|Miércoles, Noviembre 14, 2018
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Carta del Provincial de Perú sobre el asesinato del P. Carlos Riudavets 

P.-Carlos-Riudavets

Compartimos una Carta escrita por el Provincial de Perú, P. Juan Carlos Morante S.J. sobre el asesinato del P. Carlos Riudavets S.J. en la Región Amazonas de este país:

A todo el Cuerpo Apostólico de la Provincia.

Queridos compañeros y amigos en la misión:

Reciban un afectuoso saludo en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María junto con mis deseos de consuelo y de esperanza para todos nosotros, en medio de los dolorosos acontecimientos que nos toca vivir en estos momentos.
Esta mañana ha sido enterrado el cuerpo de Mons. Santiago García de la Rasilla, en la ciudad de Jaén, en el Vicariato donde sirvió como Obispo durante ocho años. Le habían diagnosticado cáncer muy avanzado y su salud se iba debilitando rápidamente.

Hace unos días hemos despedido también a nuestro querido hermano Carlos Riudavets Montes, quien fue hallado muerto el viernes 10 de agosto, en circunstancias violentas y muy dolorosas. Carlos llevaba 38 años sirviendo en el colegio Fe y Alegría 55, Valentín Salegui, en Yamakaientsa. Santiago y Carlos gozan ya del consuelo y de la misericordia infinita del Padre.

Las muestras de afecto, gratitud y dolor por la muerte de Carlos han sido muy grandes. Desde el primer momento que se supo la noticia, muchas personas de Imaza y Chiriaco se fueron acercando a la casa de los jesuitas para expresar su dolor y solidaridad. La Directora y la Promotora del Fe y Alegría N° 62, de Chiriaco, fueron de las primeras en llegar al lugar. En la noche del viernes, el cuerpo fue llevado a la morgue de Bagua para la autopsia de ley. Esa misma noche, después de la autopsia, fue conducido a la iglesia de Bagua para ser velado hasta el día siguiente. El Párroco de Bagua y la feligresía del lugar se organizaron rápidamente para atender de la mejor manera a todas las personas que acudieron al velorio. El sábado 11 en la mañana, fue llevado al puerto de Imacita, ubicado frente al colegio, en la otra orilla del río Marañón, donde Carlos celebraba la misa dominical. Llegaron las hermanas Esclavas del Sagrado Corazón, de Nieva, y de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón, de Huampami; además de feligreses y catequistas de la Parroquia. A las 3 de la tarde celebramos la eucaristía en la iglesia del lugar y luego salimos en caravana hacia Chiriaco. El recibimiento en Chiriaco fue multitudinario y muy bien organizado por el alcalde, el párroco y las Hermanas Siervas de San José. Del mismo modo que en Bagua, el cuerpo fue velado durante toda la noche hasta el día siguiente. Hubo un desfile grande de gente que se acercó al lugar para expresar su cariño y su dolor.

Esa misma noche, tuvimos una reunión con autoridades, catequistas y religiosas para conversar sobre lo sucedido y ayudarnos a despejar un poco el desconcierto en que nos encontramos. Fueron casi dos horas de conversación ordenada y seria, en la que fueron expresando sus opiniones sobre la marcha del colegio, la relación de los profesores con los alumnos y entre ellos, el liderazgo del director, los reclamos de algunos padres de familia. Todos se expresaron con respeto y gratitud por el servicio de Carlos y de los jesuitas. Igualmente expresaron su propio dolor y desconcierto por la muerte que había sufrido, así como su deseo y compromiso para ayudar a esclarecer la verdad de los hechos y a que se sancione a los responsables, respetando las leyes del estado peruano. Fue una reunión muy reveladora de la problemática compleja y cambiante que vive el pueblo Awajun-Wampis.

El domingo en la mañana hubo una ceremonia de izamiento de la bandera, con el alcalde y autoridades. Se hizo un homenaje a Carlos en el que se expresó la gratitud del pueblo por sus largos años de servicio en la educación de niños y jóvenes nativos, así como en el servicio pastoral de la zona. A las once de la mañana celebramos la misa presidida por Mons. Alfredo Vizcarra y concelebrada por los sacerdotes jesuitas de Nieva y Jaén y por los párrocos de la zona. Estuvieron presentes catequistas, religiosas y feligreses de Nieva, Chiriaco y de Jaén. La homilía la tuvo el P. Juan Cuquerella, quien fuera director del colegio Valentín Salegui, de Fe y Alegría nacional y compañero muy cercano a Carlos. Cuque nos hizo ver que “a Carlos no le pudieron arrebatar su vida, porque durante 38 años él la había regalado a manos llenas a Jesús de Nazaret, a la Iglesia, a sus compañeros de comunidad, a sus alumnos, al pueblo Awajum y Wampis. Ya apenas le quedaba nada que le pudieran arrebatar”. Después de la misa, fue enterrado en la misma iglesia de Chiriaco, para descansar en el lugar donde entregó su vida con total generosidad.

En estos momentos, la casa de los jesuitas en el colegio ha sido cerrada. Los dos maestrillos van a ser destinados a otros lugares. La oficina nacional de Fe y Alegría se ha hecho cargo de supervisar la dirección y administración del colegio y del internado. El P. Evaristo Odar visitará periódicamente el colegio para ayudar a la supervisión de Fe y Alegría. Durante este semestre, evaluaremos con el Obispo y con Fe y Alegría el futuro del colegio y de nuestra presencia en él. Por otro lado, estamos colaborando con la policía nacional para que se esclarezcan los hechos y se sancione a los responsables.

Quiero agradecer todo el servicio apostólico de nuestros compañeros jesuitas de Nieva y Jaén, de modo particular a Carloncho, Evaristo, Marvin y Tito por todo el trabajo de organización, trámites y acogida; asimismo, el trabajo logístico de la Srta. Myriam Dueñas, administradora del Vicariato. Agradecer también a Fe y Alegría, en la persona de su director, Miguel Cruzado, por hacerse presente desde el primer día. A las hermanas Siervas de San José y a los párrocos de Bagua y Chiriaco por su acogida y colaboración. Tengamos presente en nuestras oraciones a todas las misioneras y misioneros del Alto Marañón, para que el Señor los fortalezca en su servicio y les haga sentir en todo momento el gozo del evangelio.

En medio de nuestro dolor y desconcierto, podemos recordar la experiencia de Ignacio en la Storta, cuando vio a Cristo cargando con la cruz y escuchó que le decía: “quiero que tú me sirvas”. Nuestro servicio a Cristo y a la Iglesia, bajo la bandera de la cruz, es el foco central de nuestro carisma y misión. Nuestro hermano Carlos recibió la gracia de compartir el amor de Cristo a los pobres y marginados de la sociedad y, en el momento final de su vida, le tocó cargar más de cerca la cruz de su Señor. Por eso también, ha recibido la gracia de compartir más plenamente la gloria de su resurrección. Que su ejemplo y su testimonio nos reconforten y nos animen a seguir entregando nuestras pequeñas vidas en el servicio de nuestros hermanos. Y que desde el corazón del Padre, donde Carlos y Santiago gozan ya de su amor y ternura infinitos, intercedan por nosotros.

Fraternalmente,

Juan Carlos Morante, SJ  /  Provincial

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