|Miércoles, Diciembre 19, 2018
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Carta al Santo Padre de laicos y laicas de La Reina 

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Carta al Santo Padre de laicos y laicas de la Parroquia San Carlos Borromeo 

La Reina / Santiago – Chile.

Querido Papa Francisco.

A partir de su carta dirigida a todo el Pueblo de Dios que peregrina en Chile, con la cual comulgamos plenamente, un grupo de laicos y laicas, acogimos la invitación de nuestro Párroco para en primer lugar compartir libre y abiertamente nuestro sentir frente a la situación que experimenta nuestra Iglesia. Tras una primera reunión en la que asistieran más de treinta personas, surgió entre todos la moción de que no podíamos quedar solamente en un desahogo, y que era necesario dar respuesta a su carta. A la semana siguiente más personas se sumaron a este grupo que comenzó a reflexionar en torno a la Iglesia que queremos, abriéndonos a la acción del Espíritu Santo. Surgió así la iniciativa de consultar a todos quienes asistieran a las misas de la Parroquia, respecto de la transformación y renovación que necesita nuestra Iglesia. En el transcurso de una semana, 226 personas de la parroquia hicieron llegar sus aportes, todos fueron leídos y considerados para la elaboración de lo que da cuerpo a esta carta.

¿Cómo es la Iglesia que queremos?:

Una Iglesia solidaria, al servicio de las personas, especialmente de los más necesitados. En la que sacerdotes, religiosos/as y laicos/as se ponen al servicio de los demás y no de sí mismos. En donde los cargos y roles son signos de entrega y no espacios o lugares de poder o privilegios.

Una Iglesia comprometida con la verdad, el amor, la justicia, la vida, la familia, con el respeto por los derechos humanos y la dignidad de todos los hijos/as de Dios.

Una Iglesia igualitaria y participativa, no jerárquica, menos clerical. Donde no hay cabida a actitudes autoritarias, que genera y alimenta espacios de participación según diversidad de dones e intereses. Que fomenta relaciones horizontales entre sacerdotes y laicos, sin verticalidad en relación con mayor colaboración y trabajo en equipo entre todos sus miembros. En donde todos somos iguales en dignidad independiente de los roles o ministerios.

Una Iglesia Comunitaria, en donde la Parroquia sea un eje fundamental. Donde se resalte a las familias como primeras Comunidades cristianas, se fomenten las comunidades juveniles, matrimoniales, de adultos solos, tercera edad, etc.

Una Iglesia formadora, pedagoga, maestra, que renueva sus formas para acercar a niños y jóvenes a Jesús. Con un catecismo actualizado y atractivo, donde velamos por una enseñanza de la religión católica más vivencial e integral, no memorística o meramente cognitiva. Con diversos espacios de formación para los laicos, formadora de laicos/as maduros/as con una conciencia activa y participativa, que hagan escuchar la voz del Espíritu que habita en su interior.

Una Iglesia acogedora, cercana, amigable, fraterna, amorosa, misericordiosa, afectuosa, más emotiva. Que valora la afectividad, que se preocupa de acoger y de escuchar a todos, especialmente a las minorías, a quienes sufren, a las personas separadas y divorciadas, a quienes se sienten solos/as, a quienes la sociedad no suele o no quiere escuchar. Que no juzga, que es signo visible del amor misericordioso de Dios.

Una Iglesia abierta e inclusiva, que no cierra sus puertas a nadie, que se abre a los cambios, atenta a la evolución de la sociedad. Que mira con los ojos y brazos abiertos a las minorías de todo tipo, a los niños y jóvenes, a los ancianos, a los migrantes. Que se abre a los diversos medios de expresión, especialmente a las artes. Que no da lugar a clasismos ni segregaciones o exclusiones de ningún tipo, que genera y fomenta espacios de encuentro e integración.

Una Iglesia dialogante, respetuosa y tolerante, que entra en diálogo con otros credos y diversas ideas sobre el hombre y el mundo, con la sociedad, con la política, las artes y las ciencias. Que fortalece una actitud ecuménica e interreligiosa en búsqueda de un mundo más humano y humanizante.

Una Iglesia misionera, que lleva el mensaje y testimonio del evangelio a todo lugar, especialmente a las periferias de nuestra sociedad. Una Iglesia moderna y ágil, que se renueva a la luz de la voz de los tiempos, capaz de abandonar costumbres, modos, prácticas y ritos no evangélicos, adoptados en otros tiempos. Que es expedita, no burocratizada, que no pone tanto trámite ni obstáculos para que las personas puedan acercarse a Jesús y a los sacramentos. Liberada de tantas normas y requisitos, que es empática con la realidad de cada persona.

Una Iglesia sencilla, humilde y austera, en donde los sacerdotes no se endiosan y en donde laicos/as no les endiosan. Una Iglesia centrada en Jesucristo, en el fondo de su mensaje y no en las formas. Que abandona todo rasgo de materialismo y ostentación pomposa y en donde sacerdotes, religiosos/as, laicos/as vivimos de manera austera.

Una Iglesia transparente, coherente y consecuente, fiel al evangelio y a las enseñanzas de Cristo, que da ejemplo de los valores cristianos, que hace lo que predica. Una Iglesia celebrativa, positiva y optimista, que ve y destaca lo bueno del ser humano y del mundo. Alegre y contagiosa, agradecida por tanto bien recibido y por todas las maravillas y dones que Dios nos ha dado, esperanzada y esperanzadora.

Una Iglesia que se comunica, que comparte lo que hace y cómo lo hace, que opina de forma respetuosa, que socializa sus cambios y transformaciones. Que moderniza sus medios y que comunica de forma efectiva y afectiva sus virtudes y defectos, sus aspiraciones y proyectos.

Una Iglesia de discernimiento, que busca permanentemente la voluntad de Dios, abierta a la acción del Espíritu Santo en todos los hijos e hijas de Dios. Que toma las decisiones en base al fruto del discernimiento personal y comunitario.

Algunas propuestas:

* Crear en cada diócesis diversos organismos conformados por laicos y laicas: Uno que reciba denuncias de situaciones de abusos; de poder, conciencia, sexuales, dando cuenta pública y que denuncie a la justicia civil cualquier delito. Otro que vele por la transparencia de la Iglesia, comunicando los bienes, recursos, designaciones, etc. Genere y mantenga actualizado un registro público de sacerdotes y religiosos/as sancionados por abusos. Que realice los procesos de búsqueda y selección para todos los cargos que sean financiados con recursos de la Iglesia, dando cuenta pública de ello. Y un tercer organismo que represente a todos los consejos parroquiales, que canalicen el sentir y discernimiento comunitario del laicado de la diócesis respecto a temas centrales de la Iglesia y a la propuesta de nombres de pastores, religiosos/as, laicos y laicas que sean recomendados al Papa u obispo para los futuros nombramientos en cargos eclesiásticos.

* Renovar la Conferencia Episcopal con instancias de participación, diálogo y discernimiento junto a las organizaciones u agrupaciones de laicos y laicas representantes de las diversas diócesis. Renovar la Nunciatura Apostólica, para que sea una real instancia de encuentro entre el Papa y todo el Pueblo de Dios en Chile.

* Revisar la formación en los seminarios y noviciados, para evitar sesgos, caudillismos y orientaciones sesgadas. Con presencia de un delegado papal que visite constantemente seminarios y noviciados y vele por una buena selección y formación de los futuros sacerdotes, religiosos/as. En donde se  brinde apoyo psicológico permanente a los seminaristas, religiosos/as en su etapa de formación.

* Que todos los sacerdotes, religiosos y religiosas vivan en comunidades, no es bueno que vivan solos/as, en parroquias u obras de la Iglesia. Y que cuenten con acompañamiento y apoyo psicológico y espiritual de forma periódica. Que el celibato sea voluntario y que la condición de religiosos/as sea compatible con el matrimonio.

* Fortalecer la presencia de nuestra Iglesia, sacerdotes, religiosos/as en sectores vulnerables, fomentando y acogiendo vocaciones de jóvenes a la vida consagrada. Enviar a sacerdotes y religiosos/as jóvenes (menores de 50 años) a lugares difíciles, vulnerables, aislados, donde más se les necesita y puedan servir.

Queremos sacerdotes, religiosos/as con “olor a oveja”, comprometidos y cercanos con las personas y que traten con igualdad.

* Aumentar la participación de la mujer dentro de la Iglesia y su visibilidad, mayor igualdad de roles, permitir el diaconado y sacerdocio femenino.

* Que se permita la comunión a los católicos separados y divorciados.

* Crear canal de televisión de la Iglesia Católica Chilena, ya sea TV abierta, por cable, internet, etc. Para difundir, compartir, destacar, la labor y experiencia de tantos laicos/as, religiosos/as y comunidades cristianas que actúan de forma coherente con el evangelio, a favor de quienes sufren.

* Remirar el Concilio Vaticano II y renovar esfuerzos por lograr una Iglesia Humanizadora. Fortalecer las comunidades de Base, reencontrándonos con el evangelio y las primeras comunidades cristianas que describen los hechos de los apóstoles.

Pedimos:

* La renovación del Episcopado Chileno.

* Verdad y justicia para todas las víctimas de cualquier tipo de abuso de poder cometido por sacerdotes o religiosos/as.

* Protocolos de prevención de abusos de poder y conciencia junto a los de abusos sexuales en toda obra o comunidad eclesial; colegios, parroquias, hogares, seminarios, etc. Asegurar que no vuelvan a ocurrir nunca más estas clases de abusos.

* No más casas especiales para los sacerdotes culpables de abusos ni que sean destinados a otras diócesis o enviados fuera del país. Deben ser enjuiciados y cumplir con sus penas o sanciones. Que los sacerdotes, religiosos/as culpables de abusos o encubrimiento, pidan perdón a las  víctimas y a toda la Iglesia por el daño causado. Y que exista justicia y reparación para las víctimas de abusos.

Nos comprometemos a:

* Rezar y actuar. Rezar por usted, Santo Padre y por toda la Iglesia, por nuestros pastores, religiosos/as, por las vocaciones y por nuestra propia fidelidad a la Iglesia y por el fortalecimiento de nuestra Fe. Pidiendo la Intercesión de la Virgen María. Acompañar a nuestros sacerdotes para que no se sientan solos, apoyar a nuestro párroco.

* Vivir nuestra Fe en la vida cotidiana, con mayor coherencia entre lo que profesamos y lo que hacemos. Perdonar y practicar la misericordia. Ser acogedores con las víctimas de abusos, creer y compartir sus dolores, ser empáticos. Ser más solidarios, amar a nuestro prójimo, estar atentos a las necesidades del otro. Dar el ejemplo y testimonio de las enseñanzas de Jesucristo. Estar presentes en diversos espacios, salir a la calle, en nuestro trabajo, familias, barrios, realizar apostolados y obras de caridad. Salir al encuentro de la juventud y de los niños y fomentar su participación, escuchando sus opiniones y proyectos.

* Formarnos permanentemente, acrecentar nuestra Fe, participar en retiros, cursos, lecturas, etc. Participar en nuestra parroquia, tomar decisiones en conjunto, participar en comunidades, grupos o movimientos y no sólo en la misa dominical. Dar a conocer nuestra parroquia, invitar y acoger a todos/as en las diversas pastorales, comunidades y grupos. Invitar a nuestros amigos, vecinos y familiares a participar en la Iglesia, en nuestra parroquia o en movimientos y/o comunidades.

* No abandonar nuestra Iglesia, ser fieles a ella pero a la vez exigentes. Apoyar y participar, pero oponiéndonos ante aquello que el Espíritu Santo nos indique que se aleja de Cristo.

Querido Santo Padre, San Francisco de Asís, de quien usted tomara su nombre, un día escuchó en su corazón; “Francisco, repara mi iglesia, ¿no ves que se hunde?”. Hoy miles de chilenos y chilenas, laicos y laicas te pedimos; Francisco, ayúdanos a transformar y renovar nuestra iglesia que se hunde.

Nos despedimos, con afecto fraterno. Laicos y Laicas de la Parroquia San Carlos Borromeo.

La Reina, Santiago de Chile.

(Adhieren a esta Carta al Papa Francisco el Consejo Editorial

y Comunidad de Revista “Reflexión y Liberación”).

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