|Miércoles, Diciembre 19, 2018
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Ser Fieles 

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Hace siete años, ejerciendo mi cargo de director de la Fundación Cardenal Raúl Silva Henríquez, solicité a Ricardo Ezzati, recién designado Arzobispo de Santiago y presidente de la Fundación, una entrevista privada. Quise manifestarle mi punto de vista acerca de cómo creía y creo que la jerarquía debía enfrentar los abusos sexuales que conmocionaban a los fieles católicos y también a la opinión pública. 
En esos momentos me sentía especialmente conmovido por las noticias que acusaban al sacerdote salesiano Audín Araya, rector del Colegio Salesiano de Concepción, a quien se le imputaban reiterados abusos sexuales en contra de menores de su colegio quienes habían manifestado su vocación sacerdotal, uno de los cuales se habría suicidado.
Audín había sido director de la Fundación, elegido por Ezzati , por lo que pude compartir con él algunos años, antes de su nombramiento de rector en Concepción. Nada me hacía sospechar de sus desviaciones sexuales por lo que, al conocerlas, me sentí muy afectado y fue por ello que decidí entrevistarme con Ezatti cuando recién dejaba el Arzobispado de Concepción para hacerse cargo de Santiago.
 
Noté desde el inicio de nuestra conversación que el tema no era de su agrado. Yo no sabía cuál sería su reacción frente a mi insistencia que él tenía el deber moral de referirse al caso de Audín y no guardar silencio frente a las graves acusaciones que pesaban en su contra. Por ello fue que decidí llevar por escrito mi posición. Al constatar que él adoptaba la actitud de desentenderse del tema al señalarme que ese problema no le incumbía y que todo estaba en manos del padre Inspector, de esa época, de la congregación Leonardo Santibañez opté por hacerle entrega de la carta que llevaba preparada.
 
En uno de sus párrafos le señalaba el 17 de marzo de 2011 lo siguiente: “creo que sería prudente que usted en su calidad de presidente de la Conferencia Episcopal, arzobispo de Santiago y salesiano, emita un pronunciamiento guiado por nuestros valores cristianos. Lo anterior resulta ser mucho más atingente si se considera que en los momentos que presuntamente ocurrían los hechos que se le imputan al padre Araya, usted era Arzobispo de Concepción”.
 
Al final de esa carta le decía: “En familia rogaremos al Señor, a María Auxiliadora y al cardenal Silva para que la Congregación, la Iglesia y usted logren en verdad y justicia resolver esta delicada situación. Excúseme estos pensamientos, pero lo que menos deseo es ver dañada su imagen y la de la Iglesia”.
 
Han pasado más de siete años de esa conversación y ciertamente que sufro por lo que le está ocurriendo a mi Iglesia y sus obispos. Tiempo después de esa carta (2014) escribí el libro “La lglesia Santa y Pecadora de Todos los Días“, en el que contrastaba la gran santidad de tantos miles de sacerdotes y religiosas que se entregan con sencillez y humildad a servir a su prójimo, con la hipocresía, maldad y mentiras de obispos y sacerdotes que ocultan la verdad, defienden a los victimarios y a los abusadores sexuales de los predilectos de Jesús. 
 
Como consecuencia de mi libro y de mis cartas públicas a Ezatti y al obispo emérito Camilo Vial, denunciando la hipocresía, el abuso y la maldad, fui castigado por la jerarquía, debiendo dejar mi cargo en la Fundación Cardenal Silva que en esos momentos presidía Camilo Vial. Quien me dijo que había escrito infamias y que era desleal y que había traicionado al obispo Ezzati . Por decir la verdad y ser fiel al Evangelio de Jesús, fui tildado de traidor e infame.
 
En una parte de libro sobre la iglesia santa y pecadora, escrito en versos dije el 2014:
Hay algunos sacerdotes y obispos de la iglesia
hipócritas y cobardes
traidores al mensaje de Jesús
que defienden la mentira y la maldad
que rasgan vestiduras
ante la evidencia del mal.
Contratan los mejores abogados
para que los defiendan de su criminalidad
pagándoles suculentos honorarios
con dineros sustraídos a la caridad.
Y finalmente cuando son condenados
se lavan públicamente las manos
y endosan a Roma la decisión final. 
Son los Judas de la Iglesia de hoy.
Son los Poncio Pilatos de la era actual.
¡Todos los días!
 
Al escribir ese libro recibí enormes muestras de respaldo y de identificación con lo que allí dije.  Pero también recibí fuertes críticas y duras expresiones de repudio en mi contra. Fui excluido de todo acto de iniciativa de la Fundación del Cardenal Silva y de la jerarquía.

Sufrí por ello y hoy sufro aún más al constatar el nivel de podredumbre de tantos obispos y sacerdotes de mi iglesia católica. No deseo ningún reconocimiento por haber escrito y hablado con sinceridad y sin tapujos desde hace más de siete años. Como se lo dije Ezzati en aquella oportunidad “lo que menos deseo es ver dañada su imagen y la de la iglesia”. Lo que más deseo es pertenecer a la iglesia que me mostró el querido y recordado cardenal Raúl Silva, la Iglesia santa, con sacerdotes con olor a oveja, y religiosas que son un ejemplo de como aman y actúan en comunión con la palabra y el evangelio de Jesús.
 
Siendo fieles a Jesús, nosotros, los fieles, superaremos esta hora oscura de una jerarquía que perdió el rumbo, traicionando sus propios juramentos, al Evangelio y a Jesús. Nosotros somos Iglesia y somos nosotros la roca en la que Jesús fundó su Iglesia. Somos los fieles los que debemos asumir el Evangelio y seguir al Maestro que nos mostró el camino, la verdad y la vida. 

Reinaldo Sapag Chain
 

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