|Jueves, Julio 2, 2020
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Lo mejor y lo peor de los seres humanos 

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A lo largo de toda la historia, en los tiempos y situaciones de crisis se manifiesta lo mejor y lo peor de los seres humanos. En la crispación propia de las situaciones desesperadas, como pueden ser las guerras, los desastres naturales, las epidemias, etc., sale a luz lo mejor y lo peor que ya está dentro de nosotros, en ese tejido de virtudes y pequeñeces que es nuestro propio espíritu, y de lo cual no siempre somos conscientes.

Tal como lo señala el Señor Jesús, es “de dentro, del corazón del ser humano, de donde salen los malos pensamientos, robos, asesinatos, adulterios, codicia, malicia, fraude, desenfreno, envidia, blasfemia, arrogancia, desatino. Todas esas maldades salen de dentro y contaminan al ser humano” (Mc 7, 21 – 23).

La crisis viral que estamos viviendo es una muestra de ello, y -por eso- para renacer ante el coronavirus hay que aprovechar la ocasión propicia de esta crisis para hacer una seria introspección personal que nos permita conocernos mejor, reconocer lo que somos y cómo somos, percibir lo que se va manifestando en cada uno -lo mejor y lo peor-, reconocer lo que hay que cada uno tiene que cambiar y lo que cada uno tiene que hacer crecer.

Así, en estos dos últimos meses, desde que la crisis viral comenzó a instalarse en nuestras vidas, todos hemos podido ser testigos de personas que hacen gala de su egoísmo actuando irresponsablemente y extendiendo el contagio, mientras otros se cuidan para cuidar a los demás; personas que se preocupan de acaparar productos pretendiendo asegurar su vida a través de las cosas, mientras otros crecen en el compartir solidariamente con otras personas y preocupándose de los que tienen menos; hemos visto como unos se enfrascan en discusiones políticas inútiles y destructivas, mientras otros buscan sumar esfuerzos para trabajar juntos ante el enemigo común que amenaza la vida de todos; hemos podido ser testigos de actos de discriminación inconcebibles contra personas contagiadas con el virus -aún contra personal de la salud que se ha contagiado al trabajar por el bien de todos-, mientras otros generosa y creativamente apoyan a los enfermos. La lista es larga y cada uno podría agregar otros ejemplos de lo que ha podido ver -de lo mejor y de lo peor- en los seres humanos en este tiempo de crisis.

Al ver el espectáculo que ofrecemos de nosotros mismos en esta crisis, viene a mi memoria como en medio del horror del exterminio nazi a los judíos se manifiesta -por ejemplo- la grandeza de Ana Frank; o como en medio de la vergonzosa segregación racial surgen personas de la talla de Martin Luther King o Nelson Mandela; también he recordado como en tiempos no muy lejanos en nuestro país, cuando muchos chilenos eran perseguidos, torturados y desaparecidos por su posición política, otros no dudaban en arriesgarlo todo por defender y proteger a los perseguidos. Incluso he recordado la película “Titanic”, que en medio de la desesperación del hundimiento del barco muestra el egoísmo sin límites del novio de Rose, mientras que Jack y Rose nos hacen presente que siempre hay lugar para el amor.

Por eso, este tiempo de cuarentena, un tiempo en que deseamos recuperar lo que es más corriente y cotidiano en nuestras vidas, es un tiempo propicio para un buen ejercicio de introspección y revisión personal acerca de qué es lo que ha surgido en ti durante este tiempo, qué actitudes han brotado en ti -casi naturalmente- ante la crisis, qué cosas tienes que cambiar, qué es lo que tienes que hacer creer, porque como dice el Señor Jesús “el hombre bueno saca cosas buenas del tesoro bueno del corazón; el malo saca lo malo de la maldad. Porque de lo que abunda en el corazón habla la boca” (Lc 6, 45).

P. Marcos Buvinic

La Prensa Austral   –   Reflexión y Liberación

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