|Miércoles, Octubre 18, 2017
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Sigue la crisis en la Diócesis de Osorno 

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Posterior a la visita ad limina de los obispos  chilenos a Roma y, felizmente, producido un diálogo entre una delegación de nuestra Organización Laical y el presidente y secretario de la Conferencia Episcopal, de nuevo se produce una noticia que da cuenta de la grave situación eclesial y pastoral que vive la Diócesis de Osorno bajo el mandato del Obispo Juan Barros Madrid.

Desde hace ya dos años hemos venido denunciando, no sin preocupación y dolor, que la permanencia del Obispo impuesto, como consecuencia de una  poco clara maniobra monitoreada desde la Nunciatura Apostólica hacia nuestra Diócesis, se hace cada día que pasa  tan  “insostenible” como insoportable. Esta realidad que “hemos visto y oído”, en conciencia, no la podemos callar, si así fuera seríamos indignos y malos  discípulos de las enseñanzas del Nazareno.

Insostenible, porque ya son tantos los hechos y elementos que dan cuenta de la profunda crisis y falta de unidad entre el Laicado osornino y el propio Clero de la Diócesis,  que hacen muy difícil una convivencia sana, exenta de sospechas y que no frene más el genuino trabajo pastoral y de misión en beneficio de todos, especialmente, de aquellos hermanos y hermanas nuestras que se encuentran en dificultades o sufriendo los rigores sociales de la pobreza.

Insoportable, por el solo hecho de que no exista un ambiente comunitario de genuino carácter unitario en que no tenga cabida ni la intriga ni la exclusión por el solo hecho de disentir de un nombramiento a todas luces cuestionable y no querido por parte importante de la ciudadanía de Osorno. Este lamentable contexto de división y sospechas intra ecclesia no facilita la misión ni el testimonio a que estamos todos llamados; religiosas, presbíteros, religiosos y Laicado fiel al seguimiento de Jesús y su Evangelio que pide siempre hacer esfuerzos; “para que todos sean uno”.

Hoy, la Diócesis de Osorno de nuevo se ve salpicada por una lamentable situación que afecta a un Presbítero que deja su trabajo pastoral de Párroco y administrador parroquial de Puerto Octay y Rupanco, solicitando a su vez un tiempo de “descanso, recuperación y colaboración pastoral en la Iglesia hermana de Punta Arenas”. Esta decisión de renunciar al servicio pastoral en la Iglesia de Osorno y solicitud de incardinación en la Diócesis Austral, se la entregó directamente el P. Miguel Molina al Obispo de Osorno en marzo recién pasado en el contexto de un Retiro Espiritual del Clero,  petición que fue aceptada sin  ninguna objeción.

No nos alegran estos dolorosos casos en que deben salir sacerdotes de la Diócesis, tampoco que nuestra Organización Laical sea estigmatizada por el solo hecho de haber manifestado pública y pacíficamente que renuncie don Juan Barros a la conducción de esta porción eclesiástica y, de esta forma, facilitar a todos esa esperada salida a la crisis que afecta a la Iglesia de Osorno con efectos negativos y de aumento a la falta de credibilidad que ya afecta negativamente a toda la Iglesia chilena. Ante este nuevo hecho en nuestra Diócesis, reafirmamos de nuevo y con serena convicción que el Obispo Barros no goza de “buena fama” y que por su pasado reciente defendiendo -hasta en Roma mismo- a Fernando Karadima,  cae en una actitud temeraria, irresponsable y reprochable.

Finalmente y junto con expresar toda nuestra solidaridad con nuestro hermano, P. Miguel Molina y deseándole lo mejor en su nuevo lugar de Misión, compartimos textualmente los motivos por la cual se ve obligado a dejar su querida ciudad de Osorno a la que ha servido, pastoralmente, durante más de siete años: “He llegado a esta decisión debido a mi estado de salud físico, emocional y espiritual que se ha visto deteriorado por el exceso de trabajo y preocupación pastoral, el desgaste de las relaciones humanas y personales entre algunos miembros de la Comunidad Parroquial de Puerto Octay, el incendio de la Iglesia de Rupanco y todo lo que significa el proyecto de reconstrucción, así como el notorio ambiente de división que provoca la presencia y permanencia del Obispo en la Diócesis y la relación no fraterna, cercana, honesta y paterna que ha tenido conmigo, otros miembros del Clero y la comunidad diocesana.

Toda conciencia, esté bien o mal informada, que se refiera a cosas que son en sí malas o indiferentes, es obligatoria; pues el que actúa contra su conciencia, peca.” (Santo Tomás: Quaestiones quodlibertales, III, a. 27).

Mario Vargas Vidal   –   Danilo Andrade Barrientos

  Vocero              –             Laico Ignaciano

Organización Comunidad de Laicos y Laicas de Osorno – Chile

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