|Viernes, Diciembre 14, 2018
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El Buen Pastor lo da todo por sus ovejas 

*A: JORGE NAGORE
*F: 11 ENERO 2007
*P:
*L: PAMPLONA
*T:  RETRATOS AFILADOS - JOSE ENRIQUE RUIZ DE GALARRETA

Mc 6, 30-34

La escena se sitúa en  el  regreso  de  los  apóstoles de aquella misión que Jesús les había confiado,  como leíamos el domingo pasado.   Podemos imaginarla bien.   La  gente  que  no  les deja  ni  respirar,  ni  comer;  los discípulos cansados del viaje, deseando contar a Jesús lo que les había sucedido.   Parece como si Jesús les dijera:

Vámonos en la barca.   Buscamos una cala escondida,  pescamos un poco, hacemos unos peces a la brasa  y  me vais contando cosas….

Pero la gente se da cuenta,  se les adelantan  y  al desembarcar,  allí están todos.   Y Jesús se conmueve de tanta fidelidad.   ¡Adiós excursión con los amigos!   Con toda la paciencia del mundo,  Jesús se pone a enseñarles muchas cosas,  porque ve que están   “como ovejas sin pastor”.

REFLEXIÓN
El evangelio de Marcos muestra una de las escenas más interesantes de la predicación de Jesús en Galilea,  precisamente porque no tiene ningún mensaje escondido,  ningún carácter simbólico.   Es un suceso que nos acerca extraordinariamente bien al conocimiento de Jesús,  y  de Dios.

El evangelista es aquí más bien cronista.   En otros sucesos encontramos segundas intenciones,  proclamaciones de fe,  mensajes envueltos en los sucesos.   Aquí no hay más mensaje que contemplar cómo es Jesús con sus amigos,  cómo reacciona cuando le estropean una excursión.

Ante  todo,  el  texto  es  para  disfrutarlo,  en  especial  por  la  enorme atracción  que ejerce  Jesús sobre la gente.   No le  dejaban  ni  comer,  le seguían con fascinación,  porque curaba a sus enfermos  y  porque  “jamás ha hablado nadie como ese hombre”.   Porque hablaba de  Dios  de  forma que entusiasmaba,  porque hablaba de Dios y le entendían,  porque,  como constatan los de Emaús,  oyéndole ardía el corazón.  Es necesario que nos abandonemos un momento  al  gozo  de  esta  contemplación  de  Jesús querido,  admirado,  seguido,  atropellado por la gente.

El texto es,  además,  para conocer el ambiente que reinaba entre Jesús y sus discípulos,  sus amigos.  El Maestro  y  el Señor no se pondrá a lavar los pies de los discípulos en la última cena por excepción.   El Maestro  y  el Señor es  maestro  de  cordialidad,  señor  de  la  amistad.   Está  alegre  de volver a verles,  y  ellos de verle a él;   deseoso  de tener  un rato  tranquilo para descansar con ellos.

Pero el Maestro  y  el Señor es,  sobre todo  señor  de  la  compasión.  Es un rasgo sobresaliente del carácter de Jesús, motivo de varios de sus milagros. Toda esa gente que  ha venido  corriendo  por  la  costa,  dando  un  largo rodeo,  hambrienta de oírle,  no puede ser defraudada.  Están hambrientos de  la  Palabra.   Sus pastores no les alimentan bien,  los tienen abrumados con la Ley,  con los impuestos,  con los tabúes.   Y Jesús se pone a hablarles, de muchas cosas.

Es  una  de  las  mejores  imágenes  de  Jesús:  un  buen  pastor,  el  que  se preocupa de las ovejas,  el que les busca  buenos pastos,  el que las  guarda de peligros,  el que se tira al monte  a buscar  una que se la  ha  perdido,  el que  siente enorme alegría  cuando la encuentra.   Finalmente,  el que llega hasta  dar  la  vida  por  esas  ovejas.   Una  interpretación  superficial  pero importante  de  la  muerte  de  Jesús  nace  de  aquí:   Jesús  pudo  evitar  la muerte,  pudo esfumarse,  escapar de Judea,  perderse en cualquier estado cercano,  ganarse la vida de mil maneras… Pero  no  podía  abandonar  al rebaño,  a los que creían en él.   Fue  consecuente  hasta  la muerte por sus ovejas.

Este texto nos lleva de nuevo a la consideración del domingo pasado:  nos sirve para conocer a Jesús,  nos conduce a la admiración por él… Y desde la fe entendemos que ahí es donde  conocemos a Dios.  Jesús  es  así  porque se parece a  su Padre,  porque en él está el Espíritu.   En  ese Jesús cercano, compasivo,  amistoso,  poderoso para curar,  consecuente  hasta  dar  la vida,  en él  y  sólo en él  conocemos cómo es Dios.   Una vez más,  “el que me ve,  ve a mi Padre”.

CONSIDERACIÓN AÑADIDA
Una  peligrosa  tentación  de  este  domingo,   especialmente  para  los predicadores,  sería  aprovechar la ocasión   para  tronar  contra  los  malos pastores,  porque.  “vosotros dispersasteis mis ovejas,  las expulsasteis,  no las guardasteis…”,  pensando  que  hacen  una  correcta  aplicación  actual de  la  palabra  de  Jesús.   Pero  hacen  más,  hacen  una  aplicación  y  una interpretación,  mezclando la palabra de Jesús  con  su  propio  juicio.   Y es demasiado frecuente  (y  ha sido  escandalosa  y  dañinamente  frecuente), hacer este tipo de apropiación de la Palabra, sin distinguir entre el mensaje de Jesús  y  nuestro propio mensaje.

Tuve yo un compañero sacerdote  que  decía  “Palabra de Dios”,  no  al terminar  la  lectura  del  evangelio,  sino  al  terminar  la  homilía…  y  no había  manera  de  convencerle  del  disparate  que  estaba  cometiendo.

Mucho me temo que en la Iglesia pueda pasar esto con más frecuencia de lo que parece.   De hecho muchos  de  los  sermones  y  discursos  de  los eclesiásticos hablan poquito de Jesús,  poquito de sus parábolas… y mucho de  doctrinas  eclesiásticas  más  o  menos  razonables  y  oportunas,  pero que no pueden  pretender  ser   palabras  de Jesús.

Creo que la iglesia necesitamos más Jesús, Jesús directo en estado puro, y menos atribución de Palabra Divina a nuestras propias interpretaciones.

+José Ruiz de Galarreta, S.J.

 

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