|Sábado, Septiembre 21, 2019
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Jueves Santo: La Eucaristía que no llega a los pobres no llega a Dios 

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El Papa Francisco molesta.

El Jueves Santo,con su Eucaristía, es la dimensión política del Mandamiento del Amor Fraterno, que si no llega a los más pobres, tampoco llega a Dios.

Francisco, el actual Obispo de Roma, molesta a los mismos que molestó Jesús.

Sin duda recordamos aquella escena en la que Jesús lava los pies a los discípulos. Este trabajo era propio de esclavos. Esto hizo Jesús: hacerse esclavo entre los esclavos para liberar a los esclavos. Y les dice: “Vosotros decís que soy el Maestro y el Señor, y decís bien. Pues si yo, el Maestro y Señor, os he lavado los pies ejemplo os he dado para que hagáis vosotros lo mismo”. ¿Cuándo aprenderán y practicarán esto los de arriba? ¿Cuándo serán los más humildes y sencillos de todos? ¿Cuándo empezarán a ponerse en el último puesto, empezando por los jerarcas eclesiásticos que deberían ser los primeros en aprender de Jesucristo? ¿Cuándo van a abandonar los palacios? Cuándo van a vivir como vive el pueblo? Porque la estructura jerárquica de la Iglesia Oficial es increíblemente piramidal y asimétrica, mientras que el Evangelio es pura horizontalidad. Hoy tenemos una excepción en Francisco, pero no aprendemos de él. Al contrario, nos molesta que sea así, porque nos pone en evidencia.

En aquella memorable cena donde la comida del cordero pascual recordaba la liberación del pueblo de la opresión y esclavitud de Egipto, nos hace entender que toda Eucaristía tiene que ser amor convertido en lucha por la liberación, dando por tanto dimensión política al mandamiento del amor fraterno.

Jesús sienta a sus discípulos y discípulas en torno a una misma mesa para compartir todos juntos una misma comida y un mismo pan.

Preguntas y compromisos para hoy:

En el mundo actual, y entre los llamados cristianos, unos ricos y otros pobres, unos bien vestidos y otros desnudos, unos con comida de sobra y otros pasando hambre, unos en casas bien dotadas y otros en chabolas, unos durmiendo en camas confortables y otros en la calle, unos con calefacción y otros pasando frío, unos con mucha ropa de sobra y otros con harapos, ¿eso es sentarse en torno a una misma mesa y compartir un mismo pan? La mejor Eucaristía es aquella que celebramos compartiendo por lo menos algo de lo que tenemos con los más pobres de los más pobres del Tercer Mundo, como las mujeres y niñas de Africa (violadas ya a los 4 ó 5 años como en la R.D. del Congo), que son lo más pobres y desgraciado que hay en el mundo actual.

Seguro que Jesús invitó a aquella cena de despedida a sus discípulos y discípulas: Que sean solo hombres, y nunca mujeres, los que consagran el pan y el vino de la Eucaristía, ¿eso es sentarse en torno a una misma mesa y compartir un mismo pan? De ninguna manera. ¿Jesús discriminó a la mujer de esta manera? A nadie con sentido común le puede caber en la cabeza que Jesús hiciera semejante cosa.

Esto fue y sigue siendo en la Iglesia una gran discriminación y muy injusta, que no tiene base ni fundamento doctrinal ni en la Biblia ni en la tradición. Solo es consecuencia del machismo ancestral y misógino de la Iglesia oficial, heredado del judaísmo y la cultura grecorromana, como otras muchas más cosas que hay en ella, que no concuerdan con el mensaje de Jesús.

En aquella cena compartida y eucarística Jesús por cuatro veces les dice a ellos y a ellas: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis un@s a otr@s”. Este mandamiento es el primer compromiso de toda Eucaristía. Toda Eucaristía es para amar más a los demás, especialmente a los que más lo necesitan, si no, no es Eucaristía. Ese amor tiene que traducirse en actos concretos de amor a la esposa, al esposo, a los hijos, a los padres, a los hermanos, a los abuelos, a los nietos, a los vecinos, a los compañeros de vida y trabajo, a los amigos y migas, y sobre todo a los empobrecidos, maltratados y abatidos de este mundo, y en especial a las mujeres y a las niñas pobres, que son más del 70 % de los empobrecidos de la tierra.Cada Eucaristía tiene que llevarnos a Africa, a la India y a Sudamérica, etc: si no llega a los más pobres, tampoco llega a Dios.

Hoy hay muchas personas verdaderamente buenas en el mundo hasta el punto de exponer su vida por los demás, que viven austeramente para poder compartir algo con los más pobres (dinero, tiempo, trabajo), que les duele en carne propia el sufrimiento ajeno y luchan por curarlo, incluso yendo al Tercer Mundo, donde están los más pobres de los pobres, a veces exponiendo su propia vida. Estas personas están celebrando la Eucaristía cada día en el altar de la vida que es el más verdadero, y desde ahí son dignas del altar del cuerpo y la sangre de Jesús, es decir, de la persona de Jesús. Solo las dos unidas, es cuando son verdaderas y completas Eucaristías.

Faustino Vilabrille Linares  –  Asturias

Miembro del Foro de Cristianos Gaspar García Laviana

Religión Digital    –    Reflexión y Liberación

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