|Viernes, Marzo 24, 2017
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A propósito del Sillón por Santiago 

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A propósito del Sillón por Santiago.

 Los obispos “están invitados a presentar su renuncia al oficio pastoral al cumplir los setenta y cinco años de edad”. Eso ocurrirá con el cardenal Ricardo Ezzati Andrello este 7 enero 2017. Probablemente el Papa Francisco aceptará su solicitud de renuncia, la que debería concretarse en un plazo no mayor a un año, aliviando la “mochila” que el cardenal ha debido cargar en estos últimos 6 años y se “retirará” a algún otro servicio bajo el alero de la comunidad Salesiana del país.

Pero más que evaluar su trabajo a la cabeza de esta arquidiócesis -que para muchos no ha sido bueno y ha ido de la mano de un estilo parco y autoritario- esta vez quiero colocar el acento en el mecanismo de elección de los obispos y especialmente en mirar el corazón de este servicio.

Elección de los obispos, entre la designación y la participación

La democracia en la elección de los obispos fue un hecho en la antigüedad. Eran elegidos por el clero y los fieles de la diócesis por aclamación. Un mecanismo que también conoció el abuso y la designación quedó en manos sólo del clero.

En la actualidad los nombramientos están radicados en Roma, en la Congregación para los obispos y finalmente en el Papa. Los nombres de los candidatos son promovidos por varias vías y oficialmente se canalizan a través del Nuncio Apostólico. Se estudian los pergaminos de los candidatos y se procede a la elección. Si el candidato elegido acepta, se hace el anuncio oficial. Un camino que tiene mucho de lucha de poder, condicionado en gran parte por la manera de concebir la misión de la Iglesia.

En la Iglesia Chilena los nuncios han sido decisivos en la elección de los obispos que hoy componen la Conferencia episcopal. En el pasado el nuncio Angelo Sodano puso a la cabeza de las diócesis a personas que guardaban sintonía con su mirada conservadora de ser Iglesia. Aliados siempre tuvo, como por ejemplo, Fernando Karadima con quien se reunía de manera periódica en la parroquia de El Bosque. Otros lo apoyaban haciendo valer sus influencias en el Vaticano, como fue el caso del cardenal Medina.

El actual nuncio tiene algo o mucho de Sodano. Cuando se trata de promover candidatos, más allá de la confianza en el Espíritu que anima a la Iglesia, hay movimientos bajo la mesa y las intrigas son un ingrediente más. El poder eclesial, obtenerlo como mantenerlo,  muchas veces es más fuerte.

La Iglesia concebida como Pueblo de Dios debería llevarnos a repensar la manera en que se eligen hoy los obispos y de paso también los párrocos. Más que dejarse llevar por un estilo jerárquico, hay que abrir ventanas para una participación comunitaria y democrática. Por esta vía, con seguridad Osorno y otras diócesis del país tendrían otro obispo.

 Pastores auténticos

El Papa Francisco ha hablado del servicio episcopal con mucho celo y preocupación. Ha enfatizado el hecho de que “no existe un Pastor estándar para todas las Iglesias. Cristo conoce la característica del Pastor que cada Iglesia requiere”. Siguiendo esa línea, ¿cuál es el perfil o estilo de obispo que la Iglesia chilena necesita? Hay una necesidad urgente de contar con obispos según el corazón de Jesús. El episcopado de hoy es uno de los más débiles que nos ha tocado vivir desde hace ya muchos años. Es más, algunos de ellos nunca deberían haber sido ungidos como obispo y lo que uno debería esperar de ellos es que den un paso al costado. Por lo mismo, hay un clamor entre los cristianos y particularmente entre los agentes pastorales de contar con pastores auténticos.

 Pastores con “olor a oveja”

El episcopado es un servicio y no parte de una carrera por el poder.“No nos sirve un mánager, un administrador delegado de una empresa, y ni siquiera uno que esté en el nivel de nuestras poquedades o pequeñas pretensiones. Nos sirve uno que sepa elevarse a la altura de la mirada de Dios sobre nosotros para guiarnos hacia Él”, ha dicho el Papa.  Enfatiza además que “Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor «ya tienen su paga», y puesto que no ponen en juego la propia piel ni el corazón, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del corazón. De aquí proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes, y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con «olor a oveja»”.

“(El pueblo fiel) Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas”, señala el Papa y recalca que “El episcopado no es para sí, sino para la Iglesia, para el rebaño, para los demás, sobre todo para aquellos que, según el mundo, hay que descartar”.

Pastores de la Misericordia

Es muy importante que un obispo sea una persona instruida pero eso no puede ser el criterio principal ni menos único. Podemos conocer mucho de la Biblia y del derecho canónico pero si no hay un corazón para acoger, para acompañar y animar de nada sirve. Más que condenar o dar charlas de moral, necesitamos testigos del Señor que da Vida. El Papa Francisco hace un llamado a que “No tengan miedo de proponer la Misericordia como síntesis de cuanto Dios ofrece al mundo, porque a nada más grande puede aspirar el corazón del hombre”…“Las lecturas, también el Salmo, nos hablan de los «Ungidos»: el siervo de Yahvé de Isaías, David y Jesús, nuestro Señor. Los tres tienen en común que la unción que reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven… El Señor lo dirá claramente: su unción es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que están tristes y solos. La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite… y amargo el corazón.”. Por último, haciéndonos eco de un corazón compasivo, tanto el Vaticano como los obispos deberían hacer un gesto de perdón y reparación por el daño causado a tantos cristianos que separados y vueltos a casar se les negó la comunión en Cristo. Ellos sufrieron y muchos se alejaron de la vida de fe al no encontrar una respuesta a sus necesidades de reencuentro con el Jesús de los evangelios.

Pastores que sintonicen con los vientos que soplan

El episcopado hoy tiene algo de sordo, ciego y mudo. No escucha el clamor de la gente o le cuesta sintonizar con los problemas reales y cotidianos. No ve o no quiere ver lo rápido que el mundo cambia y que muchos de nuestros planteamientos están añejos y particularmente los jóvenes nos perciben como una institución medieval y reacia a dialogar o crear puentes con la sociedad. No habla cuando muchos esperan escuchar su voz o prefiere enmudecer en medio de una sociedad que la mira con sospecha. Es notorio como en el último tiempo su voz no ha acompañado los malestares sociales o ha reaccionado tardíamente.

Pastores testigos del Resucitado

Insiste en que “el Obispo debe ser un testigo del Resucitado humilde y valeroso. La Iglesia no tiene necesidad de apologetas o cruzados, sino de sembradores humildes y confiados en la verdad”. Afirma que “El coraje de morir, la generosidad de ofrecer la propia vida y de consumarse por el rebaño están inscritos en el ‘ADN’ del episcopado. La renuncia y el sacrificio son connaturales a la misión episcopal”. Promotores de la esperanza y la alegría en un ambiente de muchas noches oscuras. Testigos del Dios Viviente.

Pastores no casados con el poder (político ni económico)

La institución de la Iglesia por siglos ha tenido una convivencia cuestionable con el poder político y que a veces se ha traducido en una suerte de matrimonio por conveniencia. Esto conlleva dificultad para abrir los ojos, una ceguera a la hora de profetizar, como por ejemplo,  en la Reforma Educacional en curso o en la discusión de la Reforma Previsional o frente a las colusiones de algunos de los grandes conglomerados económicos o hablar con más fuerza y convicción sobre el derecho de muchos de los separados y vueltos a casar para acercarse a la comunión o golpear la mesa ante los abusos sexuales a menores. En esto el Papa Francisco a veces debe sentirse predicando en el desierto en medio de los suyos. También se le asocia con el poder económico, no sólo porque la institución eclesial es una de las más ricas a nivel país, sino porque históricamente su influencia se ha tejido de los lazos fuertes y duraderos cultivados con el sistema. Más que vivir complacidos de las seguridades y comodidades que nos brinda el medio, esperamos pastores sencillos, humildes y que se la jueguen por la opción preferencial de los pobres.

El “Sillón por Santiago”

Hay algunos candidatos que han sido promovidos para suceder al cardenal Ricardo Ezzati. Los que más suenan son el obispo de San Bernardo Juan Ignacio González y el arzobispo de Concepción Fernando Chomalí. Algunos han lanzado el nombre del obispo René Rebolledo, muy amigo del cardenal Errázuriz. Ahora último está corriendo el actual presidente de la Conferencia Episcopal y obispo castrense Santiago Silva. Ninguno encandila pero la elección del obispo de San Bernardo en el sillón de Santiago sería un retroceso mayor no sólo para la arquidiócesis de Santiago. Si se aplicara aquello que los últimos serán los primeros, el obispo castrense podría ser una buena sorpresa y con el tiempo transformarse en una buena noticia. “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Marcos 9,35).

Juan Carlos Navarrete Muñoz

www.reflexionyliberacion.cl

 

 

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