|Lunes, Noviembre 18, 2019
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Preguntas Cuaresmales 

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¿Por qué el grito de los pobres es el rumor fundamental
de nuestro planeta?
¿Por qué la tierra es el único astro sufriente?
(Aquí, en el desierto de los cuarenta días y noches, se
ven y se oyen las estrellas).
¿Cómo sobreviven los pobres?, ¿por qué van
zarandeados como algas, cada día, en la marea de
nuestras veredas, sin trabajo?
¿Por qué, sin embargo, permanecen apegados a la roca,
firmes, sólidos, navegando todos los libros de la
economía, escapando de los redentores de moda que
florecen en las universidades?

¿Por qué no hemos inventado el pan de los que no
tienen nada? (en el ayuno del desierto, el pan es alucinante).
¿Por qué las enfermedades de los pobres no tienen nombre?
¿Por qué los trabajadores tienen que levantarse
temprano y acostarse tarde?
¿Por qué los árboles asténicos en las poblaciones pobres?
¿Por qué los ancianos del asilo de la monjitas huelen a
jabón de lavar ropa?, ¿por qué a ellos les quedan
grandes los cuellos de las camisas, y demasiado cortos y
demasiado holgados los pantalones de los difuntos?

¿Por qué en la octava de Navidad, los basureros
municipales recogen miles de botellas de whisky vacías,
mientras sus perros aprenden a tocar arpa en sus propias costillas?
¿Por qué desde hace cinco siglos, los indios se han
quedado mudos, sentados en la única piedra de siempre
de su cordillera?
¿Por qué las muñecas de las niñas, en las pobrerías,
sufren de calvicie prematura y llevan amputados un
brazo y una pierna?

¿Por qué una democracia sin pueblo se parece a una concha vacía,
tirada en la arena seca?
¿Por qué los pobres tienen tanta paciencia, y se quedan
esperando el fin del mundo, en cualquier esquina de la
ciudad? ¿Cuántas horas sin reloj sabe esperar su
esperanza el número 21.432, de la cola de los cesantes?
¿Cómo han podido los ricos llevarse el viento a sus
molinos, el agua a sus piscinas, el trigo a sus graneros,
el vino a sus bodegas, las flores a sus jardines, el pan a
sus mesas y la palabra a sus medios de comunicación?
¿Y cómo han podido ensuciar la tierra y el cielo, el mar,
los ríos y el aire, escondiendo su propia suciedad bajo el
perfume del Agua de Colonia?

(El canto de un gallo me despierta a tu presencia, Señor)

Entraré al desierto.

Buscaré tus respuestas debajo de los duros peñascos
de mi alma, mientras el sol de tus pobres me queme la lengua…

                    +P. Esteban Gumucio, ss.cc.

 

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