|Sábado, Junio 23, 2018
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“La paz y la justicia se besarán” 

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En 1816 el joven vicario de la Parroquia de Valla, el Padre Marcelino Champagnat, fue a visitar al joven Juan Bautista Montagne gravemente enfermo. Montagne no sabía nada de Dios ni de religión. El joven murió y Marcelino comprendió que la misión que Jesús le pedía era la educación de los niños y jóvenes.

Este es el “nacimiento mítico” de la Sociedad de los Hermanos Maristas de la Enseñanza. Digo mítico no el sentido peyorativo de algo que no aconteció, sino como el punto de inflexión entre una realidad y otra. Sin el encuentro con la familia de Juan Bautista, Marcelino, quizás, hubiera seguido su vida sacerdotal en La Valla. Pero fue gracias a ese acontecimiento que el deseo de educar a los niños y jóvenes, de decirles que Dios es un Padre que los ama profundamente y que María es la Buena Madre que nos invita a reconocer el rostro de un Jesús amigo de los hombres, es una experiencia real y que transforma nuestra vida y nuestras relaciones humanas.

Pero, lamentablemente y en nuestro país, la Congregación está pasando por un momento de crisis. Un grupo de hermanos, movidos por el espíritu del abuso, tanto físico, sexual y también como el abuso de poder, han traicionado esta el punto más bajo los votos que un día prometieron vivir. Y esto, desde la fe, sabemos que es incitación del Demonio, del que Jesús habla como “padre de la mentira y homicida desde el inicio” (Jn 8,44). La pedofilia, como crimen, pero también como enfermedad mental definida como la excitación sexual obtenida en el contacto con menores entre 8 y 12 años (es una parafilia: excitación al borde de la normalidad. Pará: al margen de; filia: amor), se ha colado de la peor manera en las salas de clases de varios colegios maristas.

Hay desconfianza, y sobre todo hay temor y miedo. Y el miedo hace que la persona y los grupos humanos se replieguen hacia dentro, hacia la zona de seguridad en vistas a la posible situación de juicio. Recordemos solamente lo que pasa con los discípulos de Jesús luego de la crucifixión: estaban todos escondidos en la sala alta de Jerusalén por temor a los judíos. Es una reacción profundamente humana, no podemos desconocerlo, pero es una reacción que debe trabajarse y afrontarse desde redes de apoyo como las llaman los teóricos especialistas en resiliencia.

Y junto con la desconfianza y el miedo, aparece la generalización y la consecuente falacia “por generalización”. En sencillo es el error argumentativo por el cual se establece una conclusión a partir de datos erróneos e insuficiente. Más claro todavía: “Todos los Hermanos Maristas son pedófilos”, “Todos los mapuches son terroristas”, “Todos los migrantes son delincuentes”. Estimado lector: desde el momento en que una persona argumenta desde esta “razón” (bien entrecomillas razón), el argumento se destruye por sí solo. Si queremos argumentar de manera correcta en el espacio público de la discusión, hemos de tener a la mano una totalidad suficiente de antecedentes para exponer nuestras posturas. Y, lamentablemente los medios de comunicación se basan recurrente y en este tipo de falacias argumentativas.

A pesar de la crisis que atraviesa la Congregación Marista y también la Iglesia, tenemos fe en que el mal no podrá contra la fe ni contra el Evangelio del amor universal. Jesús mismo, el gran utopista y el hombre más inocente de la historia, lo promete a Pedro: “y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18). Tenemos y tengo la convicción de que el espíritu original del carisma de Marcelino no cambiará por un grupo de enfermos mentales que abusaron de los niños y del carisma del Fundador. Soy exalumno marista de Rancagua, miembro de una larga lista de familiares desde 1946, y en Rancagua, recibieron una educación de calidad. Y sé que no son todos los hermanos los que han cometido el abuso. Pienso en un Fernando de la Fuente, hermano profesor en el Instituto O’Higgins de Rancagua hasta 1996 año en el cual muere mártir en Zaire, África. Y hoy, a 10 años de haber salido del Colegio, hablo como teólogo y como académico universitario que mira hacia el pasado de manera agradecida y que pide al Señor que hace justicia a los que lloran (como en las Bienaventuranzas) que el proyecto educativo iniciado por Marcelino continúe la obra buena que ha sembrado en tantas familias en el mundo, en Chile y en Rancagua. Eso es un verdadero acto de justicia y de reconocimiento.

Por justicia, esa que demandamos por los abusados y para los abusadores, también debemos reconocer que no por unos cuantos el acontecimiento en la Valla en 1816 morirá en su pureza. No podemos continuar reciclando situaciones de encubrimiento, de redes que maquinan el poder y el abuso, de situaciones al límite de la normalidad y de la legalidad. Hay temor en las familias maristas, hay temor. Pero también hay confianza de que las víctimas serán reivindicadas en su dignidad de hijos de Dios. Las víctimas merecen toda nuestra atención, solidaridad y oración. Hay que educar en la confianza, en la transparencia y en el cuidado de la infancia, de la juventud, de las familias, de los profesores, administrativos y Hermanos. Sólo así podremos cumplir el deseo del Salmo 84: “La paz y la justicia se besarán”.

Juan Pablo Espinosa Arce  /  Teólogo – Académico UC/UAH

Exalumno Marista (Rancagua)

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