|Domingo, Agosto 9, 2020
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Por qué el Papa Francisco no autorizó el sacerdocio de hombres casados 

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Temió que si lo hacía se iban a desatar fuertes tensiones dentro de la Iglesia, que se sumarían a las que produjo la habilitación de la comunión a los separados.

Parecía que se venía la segunda gran reforma del Papa Francisco después de haber permitido la comunión a los católicos separados en nueva unión tras un período de reflexión y la autorización de la respectiva autoridad eclesiástica. Pero sorpresivamente el pontífice no decretó finalmente la posibilidad de que hombres casados de probada fe accedan al sacerdote en zonas de gran escasez de curas, particularmente en la Amazonía.

Esa alternativa había sido propuesta por más de los dos tercios – el porcentaje requerido para su aprobación – de los participantes al Sínodo de Obispos sobre la Amazonía, que se realizó en octubre en El Vaticano. Sin embargo, el Papa – al difundir en los últimos días su mensaje conclusivo con motivo de las deliberaciones – no escribió nada sobre el tema. O sea, si bien no lo rechazó, tampoco lo aprobó.

Como era previsible, los sectores católicos marcadamente conservadores salieron a manifestar su satisfacción. Para ellos, la concreción de la medida hubiese implicado el comienzo del fin del celibato sacerdotal, que si bien no constituye un dogma, sino una norma disciplinar -por tanto un Papa la puede cambiar – la consideran una gran riqueza que hace a la esencia del ministerio religioso.

En cambio, los progresistas lo lamentaron. Dijeron que la no autorización privará a muchos habitantes de la Amazonía de la misa, la celebración central del catolicismo, y facilitará el avance ya muy relevante de las comunidades evangélicas. Y obviamente desde las organizaciones que agrupan a curas casados, una oportunidad perdida en el camino hacia el celibato optativo.

Ni el Papa ni El Vaticano explicaron las razones de la no autorización. Pero existe un extendida impresión entre los observadores del quehacer eclesiástico de que Francisco temió que si lo hacía se iban a desatar muy fuertes tensiones dentro de la Iglesia, que se sumarían a las que produjo la habilitación de la comunión a los separados.

Los sectores más conservadores se venían mostrando muy activos. Entre sus protagonistas sobresalió el prefecto para la congregación del Culto Divino del Vaticano, el cardenal africano Robert Sarah, que en enero sacó un libro para defender el celibato que incluyó textos de Benedicto XVI, en un intento de potenciar su oposición.

Sin embargo, tres cardenales relevantes dijeron que el hecho de que el Papa no se haya referido explícitamente a la cuestión y a la vez haya valorado las conclusiones del sínodo, donde figura la propuesta de la discordia, significa que la discusión del tema no está cerrada, sino que sigue.

“La mejor forma de verlo es dentro de un proceso. Aún hay muchos kilómetros para recorrer, y continuará siendo tema de debate, discernimiento y oración antes de llegar a una decisión a nivel de diócesis, de conferencias o Roma“, planteó el cardenal Michael Czerny, secretario del sínodo.

La discusión sobre el celibato continuará”, dijo el cardenal alemán Reinhard Marx. “Este tema deberá ser trabajado ahora con el Papa, en las instancias de la Santa Sede. Será retomado”, señaló su colega brasileño Hummes, relator del sínodo y gran impulsor de la medida.

Lo cierto es que el Papa temió un cisma. O, al menos, una fuerte tensión. Y privilegió la unidad de la Iglesia. No obstante, no parece probable que claudique y buscará un mayor consenso, más allá de que valora el celibato sacerdotal. Pero no es principista.

Eso sí, por ahora sus reformas encontraron un límite. 

Sergio Rubin   –   Buenos Aires

TN Noticias   –   Reflexión y Liberación

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