|Martes, Agosto 11, 2020
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El Papa acepta la renuncia de McCarrick: ya no es Cardenal 

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Después de las acusaciones de abusos contra menores, el cardenal Theodore MCCarrick presentó al Papa su renuncia como miembro del Colegio Cardenalicio. Francisco aceptó la dimisión del arzobispo emérito de Washington y, por lo tanto, ya no es cardenal. 

La Sala de prensa vaticana lo refirió con una breve nota en la que se explica que la carta de renuncia de McCarrick llegó ayer a manos del Pontífice por la noche.

«El Papa Francisco –se lee en el comunicado– ha aceptado las dimisión de cardenal y ha dispuesto su suspensión del ejercicio de cualquier ministerio público, además de la obligación de permanecer en una casa que le será indicada, para una vida de oración y de penitencia, hasta que las acusaciones que se dirigen en su contra sean aclaradas por el proceso canónico regular».

El pasado 20 de junio se le prohibió el ministerio público después de la acusación en su contra de haber violado a un adolescente hace 45 años, mientras era un sacerdote de Nueva York, sede en la que fue nombrado obispo auxiliar en 1977. Fue arzobispo de Newark de 1986 a 2000, año en el que fue elegido para guiar la diócesis de la capital federal estadounidense por Juan Pablo II, quien un año más tarde, le creó cardenal. McCarrik ha estado en el centro de acusaciones y polémicas, casi siempre pasando en sordina, por haber estado involucrado en relaciones sexuales con adultos.

Algunas fuentes consultadas por Vatican Insider revelan que muchos en la diócesis de Newark estaban al corriente de los comportamientos poco apropiados del cardenal, sobre todo con los seminaristas más jóvenes, que le acompañaban durante sus viajes por los Estados Unidos o a Europa. Parece que McCarrick, en algunas ocasiones, habría explícitamente pedido prestaciones sexuales a chicos. Algunos miembros de las familias que acostumbraba visitar le veían tan a menudo que le llamaban “tío Ted”.

El mismo cardenal Joseph Tobin, actual arzobispo de Newark, en la nota de junio publicada en el sitio de la diócesis con la que se anunció la suspensión de McCarrick, afirmó: «en el pasado, ha habido acusaciones según las cuales él estaba involucrado en relaciones sexuales con adultos. Esta arquidiócesis y la diócesis de Metuchen han recibido tres acusaciones de mala conducta sexual con adultos hace décadas; dos de estas acusaciones incluso llevaron a ofrecer indemnizaciones».

El arzobispo de Nueva York, el cardenal Timothy Dolan, afirmó en esa misma ocasión que la acusación contra el cardenal por haber abusado era «ha sido la primera indicación de una violación de la Carta para la protección de los niños y de los jóvenes que se haya hecho en contra de él y de la que la arquidiócesis esté al corriente». Los resultados de la investigación fueron entregados al Arciciocesan Review Board, un grupo de profesionales compuesto por abogados, expertos de las fuerzas del orden, padres de familia, psicólogos, un sacerdote y una religiosa: todo el comité consideró «las afirmaciones creíbles y fundadas».

Por su parte, McCarrick siempre ha declarado la propia inocencia, afirmando que no recuerda haber perpetrado el abuso del que se le acusa, puesto que habría sucedido hace casi medio siglo, pero que estaba dispuesto a colaborar con las investigaciones y a aceptar «con obediencia» la decisión de la Santa Sede de no ejercer ningún ministerio público. Después de un mes de fuertes polémicas, sobre todo en los medios de comunicación estadounidenses, el purpurado decidió renunciar a su puesto en el Colegio Cardenalicio, al que pertenecía en calidad de no elector en el caso de un eventual Cónclave.

Hace pocos días, el cardenal de Boston Sean O’Malley, presidente de la Pontificia Comisión para la Defensa de los Menores y uno de los más cercanos colaboradores del Papa (pues forma parte del llamado “C9”), publicó una nota sobre el caso McCarrick indicando que, teniendo el cuenta el caso del arzobispo emérito de Washington, «las disculpas no son suficientes». Subrayó que hay que identificar con urgencia procedimientos claros y definidos para los casos de pederastia en los que se vean involucrados obispos y cardenales.

En la historia reciente de la Iglesia no hay casos de renuncias de un cardenal debido a abusos sexuales. La única renuncia efectiva de un purpurado fue hace 91 años, en 1927, cuando el francés Louis Billotdejó el birrete por no estar de acuerdo “políticamente” con Pío XI, conocido también por su severidad con sus colaboradores. Mucho más semejante, en cambio, sería el caso del cardenal escocés Keith O’Brien, quien, en vísperas del Cónclave e 2013 que eligió al Papa Bergoglio, presentó su «renuncia a los derechos y a las prerrogativas del cardenalato» después de haber sido acusado (y de haber confesado) de haber abusado de tres sacerdotes y un ex seminarista durante los años ochenta y noventa. O’Brien, que falleció en marzo de 2018, no participó en el Cónclave que eligió al Papa Bergoglio, pero no perdió el título cardenalicio.

Salvatore Cernuzio   –   Ciudad del Vaticano

Vatican Insider   –   Reflexión y LIberación

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