|Miércoles, Mayo 22, 2019
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El eros-deseo de la Resurrección 

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Uno de los más bellos relatos de la Anástasis (poner de pie, Cristo fue puesto de pie por el Padre Dios) es el encuentro de Jesús con Magdalena.

El Cuarto Evangelio tiene la sensibilidad de mostrar las emociones, el mundo interno, las actitudes corporales de los personajes. A esto llamaré el Eros-Deseo de la Resurrección. Nuestra época ha reducido el eros a la mera genitalidad, pero el eros es más que dicha dimensión. Sin abandonar nuestras pulsiones físico-sexuales, el eros muestra también una fuerte vinculación con nuestros gustos, con nuestros deseos y emociones, con lo que se denomina el pathos (emoción, sensibilidad, sentimientos). En Magdalena reconozco el Eros-Deseo con el que debemos entender la Resurrección. Ella es modelo paradigmático de este deseo por el ausente.

¿Cuál es el movimiento de Magdalena? Ella sale a la tumba cuando todavía estaba oscuro. Había pasado mucho tiempo – espiritual y emocional – desde el Viernes y ya no podía no estar al lado de su Maestro para terminar las labores de la sepultura retrasada por la víspera del Sábado. Pero cuando llega al sepulcro no ve nada. El cuerpo robado, el corazón más roto todavía. La emocionalidad de la mujer destrozada.  Después ella vuelve a la casa donde está Pedro para comunicarle que el cadáver no está. Luego del encuentro con Pedro, María vuelve al sepulcro donde se concentra toda la declaración de amor de la Resurrección. Entre los primeros rayos del nuevo día, del día de la celebración de la vida, María se encuentra con Jesús a quien no reconoce y lo confunde con el jardinero. Y lo primero que Jesús hace es preguntarle por qué llora: el Hijo de Dios sabe trabajar con las emociones del ser humano. Preguntas y emociones, interés y deseo, búsqueda y respuestas. Así se va entendiendo la realidad humana.

Pausa: te invito que realices un breve ejercicio de respiración. Tomar conciencia del aire que entra a tus pulmones, al aire que sale. Siente tus manos, tus pies, tu cabeza, el latido de tu corazón. Cierra los ojos unos segundos. Una vez realizado este ejercicio, te invito a que puedas meditar la siguiente pregunta: ¿qué preguntas de mi vida quisiera que Jesús me ayudar a responder? ¿Siento que Jesús también trabaja con mis emociones?

Una de las más bellas características de los relatos de la Pascua es que Jesús realiza preguntas (¿De qué conversan?, ¿Tienen pescado? ¿Tienen algo de comer?) Con Jesús acontece una especie de «logoterapia teológica», una logoterapia (sanación emocional y psicológica desde la narración de los acontecimientos) del Logos. La Palabra que fue resucitada (¡Porque la Resurrección es la fiesta de la irrupción de la Palabra!, en términos del teólogo belga Adolphe Gesché) y con sus preguntas (casi en el modelo mayéutico de Sócrates: sacar conocimiento desde preguntas e interpelaciones) genera que la palabra sea resucitada, que la emoción vuelva a la vida. El llanto de Magdalena es consecuencia de su deseo, de su no tener a Jesús, de no saber dónde lo han puesto. Es la experiencia de la nostalgia, literalmente, de querer lo que se perdió o fue arrebatado. ¡María protesta por un cadáver perdido! ¡María llora por su amado! El cuerpo de Magdalena protesta por la emoción trastocada.

Momento de pausa: te invito que realices un segundo ejercicio de respiración. Tomar conciencia del aire que entra a tus pulmones, al aire que sale. Siente tus manos, tus pies, tu cabeza, el latido de tu corazón. Cierra los ojos unos segundos. Una vez realizado este ejercicio, te invito a que puedas meditar estas preguntas: Hoy día: ¿Por qué cosas lloramos?, ¿por qué estoy llorando? ¿Cuál es nuestra-mi nostalgia?

María, en su dolor, no puede reconocer a Jesús. Sus ojos están incapacitados de verle, igual que los de Emaús. Hace falta un gesto cotidiano que despierte ese amor. Vladimir Holan en su poema «Resurrección» dice que esta experiencia de la vida gira en torno a gestos cotidianos, tan domésticos como moler café, poner agua a calentar, servir la comida. Jesús trabaja sobre nuestra experiencia más cotidiana. Por ello Él cuando dice «Miriam-María» permite que los oídos, ojos y entendimiento de Magdalena se abran. María se da vuelta (el filósofo francés Michel de Certeau dice que ese es el gesto propio del discípulo en cuanto reconocer la voz del Maestro) y puede devolver el cotidiano saludo: Rabbuni, mi Maestro. La logoterapia de Jesús va generando un despertar de la emoción, del eros-deseo en Magdalena. Si la Resurrección es rehabilitación, terapia o sanación completa del Padre al Hijo, ahora el Hijo a través del Espíritu (con su función de memoria histórica) va rehabilitando a María y a la comunidad. Es gracias al Espíritu que podemos entender que Aquél que pronuncia nuestro nombre es Jesús…. “Yo conozco a mis ovejas, mis ovejas conocen mi voz” (Jn 10,27-28).

Finalmente te invito a que reconozcas cuántas veces Jesús también te ha llamado por tu nombre, y que has sentido que el corazón arde, se aprieta y solo quiere comunicar a otras personas que lo has encontrado, como Magdalena.

 Juan Pablo Espinosa Arce  /  Educador y Teólogo 

Académico PUC – Universidad Alberto Hurtado

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