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P. Rutilio anunció la Buena Nueva 

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Hoy, 12 de marzo se conmemora el 42 Aniversario del martirio del padre Rutilio Grande y sus compañeros mártires. Compartimos datos sobre la vida, obra y legado del “Padre Tilo”. 

El Padre Rutilio Grande S.J., estableció junto a su equipo misionero, como meta Pastoral, la Evangelización al estilo jesuánico de los Santos Evangelios: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor (Lc 4, 18-19). Evangelización, queridos hermanos y hermanas, que tan pronto encendió en la sinagoga de Nazaret, encontró rechazo: Al oírlo, todos en la sinagoga se indignaron. Levantándose, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron a un barranco del monte… con intención de despeñarlo (Lc 4, 28-30). La reacción es comprensible. La Buena Nueva es buena para unos; pero nociva para otros: Por un lado, promete una mejora de vida para pobres y sufrientes, y por otro, amenaza la situación de privilegio de los satisfechos.

El Padre Rutilio y su equipo de misión se propusieron: Crear una Iglesia de comunidades vivas de hombres nuevos, agentes de pastoral y conscientes de su vocación humana que se conviertan en gestores de su propio destino que los lleve al cambio de su realidad, según los lineamientos del Vaticano II y de Medellín… animarles a ser co-creadores de una comunidad dinámica, profética y descentralizada, para que lleguen a una promoción que vaya detectando agentes de cambio, hombres y mujeres claves, agentes multiplicadores de pastoral. En otras palabras, iban a hacer que los ciegos y las ciegas vieran su realidad personal; y, social empecatada, injusta y opresiva; iban a dar libertad a los oprimidos por medio de la denuncia del pecado opresor; iban a liberar a los oprimidos devolviéndoles su dignidad humana y con ella, les animarían a ser actores-constructores de su historia y no meros agentes pasivos. Les convertirían en sal y fermento de la sociedad.

Les enseñó entre otras cosas: A Jesús de Nazaret: Muchos prefieren un Cristo mudo y sin boca para pasearlo en andas por la calle. Un Cristo con bozal, fabricado a nuestro antojo y según nuestros mezquinos intereses ¡Ese no es el Cristo del Evangelio, el Jesús joven de 33 años! El que se jugó la vida y murió por la causa más noble de la humanidad. Al Dios de Jesús: Unos se santiguan: ¡En el nombre del padre- el pisto, y del hijo -el café-, y del espíritu -mejor que sea de caña! Ese no es el Dios – Padre de nuestro hermano y Señor Jesús que nos da su Buen Espíritu para que seamos hermanos por igual, y para que, como seguidores cabales de Jesús, trabajemos por hacer presente aquí y ahora su Reino. La fraternidad de hijos e hijas de Dios: Todos somos hermanos. Los Caínes también son nuestros hermanos, aunque sean un aborto en el plan de Dios. El cristiano no tiene enemigos, sino hermanos, y por más que sean hermanos Caínes o Judas que venden a Cristo, no los odiamos. La coherencia entre fe y vida: Jesús como las páginas que lo anuncian, deben de estar bien enraizadas en la vida, no en un libro que se queda trepado por las nubes… muchos se apuntan a un evangelio que deje las cosas como están, por muy mal que estén, y que no traiga problemas. Una fe encarnada en la historia humana y no evasiva: No sean cohetones: tronazón y humo allá arriba, allá arriba. ¡Aquí abajo, aquí abajo hay que hacer reventar el Evangelio!

Una cultura de solidaridad, incluso, en la salvación: ¡Nos tenemos que salvar en racimo, en mazorca, en matata, o sea en comunidad! Una Iglesia al servicio de la vida: La Iglesia no es museo de tradiciones muertas, de enterradores que sólo se preocupan de cargar la urna el Viernes Santo para enterrar a Jesús. Debe ser un puño de comunidades vivas, portadoras de vida y esperanza para nuestra gente más humilde. Podrían seguir mencionándose más enseñanzas suyas en una interminable lista. Lo importante a considerar es que, con el anuncio de la Buena Nueva, liberó a quienes estaban oprimidos ya fuere por el pecado personal; o bien, por las cadenas de la injusticia. Sin aplicar ideología alguna, les enseñó que, la convivencia fraterna y la solidaridad pueden hacer presente el Reino en este mundo. En este intento, como humanidad nueva y redimida les animó a tomar la historia en sus manos para transformarla, humanizarla y; por supuesto, cristianizarla.

Encarnado en la realidad de los suyos: Ni su anuncio ni su denuncia hubiera tenido tanto efecto si el Padre Rutilio Grande S.J., no se hubiera encarnado en la realidad de su Parroquia y de su país. Era una de sus aspiraciones: Partir de la realidad para concientizarnos primero nosotros, por una sensibilización y toma de conciencia de su mundo que nos llevará a encararnos y a identificarnos con sus problemas. No instrumentalizar su religiosidad. Reconocía las duras condiciones de vida de sus ovejas matizadas con la vida apoltronada de las ovejas más gordas del rebaño: Los que tienen voz, pisto y poder se organizan y disponen de todos los medios a su alcance. Vivir con los pobres le llevó a comprender esa realidad de dolor. No elogió ni sublimó esa miseria indigna de todo ser humano. Luchó por cambiarla animando a sus ovejas a tomar las riendas de su vida porque esa pobreza no es querida por Dios. La pobreza en esos términos roba la dignidad de los hijos e hijas de Dios.

Vivamos juntos la Fe   –   Reflexión y Liberación

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