|Jueves, Julio 2, 2020
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Jesús y el Coronavirus 

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Los mitos hacen comprensible los hechos que las ciencias no lo pueden dar.

La historia humana se sustancia de hechos y mitos. Los comportamientos humanos se han plasmado de acontecimientos, de construcciones y, todos ellos, imbuidos por sus creaciones mentales… Los liderazgos conducen los pueblos desde aquellos ideales. Los fenómenos de la naturaleza también han y tienen un influjo no menos determinante en los aconteceres humanos.

Hacia el año 2000 de nuestra era la existencia de Jesús disrrumpió la historia, antes y después de Cristo. Su ser, su decir, lo hacía con una autoridad única: “habéis oído ojo por ojo, diente por diente, pero yo os digo…”; toda la ley se centra desde el corazón del amor, “ama a Dios y a tu prójimo como a ti mismo”, “no he venido a ser servido sino a servir”, “los últimos serán los primeros”… Resultó insoportable a los cánones religiosos y políticos. Asumió las consecuencias, fue juzgado y condenado a ser crucificado, mofado con una “corona” de espinas, “El Hombre” que pasó haciendo el bien. Jesús vino a reeditar una nueva creación de fraternidad testimoniado por Él mismo, una humanidad consonante con la naturaleza “si el grano de trigo no muere… dirigido al egoísmo”. “Vio Dios que todo lo que había creado era bueno” desde su suprema libertad de amar que a su vez la hace partícipe a la humanidad, no hizo de los humanos sus títeres.

Hoy estamos frente a lo “más misterioso e inimaginable” para esta sociedad todopoderosa ávida de crecimiento sin límites. El superhombre de Federico Nietzsche proclamaba “Dios ha muerto”. Sin embargo ¿alguna duda que hemos pasado a ser títeres de ideologías, de los poderes económicos, de los ordenadores, de las sobre exigencias productivas?, ¿de sistemas deshumanizantes, a vivir en presión constante, de múltiples drogas “liberadoras de las asfixias competitivas”, de las acumulaciones devorantes dejando mares de pobrezas e impotencias…?

Esta sociedad en el frenesí de sus triunfos, en sus fascinantes burbujas “de desarrollo” se ve amilanada, indefensa frente al COV-19. Sus flotas navales acorazadas son, ante el virus, botes de papel si su tripulación fuese infectada. El sistema financiero en tsunami.

Este virus ha confinado a su casa a esta glamurosa sociedad: a repensar la vida y por meses, a recrear una ciencia que realmente integre a los seres humanos y no reducirlos a la marginidad, que nuestra economía sea redistributiva para la dignidad humana, que gozar no es lo mismo que consumir. Este retiro nos haga regresar con abrazos de sabernos que todos nos dependemos de todos, que hemos escuchado las voces soterradas de la conciencia y de la tierra, de la vida misma.

Jesús se encarnó con palabras de amor y de vida, el coronavirus con la muerte. ¿Qué más convence: el amor o el miedo a la muerte, a la muerte misma, no sólo de la tuya sino la de tus seres queridos, de tus abuelos?

Pedro Aranda Astudillo – Profesor

Antofagasta

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