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“Compartiendo con los pobres la alegría del Evangelio” 

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Como era de esperar, la Catedral de Buenos Aires estaba colmada de gente, en las afueras canto, música, alegría y una enorme figura del recordado Jorge Mario Bergoglio, con su traje blanco de Papa de la Iglesia Católica. Toda esta fiesta para celebrar el día de la consagración episcopal del Padre Gustavo Oscar Carrara, párroco de la Iglesia María Madre del Pueblo, ubicada en el barrio Villero del Bajo Flores en medio de la populosa periferia bonaerense. Presidió la ceremonia el Cardenal Mario Aurelio Poli.

Ya la Iglesia Católica de Buenos Aires tiene un nuevo Obispo Auxiliar. Y no cualquier Obispo, ya que el P. Carrara tiene un largo y bello historial de estar y acompañar a personas sencillas, humildes y pobres en su populoso sector Villero en la periferia. Allí los jóvenes, que se oponen al reinado de la droga, son los que más saben del trabajo social y acompañamiento de este cura con olor a oveja y a pueblo.  A minutos de su consagración episcopal, el nuevo Obispo dijo en su lenguaje directo y sencillo: “Una de las misiones de la Iglesia en los barrios humildes es abrir primeras oportunidades. Vamos a seguir acompañando a los chicos que están en la calle, abriendo escuelas y clubes”, prometió Carrara sobre su nueva misión. El religioso señaló que es “eso lo que la Iglesia viene haciendo en la Ciudad hace más de 50 años”, y recordó que “el año que viene el equipo de curas de las Villas cumple 50 años”.

Gustavo Oscar Carrara es porteño y tiene 44 años, hasta hoy era también Vicario episcopal para las Villas de emergencia de la ciudad de Buenos Aires, vive desde años como uno más en su población marginal, ávido lector, hombre de acción y estudioso de algunos de los pilares fundantes de una Iglesia Latinoamericana Liberadora; el Concilio Vaticano II, el sentido profundo del concepto Justicia Social y de las directrices expuestas en el documento final de la Conferencia de Aparecida. Texto magisterial que tiene el sello distintivo del otrora Cardenal Jorge Mario Begoglio, uno de los redactores finales de dicho documento de Iglesia.

El nuevo Obispo, practica el buen sentido de mantener las puertas abiertas de la Parroquia para toda persona que busque apoyo no solo espiritual, para aquellas mujeres y jóvenes que no son escuchados y deambulan por la vida en busca de una vida más digna, son esos “descartables” en palabras de Papa Francisco. El P. Carrara les recibe con tiempo y respeto, se esfuerza por buscar soluciones a sus precarias vidas y a aquellos jóvenes que luchan contra el flagelo de la droga…Desde hace años recorre las calles practicando un sentido deseo de su amigo Begoglio: “Quiero que la Iglesia salga a la calle, si no sale se convierte en una Ong y eso no puede ser”.

Por estas contundentes razones, este acontecimiento ha sido valorado y seguido en toda Latinoamérica. No es usual que llegue al Episcopado un cura de abajo, que está cumpliendo su misión pastoral y viviendo en medio de su pueblo, compartiendo con ellos el día a día nada fácil ni grato en medio de este sistema económico que en palabras de Francisco es injusto y mata. Además, este sacerdote sabe bien lo que se juega al estar de lado de los postergados, hace un año murió en extrañas circunstancias otro testigo del Evangelio; el P. Juan Viroche de Tucumán,  que también predicaba y acogía a los jóvenes que no querían sucumbir al temible narcotráfico en una de las Villas miseria que existen en la Argentina, por lo tanto, este compromiso y servicio en fidelidad total al Evangelio no es un camino de rosas ni mucho menos, tampoco un signo de acomodo con el statu quo, muy por el contrario, hay que arriesgarse, no temer y avanzar con Fe.

Ha sido el propio Papa Francisco quien con insistencia ha trazado el perfil de los obispos que él quiere y de qué forma le pueden acompañar en su Ministerio global de evangelización y misión. Siguiendo esta línea de reflexión-acción cómo no recordar lo que dijo el pontífice a los obispos del CELAM reunidos en Rio de Janeiro ya en julio 2013: “Los obispos han de ser pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan ‘psicología de príncipes”.

La fiesta vivida en Buenos Aires por la consagración episcopal del P. Gustavo Oscar Carrara y la alegría de su querida feligresía, es compartida por Comunidades Cristianas de toda Latinoamérica. Por esta hermosa razón, desde Chile, les  saludamos con fraterna Esperanza de que se multipliquen estos acontecimientos del Espíritu en medio del Pueblo de Dios.

Primera Alocución del Padre Obispo Gustavo Oscar Carrara

El nombre de Dios es Misericordia. Y hay momentos de gracia en los que uno hace memoria de la propia vida y no puede dejar de cantar junto a la Santísima Virgen, la Misericordia de Dios.

Hay un hecho que quiero traer a la memoria del corazón, es mi bautismo en la Basílica de Luján el 13 de octubre de 1973. Mi papá y mi mamá, mis padrinos y la familia me llevaron a bautizar allí por una promesa, como lo hacen miles cada año. Lo destaco porque Luján es Luján. Nuestra patria tiene allí a su Madre, ella es la Madre del pueblo. Allí la Virgen nos enseña el camino para cuidar a la patria, este empieza por cuidar a los más pobres. Allí hay que dejarse mirar por los ojos buenos de la Virgen para encontrar  la misericordia de Dios. Le pedimos así a ella que le rece a Dios por nosotros con la confianza de saber que en sus labios la oración suena más dulce.

Caminando a Luján aprendemos que peregrinar es rezar. Y aquí quiero empezar a agradecer tanto cariño recibido en estas semanas, empezando por destacar a aquellos que hoy vinieron caminando, peregrinando como un modo de rezar por mí. Y hablando de peregrinar podemos decir que a vida del cura, la vida del obispo -como nos recordara el Cardenal Bergoglio en la última reunión que tuvimos aquí cerca con los curas de las villas- es caminar con el pueblo de Dios que se le ha sido confiado. El cura, el obispo: “A veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos”. (EG Nº 31).

Pero también destaco otro gesto entre muchos que recibí, como este báculo que me regalaron un grupo de ex combatientes de Malvinas, ellos que alguna vez se sintieron olvidados, me lo regalaron porque entienden -me dijeron- que el ministerio episcopal es en primer lugar servicio a los olvidados que Dios no olvida.
Recibí muchos saludos en este tiempo pero entre los que me sorprendió es el de aquel muchacho al que le llevamos de comer en la noche de la caridad y al acercarse a la camioneta me mira y me dice, lo felicito me dijeron que va a ser obispo. Y aquí uno este saludo con la frase lema que elegí: Compartiendo con los pobres la alegría del evangelio…Aquí no se trata solo de dar de comer a un pobre, sino de considerarlo digno de participar en mi mesa. Es pasar de la generosidad a la comunión. Llegar a decir es de nuestra familia… El Evangelio de Jesús es claro: permanecer cerca del pueblo especialmente de aquellos que están solos, débiles y necesitados. Ser su amigo, su hermana, su hermano, hacernos prójimos, hacernos familia y dejarnos anunciar  la Alegría del Evangelio.

Con respecto a mi vivencia en las villas estos últimos 10 años de mi vida tomo prestadas las palabras de uno de los primeros curas de las villas, el padre Jorge Vernazza: “Para mí lo más importante es el contacto con los pobres. El trabajo en la villa me dio esta gran oportunidad. Me ayuda a mantenerme en un espíritu de pobreza, de simplicidad de vida; me pone frente a la situación más clara de tener que estar al servicio de otro y no de mí mismo. El contacto con quienes además de ser pobres se reconocen como tales, favoreció y enriqueció mi sacerdocio. Son ellos los más preparados para recibir la Buena Noticia”.
Entre los más pobres de los pobres en las villas ciertamente se cuentan a los chicos y chicas que están tirados en las calles y en los pasillos, pero gracias a Dios recibiendo la Vida como viene y acompañándola cuerpo a cuerpo nació y está creciendo la Familia grande del Hogar de Cristo. Donde hay familia hay esperanza y esta familia quiere hacerse cargo de sus miembros más frágiles.

Muchos de ellos están aquí hoy. A todos los que están aquí y a los que no pudieron venir les agradezco de corazón el cariño y la oración. Les pido por favor que lo mantengan y cuando haga falta también háganme las correcciones fraternas que pueda necesitar.

Quisiera terminar con un gesto tomando una oración del Papa Francisco.

Extendamos nuestras manos pidiendo la bendición sobre ellas para cuidar la fragilidad de los más pequeños“Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.” Amén.

Catedral de Buenos Aires  /  16 de noviembre de 2017

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”

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