|Jueves, Septiembre 21, 2017
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Las opciones del Papa Francisco 

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En un momento crucial, difícil de su pontificado, por el agravamiento de la guerra interna con los grupos más conservadores y tradicionalistas, Papa Francisco reacciona demostrando que su línea es la de siempre, la que causa un fuerte impacto en el mundo global; su deseo de ver una Iglesia pobre para los pobres…

Lo demostró con una declaración a Eugenio Scalfari, fundador de La Repubblica de Roma- “El peligro de las alianzas entre potencias que tienen una visión distorsionada del mundo”, dijo, “lo sufre ante todo la inmigración. El problema principal y creciente del mundo de hoy son los pobres, los débiles los excluídos, de los cuales forman parte los migrantes. Por esto me preocupa el G-20, que castiga a los inmigrantes de medio mundo”.

Un segundo concepto en la entrevista, que navegó hacia temas menos actuales, como la eventual beatificación del pensador Pascal, muerto hace siglos, fue un puntazo a Occidente: “Gracias al colonialismo, Europa se convirtió en el continente más rico del mundo”.

Las dos puntualizaciones del Papa argentino, tras la seguidilla de casos que entre marzo y julio han diseñado la primera crisis en el gobierno de Francisco, demuestran que Jorge Bergoglio mantiene firme su visión del mundo, de la Iglesia pobre y para los pobres, abierta, pastoral, renovadora.

Escándalo por una fiesta Gay

A los crecientes problemas de los últimos meses se agregó un reciente escándalo: la Gendarmería Pontificia irrumpió en una fiesta gay con uso de drogas en un apartamento en el Palacio del ex Santo Oficio a nombre del cardenal jurista Francesco Coccopalmerio, presidente del Pontificio Consejo de Textos Legislativos.

Es la primera vez que se recuerde en el Vaticano, donde abundan las historias de homosexualidad, en que se ha producido un escándalo público de este tipo. Protagonista fue monseñor Luigi Capozzi, secretario del cardenal que al parecer ignoraba las festicholas que organizada Capozzi. Pero la policía del Vaticano recibió protestas de los vecinos, casi todos cardenales, por los ruidos, la música fuerte y las idas y venidas de hombres desconocidos. Un detalle. Si desde adentro dejan pasar por la puerta central del Palacio del ex Santo Oficio, afuera está la calle bajo jurisdicción italiana. No hay controles de los guardias suizos.

Dicen que el Papa está furioso y quiere que todos los culpables sean castigados. El cardenal Coccopalmerio tiene 79 años y ya está pasado de edad. Es un estrecho aliado de Francisco y esperaba llegar en el cargo a los 80 años. Ahora todo es más difícil. Coccopalmerio había propuesto la promoción a obispo de monseñor Capozzi, una iniciativa que ahora le complica la vida. Capozzi fue llevado de la fiesta gay a la clínica Pío XI, propiedad de la Iglesia para desintoxicarlo de las drogas. Después estuvo un período en un monasterio y ahora lo han internado en el hospital Gemelli, donde se alojó muchas veces el Papa Juan Pablo II.

Nadie sabe a ciencia cierta cómo es que el caso de la fiesta gay en el Palacio del ex Santo Oficio fue hecho público. Pero sin dudas aumenta la hostilidad de los opositores internos a Francisco, que se ha hecho mucho más aguda, sobre todo después que en tres recientes días saltaron de sus cargos de importancia estratégica dos cardenales de primera línea. El prefecto de la Economía vaticana, cardenal George Pell, debe viajar a Australia, su país, para responder el 26 de este mes a un tribunal de las acusaciones de pedofilia y de cobertura de curas pederastas.

Al caso Pell se sumo la decisión de Francisco de no renovar el mandato de cinco años, que venció el domingo 2, del prefecto para la Doctrina de la Fe, el cardenal alemán Gehard Muller, en continuos conflictos y claras fricciones con el pontífice.

Con Pell, que hizo según el Papa un buen trabajo en la reforma del área económico-financiera, contra la resistencia de los grupos internos en la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia, el Papa cometió un error garrafal que pagó y pagará muy caro: lo nombró en la nueva estructura pese a que le aconsejaron que no lo hiciera porque Pell es acusado de los cargos de pederastía y coberturas de pedófilos desde hace años.

Con Muller, que se opuso sin concesiones a la línea del Papa en los Sínodos de la Familia de 2014 y 2015 en favor de que recibieran de nuevo la comunión y otros sacramentos los católicos divorciados vueltos a casar, la convivencia se hizo imposible pero Francisco, que siempre dice que no es un “cortador de cabezas”, dejó que la crisis con el Guardián de la Ortodoxia creciera hasta convertirse en gangrena. Muller se queda en Roma y no acepta otros cargos, salvo la misión de convertirse en el punto de referencia principal de la contra al Papa, que le causará más de un dolor de cabeza al Papa argentino.

Para reemplazarlo Bergoglio promovió a prefecto de la Doctrina de la Fe al número dos del dicasterio, el jesuita español Luis Ladaria Ferrer, que según reveló la prensa había firmado en 2012 la condena, invitando a un obispo a “no escandalizar a los fieles” con la noticia de la reducción al estado laical por graves culpas del cura Giovanni Trotta, que había violado niños y menores. Todos callaron porque la orden vino de arriba y Trotta se recicló cerca de Foggia, en el sur de Italia, como entrenador de fútbol juvenil, abusando sexualmente de 11 niños hasta que lo metieron preso.

Se agregó el caso del nuevo cardenal que creó hace dos semanas el Papa, el arzobispo africano de Mali, Jean Zerbo, enredado en un escándalo que denunció el diario francés Le Monde. Zerbo no sabe explicar el destino de 12 millones de dólares en cuentas suizas a su nombre.Los asuntos que se han sumado en poco tiempo exigen a Francisco medidas que van más allá de la ordinaria administración. La renuncia a la Pontificia Comisión de Menores de Marie Collins, la irlandesa abusada por un cura cuando era adolescente, que acusó al cardenal Muller; el caso del cardenal George Pell que conmueve a Australia por la oleada de abusos sexuales en los últimos treinta años y el nombramiento como Guardián de la Ortodoxia del monseñor jesuita español Luis Ladaria, reclaman una estrategia más eficaz y rigurosa en la “tolerancia cero” en la gravísima cuestión de la pedofilia, que tanto daño le hizo y le hace a la Iglesia.

Las conspiraciones de los tradicionalistas y ultraconservadores apuntan a desmontar del cargo al Papa Francisco, quien ya dijo que seguirá “hasta el final”, o sea que no renunciará. Como alternativas trágicas quedan la muerte de Bergoglio o un abierto cisma para el cual los tiempos no han madurado pero que muchos emboscados creen que debe ser afrontado.

Las carencias y las convivencias oscurecen la política de transparencia total que reclama el Papa Francisco. Ha llegado la hora de que Jorge Bergoglio reorganice su poder, arme sus equipos con personalidades renovadoras, dé nuevos impulsos a las reformas cortando algunas cabezas si hace falta y promueva una fase nueva, enérgica de cambios en una Curia Romana plena de venenos y de enemigos que emergen de las sombras.

Julio Algañaraz  –  R o m a.

Clarín de Buenos Aires  –  Reflexión y Liberación

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