuerza: «para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser de la persona, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con las armas del amor y de la verdad. El amor a los enemigos constituye el núcleo de la “revolución cristiana”». Precisamente, el evangelio del amad a vuestros enemigos (cf. Lc 6,27) es considerado como «la carta magna de la no violencia cristiana», que no se debe entender como un «rendirse ante el mal […], sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12,17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia»”.

La conclusión del Mensaje del Papa. Francisco concluye su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del 1º de enero con afirmaciones fuertes y llenas de verdad: “Muchas veces la no violencia se entiende como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así. Cuando la Madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz, en 1979, proclamó claramente su mensaje de la no violencia activa: «En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la paz, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros […]. Y entonces seremos capaces de superar todo el mal que hay en el mundo». Porque la fuerza de las armas es engañosa. «Mientras los traficantes de armas hacen su trabajo, hay pobres constructores de paz que dan la vida sólo por ayudar a una persona, a otra, a otra»; para estos constructores de la paz, Madre Teresa es «un símbolo, un icono de nuestros tiempos». En el pasado mes de septiembre tuve la gran alegría de proclamarla santa. He elogiado su disponibilidad hacia todos por medio de «la acogida y la defensa de la vida humana, tanto de la no nacida como de la abandonada y descartada […]. Se ha inclinado sobre las personas exánimes que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho escuchar su voz a los poderosos de la tierra para que reconocieran sus culpas ante los crímenes —¡ante los crímenes!— de la pobreza creada por ellos mismos». Como respuesta —y en esto representa a miles, más aún, a millones de personas—, su misión es salir al encuentro de las víctimas con generosidad y dedicación, tocando y vendando los cuerpos heridos, curando las vidas rotas”.

Luis Badilla – Director de Il Sismografo  /  ROMA

Tierras de América  –  Reflexión y Liberación

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