|Miércoles, Diciembre 13, 2017
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Independencia y teología de la liberación 

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La declaración independentista de Cataluña ha sido seguida con mucha atención de parte de todos los medios de comunicación.

España está lejos de Chile pero, estamos sensibilizados al tema porque las reivindicaciones mapuches en Chile nos acercan a la problemática (a pesar que en la contienda política actual se escucharon pocas alusiones al respecto). Además,  hace más de 200 años que Chile se independizó de España pero el país sigue teniendo problemas de fronteras,  un curioso resentimiento con los vecinos del norte persiste en la población. Este hecho  demuestra que la independencia nacional sigue siendo  un tema inconcluso  en la evolución socio-cultural del país, como también para muchos otros países, tanto desarrollados como en desarrollo.

Una independencia nacional se inicia a través de un proceso a menudo revolucionario, corresponde a una aspiración de “Libertad “que puede realizarse en una autonomía. Todas las historias son distintas pero uno se puede preguntar si alguna nación o alguna región han logrado concluir su verdadera independencia. Más que una conquista histórica, la independencia es un desafío  para el porvenir.

Para entender las aspiraciones independistas vale la pena fijarse en las distintas motivaciones que tienen los independistas.

La independencia étnica o racial se fija en la sangre más que en las fronteras y se refuerza  fácilmente si rivaliza con grupos opositores. En Chile la burguesía y las élites criollas descendientes de europeos siguen buscando desmarcarse de las razas originarias. Los atentados en la Araucanía revelan un racismo recíproco que deja una tarea inconclusa para la unificación nacional. Solo un proceso de emancipación de ambos bandos podría solucionar el problema. La mayor parte de los países latino-americanos padece de este tipo de Independencia “formal”, salieron del yugo de España pero las repúblicas, en más de 200 años no lograron una verdadera autonomía integrando  sus diversas poblaciones. Se acumuló una deuda de participación de los pueblos originarios.

Las ideas de “Nación”, de territorios con fronteras definidas  responden, ellas,  a una legitima necesidad de seguridad colectiva, de autodefensa. Por más que hubo acuerdos de paz después de los conflictos bélicos, las poblaciones mantuvieron resentimientos latentes y por más que las relaciones económicas modernas  permeabilizan las fronteras, los países siguen rivalizando manteniendo conflictos fronterizos y fuerzas armadas competitivas.

Las  culturas y las religiones  han sido también unos factores importantes en las demandas de independencia. La historia nos recuerda que la Reforma de Lutero hace 500 años ha sido una declaración de independencia frente a la Iglesia católica romana y al imperio español de Carlos V. En el islamismo contemporáneo surgieron tendencias religiosas extremistas  que están creando graves  conflictos bélicos.  Así mismo, se puede entender la dispersión de los grupos religiosos en Chile y en toda América como una necesidad de las poblaciones de liberarse de una religión excesivamente institucionalizada y dominante. Esto nos llevará  a cuestionar la libertad  y la independencia humana  de las personas y de las sociedades y cómo esto se pueda compaginar con el creer en la soberanía de Dios.

Pera antes debemos señalar todavía la importancia de lo económico en las aspiraciones libertarias. Las descolonizaciones tuvieron sus razones primordiales en las explotaciones desvergonzadas de las naciones más desarrolladas. Después de las independencias generales que se conocieron en todo el planeta, se puede constatar que no se lograron  verdaderas autonomías económicas de las nuevas naciones. Los adelantos técnicos y científicos han aliviado algo la vida de una parte de la humanidad pero dejan unas masas marginadas de todo progreso. Los poderes económicos provocan cuantas guerras actualmente,  organizan una explotación excesiva de los recursos naturales, difunden un comercio y un consumismo compulsivos pero también crean una nueva esclavitud que encierran hombres y mujeres  en trabajos apremiantes.  Lo más grave es que los medios electrónicos globalizados están creando  una superpotencia anónima de las finanzas que nadie puede verdaderamente controlar. Este juego de las finanzas mundiales, ni  los organismos internacionales, ni los capitalistas, ni los bancos, ni los  Estados,  ni nadie puede independizarse de este manejo anónimo del dinero a nivel mundial y todos estamos sometidos al sistema por nuestras tarjetas, nuestros sistemas de pensiones, nuestros créditos, nuestros salarios, nuestro consumo…

Esta dependencia financiera global pero bastante encubierta es la que provoca la desilusión democrática que se generaliza. La poca participación social, el desinterés político,  muchos desórdenes como la delincuencia, la droga, los atentados, las manifestaciones de todo tipo tienen sus razones en la rebeldía frente a esta opresión del dios dinero.

Existe en las personas un deseo natural de autonomía. Los seres humanos en su desarrollo tienen la necesidad de liberarse de toda tutela. “Quién se casa, casa quiere”. Ganarse la vida es a menudo la manera de emanciparse. Sin embargo, en la realidad, la autonomía que otorga el trabajo es muy ambigua porque inserta el asalariado en una dependencia total que revela el fantasma de la cesantía o de las recesiones. Muchos progresos de la ciencia pueden engañar.  Ayer, nuestros abuelos no podían regular los nacimientos pero el tipo de economía actual deja  todavía menos autonomía a las nuevas generaciones para hacer familia como lo entienden.

¿Dónde quedan espacios de libertad y de autonomía? ¿Será un fatalismo de la condición humana de aceptar una sumisión, una dependencia obligada?

Las religiones han aprovechado las ideas de la grandeza de Dios para someter a la gente a su mediación. Existió una perversión de la idea de un dios todopoderoso que dicta mandamientos y que se impone con amenazas a los hombres. Esta idea, la podían tener quienes no conocían otra cosa que reyes e imperadores. Pero “No tiene que ser así entre ustedes” (Marcos, 10,43-45).  En el cristianismo, Dios haciéndose hombre  destruyó la imagen de un dios soberano mandamás. Dios es Padre, Dios es amor. San Pablo a pesar que respetaba el imperialismo romano de su tiempo logró describir la libertad cristiana. En los capítulos 7 y 8 de su carta a los Romanos explica el esfuerzo de liberación humana que Dios realiza por su Espíritu. En su descripción no se trata solamente de una liberación individual e íntima sino de un espíritu nuevo que busca abrazar el mundo entero (la creación). Es como un esfuerzo de parto, dice San Pablo en que los cristianos deben tomar parte activa.

Muchas veces  se ha dado a la teología de la liberación el sentido de un compromiso salvífico de los cristianos  para con los postergados y los pobres pero conviene abrir las perspectivas y descubrir que la liberación  abarca todos las necesidades de autonomía humana, todos los  afanes sinceros de independencias, todas las búsquedas de los hombres para su verdadera libertad. Porque la liberación de todos los hombres de todos los tiempos  es la misma voluntad del Padre Dios que desea para sus hijos “la gloriosa libertad de los hijos de Dios”.

Paul Buchet   –   Temuco

 

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