|Miércoles, Agosto 15, 2018
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Ovejas sin Pastor 

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Han sido muchos los católicos que se han visto decepcionados y dolidos por la forma en la cual la jerarquía de la Iglesia Católica enfrentó los delitos de abusos de parte de sacerdotes.  La incredulidad, la desconfianza, la falta de transparencia e incluso la protección y el ocultamiento, dañaron a los fieles, pero sobre todo a las víctimas.

Este grave asunto ha sido el problema más importante que ha tenido que enfrentar nuestra Iglesia en Chile. Y aún no se resuelve. El caso de los Maristas nuevamente nos señala que hay instituciones que no aprenden.

Por lo anterior, muchos esperábamos una palabra y gestos concretos del papa Francisco sobre esta situación.  Sin desconocer lo valioso y fundamental que fue la visita a la cárcel de mujeres, el encuentro con los mapuche y con los bailes religiosos en Iquique, nada había más importante que tratar el tema de los abusos sexuales.

El papa pidió perdón en la Moneda, pero instaló nuevamente la distancia y la frustración con su acusación de calumnia a las victimas respecto de la situación del Obispo Barros. Frase que es consecuente con la de haber tratado de “zurdos” y “tontos” a la comunidad osornina y con la decisión de no haberle pedido la renuncia a este obispo.  Más aún avanzó en una defensa inquebrantable y la descalificación absoluta de las víctimas y la comunidad de Osorno.

Lo anterior se fortalece con el silencio de los obispos, excepto del obispo de San Bernardo y el Cardenal Errázuriz quienes buscaron por todos lados cerrar el tema.

Una parte importante del país y de católicos nos sentimos aún dolidos.  No concebimos un catolicismo autoritario, no dialogante, que hace defensas corporativas.  No nos representan obispos poco transparentes y procesos poco claros.  Las víctimas nuevamente desacreditas, una Diócesis de Osorno divida y la esperanza de un papa distinto, notablemente dañada.

No hay pastores a la altura de las circunstancias históricas. Sin olor a oveja porque no las conocen.  Sin voz porque sólo la sacan para defenderse entre ellos.  Sin conducción porque no saben a dónde ir. La Iglesia chilena sufre, sí, no por “zurda” ni “tonta”, sufre porque escucha la voz de su máximo pastor que no acoge el dolor de las víctimas. 

Iván Navarro / Teólogo

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