|Miércoles, Diciembre 13, 2017
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Estancados 

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(J A Pagola).-

El Papa Francisco está repitiendo que los miedos,  las dudas,  la  falta  de audacia… pueden impedir de raíz impulsar la renovación que necesita hoy la Iglesia.   En su Exhortación   “La alegría del Evangelio”   llega a decir que, si quedamos paralizados por el miedo,  una vez más podemos quedarnos simplemente en   “espectadores  de  un  estancamiento  infecundo  de  la Iglesia”.

Sus  palabras  hacen pensar.   ¿Qué  podemos  percibir  entre  nosotros?           ¿Nos estamos movilizando para reavivar la fe de nuestras comunidades cristianas,  o seguimos instalados en ese   “estancamiento infecundo”   del que habla Francisco?  ¿Dónde podemos encontrar fuerzas para reaccionar?

Una de las grandes aportaciones del  Concilio  fue  impulsar  el  paso  desde la “misa”,   entendida como una obligación individual para cumplir un precepto sagrado,  hacia la   “eucaristía”   vivida como celebración gozosa de toda la comunidad para alimentar su fe, crecer en fraternidad y reavivar su esperanza en Cristo.

Sin duda,  a lo largo de estos años,  hemos dado pasos muy importantes. Quedan  muy  lejos  aquellas  misas  celebradas  en  latín  en  las  que  el sacerdote   “decía”   la misa  y  el pueblo cristiano venía a   “oír”   la misa o “asistir”  a la celebración.   Pero,  ¿no estamos celebrando la eucaristía de manera rutinaria y aburrida?

Hay un hecho innegable.   La gente se está alejando de manera imparable de la práctica dominical porque no encuentra en nuestras celebraciones el clima,  la  palabra  clara,  el  rito  expresivo,  la  acogida  estimulante  que necesita  para  alimentar  su  fe  débil  y  vacilante.

Sin duda,  todos,  pastores   y  creyentes,   nos  hemos  de  preguntar qué estamos haciendo  para  que  la  eucaristía  sea,  como  quiere  el  Concilio, “centro  y  cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana”.   Pero, ¿basta la  buena  voluntad  de  las  parroquias  o  la creatividad  aislada  de algunos,   sin  más criterios de renovación?

La Cena del Señor es demasiado importante para que dejemos que se siga “perdiendo”,  como  “espectadores de un estancamiento infecundo”   ¿No es  la  eucaristía  el  centro  de  la  vida  cristiana?   ¿Cómo permanece tan callada  e  inmóvil  la  jerarquía?   ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación  y  nuestro dolor con más fuerza?

El problema es grave.   ¿Hemos de seguir   “estancados”   en un modo de celebración eucarística,  tan poco atractivo para los hombres  y  mujeres de hoy?   ¿Es esta liturgia que venimos repitiendo desde hace siglos la que mejor puede ayudarnos a actualizar aquella  cena  memorable  de  Jesús donde se concentra  de modo admirable el núcleo de nuestra fe?

José Antonio Pgola

Grupos de Jesús

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